lunes, 28 de marzo de 2011

. Upside down .

Después de una gran odisea, mañana empiezo la facultad, a los veintidós años en lugar de a los dieciocho, como casi la gran parte de la población. Empiezo con un entusiasmo en particular porque estuve muy al borde de no hacer la carrera para la que siempre supe que estaba predestinada. Un entusiasmo particular que viene del hecho de no haber elegido un camino guiado por lo que pueda llegar a remunerarme el título en el futuro (que era hacia el que me empujaba mi viejo, por lo que entiendo que él no esté tan entusiasmado), si no por las ganas y la pasión con la que pretendo desarrollar la actividad que quise toda mi vida.
Y ese entusiasmo se ve mermado por mi vieja que, aparentemente, obra del modo opuesto que el resto de las madres del planeta: hay mujeres que les insisten a sus hijos para que estudien, para que tengan un título, para que no abandonen, para que no se conformen con trabajos mediocres. Mi mamá, en cambio, tiene la excelente idea de repetirme en la mismísima noche previa a mi comienzo universitario que lo que en realidad tengo que hacer es ponerme a trabajar.
Parece creer, además, que sólo porque le dije que mi prioridad era estudiar, ni siquiera me estoy gastando en buscar un trabajo, cosa que no es cierta, porque no paro de hacerlo desde enero. No es mi culpa que no surja nada. Lo único que puedo hacer es intentarlo y seguir buscando. Al fin y al cabo no depende sólo de mí. Sin embargo, para ella no es suficiente. Se la pasa diciéndome que “seguro si conseguís un trabajo que sea en el horario de la facultad, vas a desperdiciar la oportunidad”. ¿Cuál oportunidad? ¿La de atender un teléfono en un call center por un sueldo miserable y en unas condiciones insoportables? ¿Esa es la gran oportunidad que voy a perder por cursar tres materias de mierda?
Me indigna, me irrita y me frustra que me hable de esa manera. Se piensa que puedo esperar. Que puedo estudiar en cualquier otro momento y arrancar con un nuevo laburo, sin lugar a dudas tan patético como todos los otros que tuve hasta el momento. No entiende que necesito poner por delante el estudio. Que estoy cansada de ser la estúpida a la que llaman para venderle Internet a gallegos duros de entendimiento. Quiero prepararme para ser lo que sé que soy en el fondo. No quiero pensar solamente en lo que me hace falta ahora: quiero pensar en hacer algo en mi beneficio presente y futuro. Quiero hacer algo que tengo la chance de hacer ahora mismo. No sé qué me va a deparar el tiempo. No puedo esperar a los treinta años para arrancar una carrera de cinco/seis.
Tengo deudas y tengo problemas, ¿no los tiene todo el mundo? ¿Es tan terrible querer estudiar después de haberlo aplazado tanto tiempo, de haber sufrido y dudado tanto? Estoy logrando hacer algo que ya casi había dado por perdido y lo único que consigo de mi propia madre es exactamente lo que creí que nunca le iba a escuchar decir: que no le importancia a los estudios.
¿Estamos todos locos?

En fin. Sólo tenía que desahogar un poquito, porque todavía me lleno de incredulidad cada vez que tenemos esta misma charla, y especialmente no puedo creer que me lo haya vuelto a decir hoy. ¿Se piensa que no tengo suficientes frustraciones como para cargar encima con eso?

¿Wish me luck?

L.-

martes, 22 de marzo de 2011

. when cruelty is on the way .

Como primer punto, me gustaría aclarar que aunque este blog sufre largos períodos de abandono, siempre tengo la intención de retomarlo y de usarlo con regularidad para expresar un montón de cosas que, creo yo, distan mucho de lo que son las entradas de los primeros tiempos. En mi vida ya no se trata de estar enamorada de un imposible, de ir y venir con un novio que simplemente era obvio que no era para mí y que, bingo, resultó ser un completo idiota; no se trata de lloriquear porque no puedo comprarme un disco de Keane importado o contar cómo va mi proyecto de GreenStories, para lo que tengo otro espacio. Creo que ahora se trata llanamente de las cosas concretas e importantes en mi vida. Las cosas en las que quiero basar esa vida, las que quiero conseguir, las que quiero aprender, las que quiero enseñar. Y les aseguro que ni una de esas cosas son materiales. Se acabó el materialismo en mi existencia, porque me parece que al fin alcancé un punto que está más allá.
Dicho esto, aunque nadie lee mi blog y lo sé, y no los culpo, sé que ahora aún menos se van a interesar, y está bien. Después de todo, esto lo escribo para mí misma. Mis recuerdos, los que quizás pierda cuando mi memoria falle más de lo que ya falla, es lo único que quiero preservar.

El verdadero punto de esta entrada es una especie de análisis nacido a partir de un “debate” que hice mediante twitter con una amiga y que surgió cuando dije que me parecía que las personas que lastiman o matan a un animal, deberían ser tratados del mismo modo en que ellos trataron a sus víctimas. Lo que mi amiga Ale denominó, con razón, “ojo por ojo”.
Nunca estuve realmente a favor de la pena de muerte, pero me gustaría que todo el mundo parara un segundo y pensara en algo. Imagínense que asesinan a su padre por robarle el auto; que violan a su hermana cuando va a tomar el colectivo para ir al colegio; que abusan de tu hija de cinco años en el jardín de infantes. Imagínense la impotencia, el dolor, la desesperación que conllevaría enterarse de un hecho como ese. Piensen realmente lo que deben sentir las personas que de verdad pasan por estas experiencias, cambien de piel, pónganse en sus lugares. Y díganme que no pensaron, ni por un segundo, que los responsables de lo que le pasó a su padre, su hermana, su hija, su prima, su vecina, lo que sea, no merece sufrir tanto como la persona a la que hicieron víctima.
Ale me decía que yo, al querer matar, torturar, lastimar al responsable de algo semejante, me estoy convirtiendo en eso que quiero repudiar. Quizás sea así. Quizás en un momento de profundo dolor y desconcierto, en lugar de abrazar esa parte nuestra que es racional y justa, simplemente nos aboquemos a querer destruir, a querer devolver el golpe. Le dije que, por ejemplo, los pedófilos no merecen mi compasión. Que bajo ninguna circunstancia los defendería, nunca diría que sus vidas valen algo como para no castigarlos. Probablemente soy una persona horrible y todos me juzguen por lo que estoy diciendo. ¿Pero cómo se perdona una atrocidad semejante? ¿Pones a una persona detrás de las rejas y, con el sistema penitenciario de nuestro país, esperás a que en unos años, por buena conducta, lo dejen libre? Alguien que hace algo tan terrible como matar, violar, herir de esa forma, no se reforma. No se rehabilita. No cambia. Va a salir y va a volver a hacer lo mismo.
Sé que la pena de muerte tampoco sería la solución, que con cómo se maneja la justicia argentina, con mucha seguridad podrían condenar a alguien inocente, que todo se volvería un caos… pero lo que tenemos ahora tampoco es justo, así que yo me pregunto cuál es la verdadera salida.

Después de esto le dije a mi amiga que en realidad lo que a mí me importa en este momento no son las personas, si no los animales. El maltrato animal es un delito que debería ser penado por la ley, pero hagan la prueba de ir a la comisaría y denunciar a un cartonero por el estado en que está el caballo que tira de su carro repleto. Hagan la prueba de denunciar a ese vecino al que se le mueren todos los perros que tiene porque los mata de hambre. Se van a reír de ustedes, porque un animal en esta sociedad no vale nada.
Sostengo que nuestra especie es lo peor que pudo haberse creado. Somos los únicos animales que desatan conflictos bélicos; que matan por codicia, por celos, hasta por diversión; que destruyen a conciencia el lugar en que vivimos; somos los únicos animales con la inteligencia suficiente para razonar, ser lógicos, tomar decisiones, poner opciones sobre la mesa… y somos los únicos que hacemos todo mal.
Hace un tiempo me enteré de un caso que se dio en la zona del hipódromo. Un hombre, aparentemente borracho, VIOLÓ a una perrita, la lastimó, la desgarró y la dejó en un estado tan deplorable que estuvo al borde de la muerte durante unos cuantos días, pero que gracias a la ayuda de una rescatista de un refugio, logró sobrevivir. ¿Qué se hace con ese tipo? Les digo lo que se hizo: nada. No se hizo nada. Porque él es un hombre, y la perrita no sirve, no importa, no existe. Estos grados de perversión se extienden porque nosotros permitimos que se extiendan, porque nadie hace nada por evitarlo.
Tengo seis mascotas en mi casa en este momento, tres de las cuales si no estuvieran acá ahora, habrían muerto hace muchísimo tiempo. Dos perras y una gata que sufrieron abandono, una de las cuales llegó a mí con desnutrición, infección en la piel y casi un principio de hipotermia. Otra a la que mi mamá salvó de debajo de las ruedas de una camioneta. Y otra a la que dejaron en mi jardín hace catorce años simplemente porque no les interesaba tenerla.
Y también pasaron por acá muchos otros casos que demuestran que los humanos somos unos egoístas y nos creemos superiores cuando en realidad somos lo más bajo de la pirámide: cachorros de quince días abandonados en una caja a los que tuvimos que criar a mamadera; una gatita a la que habían, lisa y llanamente, cagado a palos hasta quebrarle la cola, que nunca pudo caminar del todo bien y que tiene, todavía hoy, algunas secuelas psicológicas. Perros a los que sus dueños dejaron porque se mudaban y no tenían espacio para ellos, perros a los que les cerraron la puerta de su casa para dejarlos en la calle, animales de todo tamaño, raza y color abandonados al costado de la ruta, muertos en la mayoría de los casos. Caballos al borde de sus fuerzas. Eso es lo que yo veo todos los días. Y me preguntan por qué no me gusta la gente…
Como para completar, los casos que están dándose en la provincia de Chubut, donde todas las noches salen a matar a los perros a palazos, con la excusa de la superpoblación y con ordenanza municipal en mano, en lugar de castrarlos y promover la adopción que es lo que en realidad se tiene que hacer. Las cazas de ballenas y de focas en otras partes del mundo, por no mencionar las cazas terrestres de zorros, ciervos y cualquier animal que se le ponga enfrente a un tipo con más balas en el rifle que cerebro en la cabeza.
Todos los días me levanto con una realidad que sigue empeorando y eso me llena de indignación. En muchos casos no hay mucho que pueda hacer, excepto mostrar mi desacuerdo y difundir la información que me llega. En muchos casos la impotencia es insoportable, y lloro de amargura y me pregunto por qué las cosas son así, a pesar de saber que son así porque nosotros así lo queremos.
Por eso el destino de la humanidad, pena de muerte o no, me tiene sin cuidado. Mi preocupación no está con los de mi misma especie. Ya somos lo suficientemente egocéntricos para encontrar la manera de salir airosos de la mayoría de las situaciones. Mi preocupación está con aquellos a los que nadie mira y a los que todos abandonan. Los que dependen de nosotros y no tienen voces con las cuales pedir ayuda o quejarse por lo que les toca vivir.
Yo estoy con los que no lastiman a nadie.

L.-

jueves, 13 de enero de 2011

. Empezando con retraso .

Quizás fue por vagancia, quizás fue un arranque de no querer ser convencional, pero no terminé de decidir mis propósitos de año nuevo hasta esta mañana. Como todos los años, los puse por escrito y me pareció una buena idea ponerlas en un blog donde podría verla todo el mundo (o las dos o tres personas que leen esto, en realidad), lo cual ejercería cierta presión y tal vez ayude a que cumpla varias.
Por eso, acá están. Veremos en diciembre qué tal me fue.

  1. Bajar de peso (unos 10 kilos estaría bien) y tratar de mantenerme.
  2. Participar del NaNoWriMo de este año (aunque sea con una historia para GS).
  3. Hacer todo el CBC.
  4. Tratar de ayudar a tantos perros/gatos abandonados como sea posible.
  5. Ir incorporando más comida vegana y descartando los derivados de animales.
  6. Unirme a alguna organización de defensa de los derechos de los animales y participar activamente; o al menos comprometerme con todas las causas que pueda, asistir a las marchas, firmar peticiones, difundir información, etc.
  7. Tener algo de plata ahorrada a fin de año.
  8. Ver Star Wars.
  9. Ampliar mi biblioteca todo lo que se pueda, con al menos un libro al mes.
  10. Escribir no menos de cinco historias.
  11. Ir de viaje, al menos un fin de semana.
  12. Sacar otro libro de GS.
Esperemos terminar mejor que el año pasado. Aunque definitivamente, las metas de este año son un poco mejor que las del que pasó.

L.-

martes, 11 de enero de 2011

. Otro tipo de historias verdes .

Tenía la idea de postear esto en facebook a modo de nota, pero cuando a mi computadora se le da por tener un berrincehe, hay páginas, aplicaciones y demás que no me deja usar. Así que copio y pego y espero que a alguien le interese leerlo:

Éstos son algunos tips que pueden ayudar a mejorar el estado del medio ambiente. Es muy importante que todos nos comprometamos con ésta causa. Si nosotros no cuidamos el lugar donde vivimos, nadie lo va a hacer.
Muchos son increíblemente fáciles de implementar y, además, van a hacer que se ahorren algo de dinero al año. Eso nunca está de más, ¿no?
Con que uno de nosotros se comprometa con al menos UNA de las cosas que figuran en ésta lista, va a estar haciendo un cambio ENORME para el planeta.
¡A ver con cual se pueden prender ustedes!

1) No utilizar bolsas de plástico, o al menos reducir el consumo: Las bolsas que nos dan en el supermercado tardan miles de años en desintegrarse y en el proceso producen muchísima contaminación. Se han desarrollado algunos plásticos degradables, pero ninguno ha demostrado ser válido para las condiciones requeridas en la mayoría de los vertederos de basuras. Por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es, o bien reutilizar las que tenemos en casa, o reemplazarlas por bolsas de papel o de tela. Hay bolsas de tela ecológicas que no sólo son súper resistentes y útiles… ¡también son mucho más lindas que las de plástico!

2) El agua es un recurso no renovable. Según estudios recientes, sólo un uno por ciento de la superficie acuática de nuestro país es apta para el consumo. En un futuro tristemente cercano, ya no quedará agua potable para beber, bañarnos o cocinar. La mejor solución es ahorrar tanta agua como sea posible: acortá el tiempo de las duchas, no dejes canillas abiertas o goteando, ni la dejes corriendo mientras te lavas los dientes o lavas los platos. ¡Éste es un cambio muy posible! ¿Querés un ejemplo? A mí me gustaba disfrutar de duchas largas, de más de veinte minutos, pero ahora logré bajarlas a unos seis o siete minutos de duración. ¡Hacé la prueba!

3) El consumo de electricidad deja como consecuencia una importante producción de dióxido de carbono que afecta a la capa de ozono. Por esta razón es necesario apagar todas las luces que no se utilicen; no dejar enchufados cargadores de celulares o laptops aún cuando no se estén utilizando; no dejar encendidas la televisión, la radio o la computadora durante todo el día; reemplazar las bombitas de luz comunes por las de bajo consumo, que tienen una duración muchísimo mayor.

4) Reducir la utilización de papel ayuda a prevenir la deforestación. No te olvides que el papel en que escribís todos los días provino de un árbol. Los árboles son nuestra fuente de oxígeno y tenemos que cuidarlos. Reutilizá el papel, aprovechá todos los espacios imprimiendo de ambos lados, reciclalo siempre que te sea posible, reemplazá las servilletas de papel por las de tela. Plantar un árbol cada tanto también es una buena manera de contrarrestar el efecto, y además le ponés un poco de verde y belleza a tu casa, a la plaza del barrio o al lugar donde elijas ponerlo.

5) El tránsito es una de las principales fuentes de contaminación. Si tenés auto, disminuí las veces en que lo usas. Andá a trabajar los días de semana en tren, colectivo o subte, o compartí el auto con uno o más amigos que también cuenten con vehículo propio. Los contaminantes más usuales que emite el tráfico son el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, los compuestos orgánicos volátiles y las macropartículas. Por lo que se refiere a estas emisiones, los transportes en los países desarrollados representan entre el 30 y el 90% del total. La mejor manera de evitar todo esto es andando en bicicleta. Es el medio de transporte más ecológico y, a la vez, vas a estar haciendo ejercicio físico, que nunca viene mal.

6) El reciclaje es uno de los mejores medios para prevenir la contaminación. Tal como el papel (ítem número 4), hay muchos otros elementos que pueden ser reciclados. Por ejemplo, es mejor comprar bebidas en botellas de plástico retornable o de vidrio, que comprar las que son desechables. Muchas empresas productoras de pilas están haciéndose cargo hoy en día de reciclar las que ya fueron consumidas: no las tires, devolvelas. Si el lugar donde vivís cuenta con un sistema de reciclaje apropiado, separá tus residuos según la clasificación de cada uno (normalmente son papel, vidrio y envases/plásticos). Si tu ciudad no cuenta con ello, proponelo o guiá mediante el ejemplo.

7) Para aquellos que estén de acuerdo con ese tipo de vida, el vegetarianismo/veganismo es una excelente manera de cuidar el medio ambiente. La producción masiva de carne lleva a la consumición de abundantes recursos naturales y contribuye a la contaminación debido a los constantes transportes de ganado; y los artículos de cuero, como los zapatos y las carteras, o los abrigos de pieles contienen muchos químicos que evitan la descomposición del cuerpo del animal y que producen efectos dañinos en la salud y la capa de ozono. Para muchos, la utilización de animales como comida, abrigo o demás, es una práctica cruel e inútil. A su vez, vas a estar consumiendo productos orgánicos y naturales que te van a hacer sentir mejor que nunca.

8) Secá tu ropa en una soga al sol, en vez de la secadora. Si se seca la ropa al aire libre la mitad del año, se reduce en 320 kilos la emisión de dióxido de carbono al año. También podés reducir otros 540 kilos anuales si evitas comprar productos envasados, disminuyendo tu basura personal a sólo un 10%.

Ésta es sólo una lista básica. Me pareció bueno incluir un poquito de todo, en lo posible con alguna breve explicación de por qué los distintos puntos ayudarían a preservar un poquitito más el medio ambiente. ¡Espero que muchos de ustedes lo pongan en práctica! Con un granito de arena cada uno podemos llegar muy lejos.

L.-

lunes, 10 de enero de 2011

. De Año Nuevo y calorías .

Todos los años los empiezo con una lista de resoluciones. Una de las fijas es volver a mi peso ideal, lo que significa que tengo la ardua y aburridísima tarea de ponerme a dieta por delante.
Cuando me hice vegetariana hace ya casi ocho meses pensé que también iba a bajar automáticamente de peso. Por alguna razón tendemos a relacionar dejar de comer determinados alimentos con adelgazar, pero eso no es cierto. Dejar de comer animales muertos no es sinónimo de dejar de comer cosas que engordan. Y eso se los puedo jurar.
Así que hace un par de semanas encontré en Internet una dieta vegetariana de Cormillot (el tipo me cae hiper mal, pero tiene algunas dietas copadas y no tan difíciles de hacer) y decidí dejar pasar las fiestas y después empezarla. Porque seamos sinceros, ¿quién empieza una dieta justo antes de Navidad y Año Nuevo?
Y acá me lanzo a mi meta que se repite cada doce meses, y sólo pocas veces logré alcanzar (y por un tiempo absurdamente limitado). Aunque la verdad es que no me interesa demasiado lo estético, lo confieso. Me basta con sentirme cómoda conmigo misma, no necesito entrar en un mini-short de 47st.

Normalmente empiezo el año ya con una lista de cosas en mente para cumplir, pero en esta oportunidad se ve que estoy más vaga de lo habitual, porque tengo dos o tres dando vuelta en la cabeza, pero ni me molesté en analizarlas demasiado. Quizás ya las tengo asumidas. Por ejemplo, una de ellas es rescatar un gatito/perrito de la calle, que viniendo al caso, ya lo hice, pero que no voy a dar por concluida, porque es algo que puedo hacer a lo largo de todo el año repetidamente. Otro es más bien un deseo de que me vaya bien en la facultad.
Creo que de verdad tendría que sentarme y pensarlo. Está bueno tener propósitos claros, alguna especie de camino delineado. Uno de ellos podría ser definitivamente actualizar este blog más seguido porque está prácticamente muerto. Pero no tiene mucho sentido porque en realidad a nadie le importa.

Así y todo es una buena señal estar ahí de empezar una dieta. Ya no me tomo esas cosas muy en serio, lo que probablemente signifique que haya algún fin de semana en que me interne en Starbucks y me zampe tres lattes de vainilla con carrot cake, pero que voy a bajar algunos kilos, los voy a bajar.

L.-

miércoles, 8 de diciembre de 2010

. De desempleos (no tan indeseados) y bebés .

La vida se desliza en la monotonía habitual de no tener trabajo, pero ésta vez en lugar de enojarme, fastidiarme, ponerme de mal humor y buscar trabajo compulsivamente online… lo estoy disfrutando tanto que no sé si quiero que se termine.
La cosa es así: en los últimos meses, o más bien en el último año, empecé a tomarme más en serio las cosas que de verdad me importan/ me gustan/ me hacen bien. Y una de ellas es, sorpresa sorpresa, escribir. Empecé a ser consciente de que los trabajos que voy teniendo no me importan tanto, porque no son lo que quiero hacer, así sea un buen puesto, donde me paguen bien o que medianamente me guste. Trabajar en el aeropuerto me gustaba. Pero me amargó un ratito nada más el no trabajar más ahí, supongo que porque fue inesperado. Después de eso, me di cuenta que ni siquiera me afectó. Me dio lo mismo.
No es que sea una vaga que se quiere quedar tirada en la cama todo el día, porque tampoco es así. Pero quiero dejar de hacerme problema por cosas que, al fin y al c
abo, realmente espero que sean pasajeras. Porque yo no quiero pagarle la devolución de impuestos a los extranjeros toda mi vida, o atender un teléfono en la recepción de una empresa o, peor, en un call center. No quiero trabajar en un negocio de ropa, ni hacer los receptivos de los cruceros, ni nada de eso. Quiero sentarme en frente de mi computadora y ser lo que sé que soy bien en el fondo de mi alma: una escritora. Hoy será Green Stories o Keane Fics, mañana será un libro de verdad, pero es esto. Esto y nada más.
Sé que es difícil y sé que muchos escritores se mueren de hambre toda su vida o terminan trabajando de otra cosa, por falta de suerte, por falta de talento, por falta de algo. Pero… siento que no me importa. Está bien, ahora no tengo problemas para mantenerme, no tengo a nadie a mi cargo, no tengo verdaderas responsabilidades y quizás por eso no me interesa. Pero no logro sentirme tampoco guiada por la idea de que la plata es la razón para hacer algo. No lo veo así. Hace ya bastante que me di cuenta que la plata no hace la felicidad. Puedo tener los bolsillos llenos laburando en cualquier parte, ¿pero en qué me va a hacer bien eso? ¿Comprarme cosas? ¿De verdad voy a basar mi existencia en una razón meramente material? Sí, me encantaría tener una laptop, pero si tengo que seguir con mi computadora de quince años tampoco me voy a morir. Sí, me encantaría ir a Inglaterra, pero en cuanto a magnitudes de sueños y deseos, ser yo misma, ser feliz y no tomar decisiones sólo basándome en cuánto voy a ganar o cuánto voy a tener le kickea el ass por mucho.

Así que acá estoy, feliz a pesar del desempleo; tranquila a pesar de que sé que en un tiempo las deudas me van a tapar la cabeza si no hago algo. Hoy tuve una entrevista para un puesto que en otro momento me hubiese vuelto loca por tener, pero salí de ahí pensando que más adelante los horarios de ese trabajo se superpondrían con los de la facultad y no podría hacer las dos cosas. Y me di cuenta que no me muero si no me llaman. Al contrario, sinceramente no me va ni me viene.
Si mi viejo leyera esto, me miraría horrorizado.

En cuanto a otras noticias, acá les presento a mi hermoso sobrino, un varoncito que estará naciendo aparentemente los primeros días de mayo, que se chupa el dedo en las ecografías y que está cada día más grande:

Me voy a pasar el resto de ésta noche demasiado calurosa escribiendo. Obviamente. Green Stories estrena en nada y no puedo parar un segundo.

L.-

miércoles, 1 de diciembre de 2010

. Departure .

Probablemente lo que voy a escribir debería llamarse resumen, pero me parece un título poco atractivo. Vayamos con el del tema de Mt. Desolation entonces.

La última vez que posteé algo acá era porque necesitaba compartir la alegría de saber que voy a tener un primero sobrino o sobrina. A pesar de algunas complicaciones al principio del embarazo, mi cuñada está ahora en un perfecto estado de salud, la pancita cada día más grande, y si todo sale bien en la ecografía que va a hacerse mañana ya sabremos el sexo. Estoy ansiosa por saber si tengo que correr a comprar un pantaloncito azul o un vestidito rosa.


En el pasado mes de octubre, como le he mencionado varias veces en éste mismo blog, estaba el tan esperado recital de Green Day, que terminó siendo esa ráfaga de aire fresco que a veces tanta falta me hace. Me hacía muchísima falta y tuve lo que esperaba y muchísimo más.
Al principio me preocupé varias semanas porque parecía que en el trabajo todo se me iba a ir al demonio por tomarme el día para ir al recital, pero al final quedaron en que me lo descontaban y nada más. Así que cuando salí de trabajar el jueves veintiuno de o
ctubre, cumpleaños de Camila, me fui directo a Caballito, a esperar que pasara el tiempo.
El viernes a las seis de la mañana estábamos arriba, entre preparativos y tráfico, llegamos al estadio poco antes de las nueve. Teníamos bastante cola adelante, pero nos sentíamos optimistas. Había sol, no hacía frío, no pintaba que fuera a llover.
¿Qué más podíamos pedir?
Había pasado el mediodía y parte del inicio de la tarde cuando s
e descontroló todo. De repente la fila delante de nosotras desapareció, se armó un nudo gigante de gente, perdimos los lugares, nos apretujamos, corrimos, nos cagamos de calor… y todo se fue a la mierda. Con una de las frustraciones más grandes que sentí en mi vida, salimos del enjambre y nos pusimos a pensar qué mierda íbamos a hacer.
Después de pensarlo un rato, decidimos ir al hotel. Dos de nuestras amigas estaban ahí, Tré había salido la noche anterior y la esperanza de ver a alguno siempre estaba. En un viaje en taxi que resultó interminable, fuimos al Four Seasons.
Ahí todo se puso un poco mejor. Descansamos, tomamos un café del Havanna de enfrente y logramos distendernos de las chicas. Vimos a Jason White dos vece
s (convencida de que lo estaban usando de carnada para que los otros pudieran salir más de incógnito no me quise mover, pero fue un poco en vano), Tré se asomó por la ventana con una Quilmes y Billie Joe saludó desde detrás del vidrio mientras hablaba por teléfono. También pudimos verlos cuando salieron del hotel y se subieron a la camioneta para ir al estadio (aunque yo sólo logré ver a Mike) y nos dimos cuenta que era hora de hacer lo mismo.
Nuestro objetivo era estar en la valla, pero a esa hora (como las ocho de la noche, más o menos) nos parecía imposible. Terminamos en el medio del VIP, que por suerte era un sect
or muy chiquito, pero veíamos bastante bien. y, de todos modos, cuando empezó el recital, nos dejó de importar todo. Camila y Carla se habían quedado perdidas al separarnos para ir al baño, así que pasé todo el show sólo con Paula, agarradas para que no nos apartaran, ni nos pegaran.
Todavía, a poco más de un mes, no tengo forma alguna de describirlo. Fue el
mejor recital al que fui en mi vida, la emoción fue gigantesca porque fueron muchísimos años ansiando que se acordaran de venir. Saltamos, cantamos, gritamos, nos abrazamos y hasta nos miramos con intención de meternos en el pogo. Simplemente increíble. Simplemente un sueño.


Tanto fue así que, dos días más tarde, Paula creaba en facebook un grupo llamado Yo También Quiero que Vuelva Green Stories. Una semana después, había cien personas unidas. ¿Tenía opción? Terminé de escribir “Love is the End” para Keane Fics y me metí de lleno en “Homecoming” una historia de Billie Joe que empezaremos a postear en enero, cuando tengamos la página nueva de Green Stories al fin creada del todo. Hoy, la última vez que chequeé el grupo, había ciento ochenta y un personas. Creo que ni siquiera en las buenas viejas épocas de GS logramos algo así.
El Staff, como nos gusta llamarnos, se puso a trabajar con todo y tenemos tantos planes que no puedo evitar sentirme entusiasmadísima con esto, hacer que de pronto mi vida entera gire en torno a esto.

Lo que me recuerda… también en octubre, antes del recital, me inscribí a la facultad. Durante meses estuve dando vueltas la idea de anotarme en Turismo, por la salida laboral… pero no. Decidí que lo mejor que puedo hacer es probar suerte en lo que me gusta. Si no lo intento, nunca me lo voy a perdonar. No voy a saber qué hubiese pasado. Y así, fui con Emanuel hasta la sede de Puán de la UBA y me anoté en Letras, prometiéndome a mí misma que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ser lo que quiero ser: escritora. Y si no lo logro, al menos sé que no fue porque no le puse ganas.

Después de todos éstos acontecimientos no pasó nada demasiado emocionante, al menos no algo que no esté relacionado con esos ítems en particular.
Hasta éste domingo que pasó.
Estaba en el trabajo, esperando que me fueran a reemplazar para poder ir al baño y cambiarme: me iba a tomar el 8 hasta Caballito para ir a ver la última película de Harry Potter con las chicas. Veo venir a mi supervisora, guardo mis cosas y espero que entre. Le digo que me voy a cambiar mientras cuenta la caja y ella me dice que tiene que hablar conmigo.
Y en menos de dos segundos me había quedado sin trabajo otra vez.
No termino de entender bien del todo qué fue lo que pasó: si me rescindieron el contrato porque ya pasaron tres meses, o porque me mandé alguna cagada, o por qué otra razón.
Así que me cambié, agarré mis cosas, dije au revoir y me fui a tomar el colectivo. Durante un rato estuve bastante enojada, más que nada supongo que porque fue de golpe, no me dieron explicaciones y yo creía que podía estar tranquila por lo menos hasta enero.
Pero se me pasó. Lo analicé. Lo pensé. Me di cuenta que ni siquiera me molesta. Era sabido de antemano que había un cronómetro en todo esto. Ya lo tenía asimilado. Y no es como si hubiera perdido un contrato con una editorial. Es simplemente otro de los tantos trabajos pasajeros que tuve/tendré hasta poder hacer lo que realmente quiero hacer (y créanme cuando digo que lo voy a hacer).
Así que hoy fue mi primer día de regreso al desempleo. Eso explica por qué volví al blog (sinceramente, entre el trabajo, Green Stories, Keane Fics, la lectura y demás, no tenía tiempo para esto y lo fui dejando de lado). De manera que ahora es posible que vaya contando las peripecias varias de lo que se viene. Aunque advierto que me lo estoy tomando con calma y puede terminar siendo aburrido.

L.-

jueves, 2 de septiembre de 2010

. Surprise! II .

Durante éstos últimos días estuve llevando una vida tranquila y generalmente feliz. El trabajo va muy bien; en los mejores momentos me toca en el stand de Aerolíneas, donde paso las cinco horas casi completamente sola en la desierta Terminal, escuchando Mt. Desolation y Keane en youtube, sumida en una maravillosa soledad, o quizás leyendo un poco el libro de turno (ver libros aquí).
Sin embargo, anoche pasó algo que alteró todo, pero de la mejor manera posible.
Era casi medianoche, yo estaba bastante concentrada en la computadora, haciendo la lectura ocasional de un fic, cuando siento ruidos desde el living. Es bastante normal escuchar ruidos desde esa dirección: mis viejos se acuestan alrededor de las doce, siempre se quedan mirando la televisión y demás. Sin embargo, era el ruido de la puerta. Ruidos de voces.
Mi primer pensamiento fue Ok, cagamos, nos están afanando. Cuando noté que era la voz de mi hermano, me tranquilicé, aunque me pareció raro y volví un segundo a lo que me tenía ocupada para poder terminarlo antes de ir a saludar.
Pero entonces esas voces transmutaron en gritos. Y, más curiosa que alarmada, fui a ver que pasaba.
Se estaban abrazando los cuatro: mis viejos, mi hermano y mi cuñada. Mi mamá subía bastante el tono de voz. Entre los chillidos y el jolgorio, logro distinguir las siguientes palabras: ¡Laura, Romina está embarazada!
Creo que no vale la pena que entre en los detalles de los momentos iniciales de emoción en que todo fue una confusión gigante, mi mamá agarró el teléfono y empezó a llamar a medio mundo (creo que el único que no sabe nada a éstas alturas es Arnaldo, el chico del locutorio de acá a cuatro cuadras), mi papá lloraba, Gonzalo comía Leber Wurst, Romina contaba lo que le dijo el médico y yo me tapaba la boca con la mano en gesto de incredulidad. Fue algo rapidísimo, tan fugaz que cuando me desperté ésta mañana no estaba segura de si lo había soñado o no.
Éste bebé, que va a nacer en algún momento del mes de abril, va a ser mi primer sobrino o mi primera sobrina (Mamá, Romi y yo estamos seguras de que es una nena. Gonzalo y papá dicen que es varón). O sea… es irreal en el sentido de que siempre hubo un momento en que pensé el día que Gonzalo/Fernando tengan hijos… pero nunca pensé el día en que yo sea tía.
Anoche me costó dormir. Me puse a pensar que en unos meses vamos a tener una personita totalmente nueva en nuestras vidas, en nuestra familia. Pienso en lo raro que es no saber quién o cómo va a ser. Nunca tuve una experiencia de verdad con bebés, nunca los vi hablar por primera vez, aprender a caminar, aprendiendo a andar en bicicleta. Conocí personas completas. Nunca las vi en pleno estadio de desarrollo. Es algo que se me antoja rarísimo. Maravilloso.
Todavía estoy un poco incrédula en todo éste asunto. No sé bien cómo describirlo. Es probable que termine éste posteo y me de cuenta que es un desastre. Pero no me importa. Porque estoy emocionada, estoy totalmente perdida en fantasías de cómo va a ser ese bebé, como se va a sentir tenerlo entre nosotros. Y la verdad, no sé si voy a poder aguantar los próximos siete meses.

¿Suena patético que, esta mañana, me haya puesto a pensar en canciones que cantarle para que se vaya a dormir? Encontré que A Heart To Hold You muy suavecita es tan adecuada como una canción de cuna. ¿Es patético que haya pasado gran parte de mi tarde en el trabajo mirando en Mercado Libre cosas que comprarle?
¿Es patético que esté insoportablemente feliz?

L.-

lunes, 23 de agosto de 2010

. De aeropuertos y ladridos .

No hay nada como ir a trabajar y que te reciban un montón de aviones hermosamente alineados, listos para volar. Creo que ésa es una de las cosas que siempre me gustaron de trabajar en el aeropuerto: que sentís que estás en un lugar en el que no hay fronteras. Es como si no estuviera en Argentina. Estoy en la parte del mundo a la que pertenece la persona con la cual voy interactuando a lo largo del día.
Cuando me voy, me pregunto cuándo será mi turno de volver a entrar al
aeropuerto, pero no para trabajar, si no para poder volar yo también.
El sábado llegué cinco minutos antes. No estaba nerviosa. Estaba donde quería estar. Las dos chicas del stand son sumamente agradables y pegamos onda enseguida. El trabajo es bastante simple: se trata de retribuir los impuestos por la compra de productos nacionales a turistas extranjeros. Sólo eso. Requiere muchísima atención para no cometer errores, pero fuera de eso es bastante relajado.
Éstos dos últimos días estuve llegando media hora antes (tengo muy mal cálculo de los horarios de los colectivos) y hoy necesité de toda mi fuerza de voluntad para vestirme y salir camino al aeropuerto. No porque no me guste el laburo, porque hasta ahora tengo que decir que me encanta. Simplemente tengo una gripe demasiado insoportable para poder ser feliz.
Pero fuera de lo mucho que me dolía la garganta y lo frustrante que me resultaba repetirles TODO a los brasileros que exigían que levantara la voz mientras mis ganglios se hinchaban en concordancia, admito que lo disfruto. Me gusta. No hay nada como hablar con alguien de otro país. Abrir un pasaporte, tener un boarding pass en la mano. El tránsito de valijas, la variedad de acentos. La Coca-Cola de diez pesos, los chocolates importados que jamás compré. Gente que recibe amigos. Gente que despide familiares. Aviones que despegan.
Otra cosa que me hace excepcionalmente feliz de éste trabajo es el horario. Tengo tiempo para todo. Ésta mañana, por ejemplo, tuve todo el tiempo del mundo de levantarme, lamentarme por mi gripe, terminar de leer un libro (ver crítica del libro aquí), darme una ducha, terminar de escribir un capítulo para KeaneFics, almorzar con mamá, jugar una partida de solitario, jugar con Alaska, besar a Frodo, cambiarme y salir.
Y ayer domingo, además, tuve tiempo de pasar la mañana en el Refugio San Nicolás, donde hice mi primer día como voluntaria. Tengo que decir que por ser el primer día no hice la gran cosa. Mi gran tarea fue impartir mimos a cuanto perrito se me acercara y dejar que me fueran conociendo. Hay perritos de tres patitas. Hay algunos que están parcialmente ciegos o parcialmente paralíticos. Hay otros que tuvieron accidentes horribles y se recuperaron. Hay algunos que salieron de zoonosis de Lomas de Zamora en un estado deplorable y ahora están terriblemente felices. Y todos, todos ellos buscan un hogar.

Acá hay algunos de los tantos perritos de los cuales ayer me enamoré:

Negrita, una viejita llena de canas súper pancha que le encanta que le rasquen la cabecita.

Rabonita, una saltarina de aquellas. Algunos hijos de puta la tajearon con algo filoso y tiene uno de sus lados lleno de cicatrices.

Trapito, le encanta sentarse a mirar la nada y es HERMOSO.

Trompita tuvo moquillo y quedó con problemas en sus patas, camina bastante chueco, pero es muy alegre, juguetona y cariñosa.

A Manitos no lo pude conocer de cerca, pero es hermoso. Es muy desconfiado de la gente porque tuvo una vida difícil y tiende a morderle las manos a los que considera una amenaza. De ahí el nombre.

El Impecable es un perro precioso, que ahora está súper sano. ¡Tengo que averiguar bien de dónde proviene ese nombre tan particular!

Y ésta es Maite, la gorda hermosa de la que me colgué casi toda la mañana. Es amorosísima y muy mimosa. Amor a primera vista.

Estando ahí en el refugio, uno ve en primer plano la vida difícil de muchísimos animales. Es ahí cuando realmente te golpea el hecho de que hay muchos buenos perros o gatos buscando un hogar donde le puedan dar amor. Por eso es tan importante adoptar mascotas en lugar de comprarlas. Hay muchos esperando una segunda oportunidad, pero no hay gente suficiente con las ganas de otorgarla.

¡Si fuera por mí me los traigo a todos!

L.-

viernes, 20 de agosto de 2010

. Closer Now .

Y sí, un paso un poquito más cerca.
Ésta mañana me levanté antes de las ocho sabiendo que iba a tener un día ajetreado y cansador. Tenía una entrevista pautada a las once de la mañana en Microcentro y otra a las cuatro de la tarde en Congreso. Tengo que admitir que la diferencia de hora entre ambas me preocupaba bastante, porque Capital es muy lindo y hay de todo para hacer… pero sola y sin mucha plata no es tan divertido. Salí de casa con un libro en el bolso, con la intención de liquidar ese tiempo y poder, a su vez, seguir adelante con mi pequeño proyecto.
Estaba bastante malhumorada. Me había levantado definitivamente con el pie izquierdo y, también, el oído izquierdo completamente inutilizable. Por alguna razón, estaba sorda, no escuchaba absolutamente nada. Increíblemente fastidioso. A su vez, mi pelo (que me corté la semana pasada) estaba inmanejable como el que más. Así que no se puede decir que salí precisamente predispuesta a lo que estaba por venir.
Llegué al edificio de Avenida Corrientes poco antes de las once y me senté a esperar en el hall de las oficinas del segundo piso, donde una recepcionista atendía llamadas y timbres sin parar. Creo que si le hubieran regalado un par más de brazos, habría llorado de alivio. Después de un rato, me llamaron a un pequeño box y me senté sintiéndome mucho más tranquila que en todas mis entrevistas previas. Quizás es la fuerza de la costumbre. O la resignación a estas situaciones a las que ya me expuse varias veces, mayormente sin éxito.
El puesto en cuestión era para el aeropuerto, que ya se sabe que es como un lugar soñado para trabajar, a mí criterio. Un horario breve, un sueldo pequeño pero acorde y cinco meses por delante para dejar de estar en casa, aplastándome frente a la televisión viendo Friends.
Fue una entrevista corta, cosa que nunca me pareció un buen augurio. Caminé un par de cuadras por el clima casi primaveral que azotaba Buenos Aires, entrando en algunas librerías, dispuesta a hacer el tiempo que tenía que hacer hasta las cuatro. Y ahí fue donde mis planes cambiaron.
Estaba yo parada frente a una mesa de liquidaciones, sosteniendo una edición preciosa de La Tempestad de William Shakespeare, cuando escucho a Tom gritando las letras iniciales de Everybody’s Changing desde el bolsillo de mi abrigo. Para cuando realmente noté que estaba sonando, era demasiado tarde y se cortó. Así que revisé quién llamaba y no conocí el número. En la pantalla, justo detrás de esa foto tan linda de Tim, Tom y Rich en el festival de Glastonbury, aparece el pequeño simbolito que indica un mensaje de voz. De modo que llamé a mi contestador automático.
Era la chica que acababa de entrevistarme, pidiéndome que la llamara cuanto antes. Pensando que quizás me había olvidado de dejarle algún papel o algún dato, la llamé enseguida. Y entonces es cuando me dice que acababa de contactar a la empresa interesada en la cuestión de contratar a alguien (porque la entrevista me la hicieron en una consultora de recursos humanos) y que éstos querían saber si era posible que fuera en ese mismísimo momento hasta Palermo para otra entrevista.
Tratando de pensar rápido, haciendo cuentas de tiempo y buscando algo con qué tomar nota en las profundidades de mi bolso, le dije que sí. Pedí un papel al chico del mostrador y anoté la dirección de la otra oficina, en cuya dirección me mandé prácticamente corriendo en cuanto corté el teléfono.
Me tomé de nuevo el fiel 59, que siempre me lleva al destino que necesite, y cosa de media hora después entraba a un segundo edificio. La mujer que me entrevistaría en éste caso, rondaba los treinta y tantos, cuarenta, y tenía puesta una remera rosa con una imagen de Cenicienta. Me asombró su forma de evitar los condicionales a la hora de hablar, como por ejemplo: “lo que vas a estar haciendo” en lugar de “lo que estarías haciendo si empezaras a trabajar con nosotros”. Durante un buen rato me empezó a explicar algunos detalles del trabajo y, cuando me trajo algunos uniformes para que fuera viendo los talles, empecé a preguntarme si aquello sería algún tipo de señal.
Al rato llamó por teléfono a la chica de la consultora, que me pidió que volviera a Avenida Corrientes para firmar el contrato.
Todo pasó inusualmente rápido. Poco antes de las dos, estaba de nuevo en el primer edificio, con el bolso lleno de papeles explicativos, folletos, camisas con el logo de la empresa, el libro que jamás me puse a leer y boletos varios de colectivo. Al rato firmé el contrato y salí de nuevo a la vereda bañada en sol, todavía un poco aturdida por lo que había pasado, tan de golpe.
Me subí a la combi para volver a casa (la entrevista de Congreso, después de algunos momentos de meditación, la dejé de lado, porque un trabajo en el aeropuerto es un trabajo en el aeropuerto y dudo mucho que cualquier trabajo de Capital pueda igualarlo) con un dolor de cabeza terrible, famélica por la falta de desayuno y de almuerzo y los pies doloridos por haber corrido por media ciudad de Buenos Aires sobre los tacos, sin parar ni un segundo para sorber descuidadamente un latte. Pero tan satisfecha. Tan aliviada.
Mañana es mi primer día. Entro a las tres de la tarde (una hora más de lo que va a ser habitual, para poder aprender algunos gajes varios del oficio) y salgo a las nueve. Nunca me gustó anticiparme, pero tengo un buen presentimiento con esto.
Otro trabajo que sólo va a durar unos meses.
It’s the pattern of my life, diría Tom. You might stumble and come closer now, le contestaría yo.

¡A cruzar los dedos por el primer día!

L.-

lunes, 9 de agosto de 2010

. Under pressure y otros cuentos .

Hace ya unos días que debería haber escrito éste post, pero desde el jueves que todo viene pasando a una velocidad increíble.
Y hablando del jueves, empecemos por ahí.
Mi último día de estudio antes del examen. Estaba obviamente histérica, esperando con ansias mi última clase particular esa tarde para poder despejarme todas las dudas que quedaban que, lamentablemente, parecían ser demasiadas. Estaba por cambiarme para
salir rumbo a la casa de la profesora cuando el teléfono suena y mi mamá me pasa diciéndome que era precisamente ella. Se le ocurrió elegir el mejor día de todos para decirme que no me podía dar clases porque tenía otro compromiso. Entré en pánico y colapsé de nervios todo al mismo tiempo. Me tomé un café y agarré todos mis apuntes. No dejé de hacer ejercicios hasta las once de la noche, cuando la mano me latía de dolor y cansancio y decidí darme una ducha, despejarme, y dejar todo ahí. Que fuera lo que tenía que ser.
El viernes a la mañana volví a encontrarme en un pasillo lleno de púberes. Volví a sentirme más fuera de lugar de lo que me había sentido en toda mi vida. Estaba nerviosa, sí. pero otra vez la frase retumbando en mis oídos, casi susurrada, como si estuviera al l
ado mío, agarrándome la mano, inclinándose para decírmela: There’s no reason to be so nervous. Sí, Tim. De nuevo Tim. Siempre Tim.
Me senté frente a mi examen con mucha más confianza de la que había creído tener. Eran sólo dos ejercicios y sabía a rajatabla lo que tenía que hacer. Los hice. Prácticamente sin error alguno.
Poco menos de dos horas más tarde, salía del colegio con otro seis, otro aprobado y, ésta vez, con la satisfacción, el alivio, la incredulidad de tener mi título. De ya no ser la tarada de veintiún años que debe materias de la secundaria. Sabiendo que ahora tengo to
das las puertas abiertas y que si estaban cerradas era por mi propia testarudez y mis propios miedos absurdos.
Llegué a casa exhausta a más no poder y me metí adentro de mi pijam
a rosa. El pijama de la victoria.
Descansé sin excepción alguna hasta el sábado por la mañana. A las tres de la tarde se realizaba una nueva marcha por los perros de Neuquén y la verdad es que la vez a
nterior descubrí cuánto me gusta apoyar estas cosas, así que no tenía intención de faltar. Volví a agarrar mi cartel y salí al Obelisco. Llegamos a ser dos mil quinientas personas. Marchamos a la Casa Rosada y de ahí al Congreso. Se hicieron tres actos realmente conmovedores. Fue como estar en el lugar del mundo donde tengo que estar.
Éstas son algunas fotos que saqué de la marcha:

Después de todo esto, me tomé el subte hasta Caballito para pasar el fin de semana en la casa de Camila y Paula. Me dolían las piernas, la espalda y las manos pero no me importaba porque estaba contenta con lo bien que había salido todo.
Tuvimos una noche tranquila de pizza y película. Escuché la canción nueva de Keane de la cual me enamoré desde el primer acorde. Y otro domingo tranquilo de mate y Vlogbrothers.
Hoy me levanté tarde y acompañé a Camila a hacer algunos trámites entre frappés y delineados de un proyecto nuevo (ver proyecto aquí). Volví a casa igual que siempre: en un viaje largo que termina con la triste desilusión de vivir en el lugar donde menos quiero estar. Pero de puertas adentro, y sin ventanas cerca, me siento mucho más en casa.

L.-

martes, 3 de agosto de 2010

. De marchas y balances de ocho columnas .

Éste post va a ser una especie de potpurrí, dado que estos últimos días apenas he tenido tiempo de respirar, mucho menos de escribir en el blog.

Aunque parezca inusual, voy a ir de atrás para adelante.

Ayer fui al colegio. Empezaban las clases y necesitaba a toda costa saber cuándo rendía. Casi tengo un infarto al ver que mi prueba de SAC era hoy y la de Matemática el viernes. De más está decir que colapsé y no paré ni un segundo de hacer asientos, mayorizaciones, balances de ocho columnas, análisis de costos y presupuestos hasta que fueron las doce de la noche y caí rendida contra las almohadas, sabiendo que mis pobres neuronas habían alcanzado ya un límite.
Esta mañana me levanté mitad histérica, mitad bien. Por un lado, consi
dero que ésta es mi última oportunidad para sacarme éste desastre escolar de encima y, por otro, la frase de Tim Rice-Oxley (felizmente recordada por Paula en un mensaje de texto) retumbándome en la cabeza, como un sedante: “There’s no reason to be so nervous”.

Cuando llegué al colegio (no hay nada peor que volver a un lugar que no te regaló un puto instante de alegría), estaba incómoda y deseando que todo terminara de una vez por todas. Estar parada en un pasillo, esperando rodeada de pre-adolescentes te hace preguntarte qué carajo estás haciendo con tu vida. Tengo veintiún años. Ya estoy vieja para la secundaria.
Cuando te golpean esas dolorosas revelaciones referentes a la edad es
terrible. Es la primera vez que me siento vieja en mi vida. Y no creo que lo sea en absoluto, es sólo que me doy cuenta que hay lugares que ya no tienen que ver conmigo… y sigo teniendo que ir a ellos de todos modos por no haber hecho lo que debí en su momento. Genial.
Me concentré en la prueba sin pensar en nada más durante una hora y media. Como siempre, al llegar al maldito balance de ocho columnas, tenía una diferencia. Me faltaban setecientos pesos en algún lado y no lograba darme cuenta en dónde. Y entonces vi que había anotado mal el valor de una amortización acumulada. Lo arreglé, lo volví a sumar y, gloriosamente y como pocas veces me ha ocurrido, todo el ejercicio contable estaba impecablemente hecho. Maravilloso. Sin error alguno.
Lo entregué y esperé muchísimo más calmada a que lo corrigieran. Mi profesor siempre tuvo una onda excelente conmigo. Quizás porque siempre fui callada y presté atención, nunca le falté el respeto y fuera de lo dura que fui con los números desde que nací, fui una buena alumna. Dejó mi examen para lo último, porque siempre trata de darme una mano si me falta un poco para llegar al aprobado. Sólo que ésta ve no hizo falta y me plasmó un hermoso seis en mi hoja, me hizo firmar y me dijo que me podía ir.
Aprobé. No lo puedo creer. Estoy un pasito más cerca de terminar con esto que vengo arrastrando de hace cuatro años. Al fin. Ahora sólo me falta lo que considero va a ser un desenlace apocalíptico, cual Impacto Profundo, Armaggedon o El Día Después de Mañana: Matemáticas. O pasa un milagro o se acaba el mundo. No hay muchas más alternativas.

Y ahora retrocedo un poquitito hasta el fin de semana. El pasado domingo primero de agosto fui a la marcha nacional contra la ley para matar a los perros callejeros en Neuquén. La primera vez que voy a una marcha, pero definitivamente no la última.
Estar apoyando algo en lo que crees se siente mucho mejor de lo que jamás me había imaginado. Fui con el miedo de estar yo sola sentada en frente del Obelisco, pero llegué a una multitud de gente en la Plaza de la República, que con el correr de las horas alcanzó centenas y centenas. Muchos habían ido con sus perros, que ladraban con los aplausos, marchaban con carteles o remeras en las que se podían leer “No al maltrato animal”.
Hice un cartel para la ocasión, y aunque no me quedó muy lindo, se ve que a algunos les gustó porque le sacaron varias fotos:

Me acompañó Adrus con su novio, Facu. Las dos tenemos perros de la calle, así que supongo que de alguna manera estábamos tratando de defenderlos a ellos.
Todavía no me entra en la cabeza como puede existir gente tan despreciable que quiera quitarles la vida a otros seres vivos. Cada día que pasa me resiento más y más hacia la sociedad. Al fin y al cabo todo lo que está mal, está así porque nosotros lo causamos: la co
ntaminación, las guerras, la violencia… todo sale de las mentes humanas. Y ahora se la agarran con los pobres perros, los animales más dulces y buenos que existen. Es indignante.
Afortunadamente, se logró frenar la matanza que estaba programada para ayer, pero no se canceló definitivamente. Cada día tenemos que ser más y más voces para estos animales y para todos los otros que sufren sin parar en todas partes del mundo. Por eso éste próximo sábado se realiza una nueva marcha a nivel nacional e internacional en busca de borrar esta ley espantosa de nuestras vidas para siempre. Acá está el link de Facebook con los detalles de la marcha, para todos los que deseen asistir: http://www.facebook.com/event.php?eid=117434851639142&ref=mf . Una vez más, me voy bien firme al Obelisco, por mis perros y por todos los demás.

Algunas fotos de la marcha del pasado domingo:


L.-

domingo, 1 de agosto de 2010

. Family portrait .

Hoy recordé qué era exactamente lo que siempre tanto me jodió de las cenas / almuerzos familiares.
No es el hecho de ser el número impar en la mesa. No es escuchar a mi viejo contar chistes malísimos. No es sólo que hay de tres a cinco personas fumando simultáneamente y llenándome mis limpios y sanos pulmones de humo contaminante.
Es que siempre, en algún momento, alguien va a tirar un comentario que degrade cualquier cosa que a mi me interese, cualquier cosa que o haga, cualquier cosa que yo crea.
No me malinterpreten. Mi familia es maravillosa. Es sólo que mi mamá, por ejemplo, habla primero y piensa después.
Éstos son algunos ejemplos de frases que se han escapado de su boca, y de la de otros, a lo largo de los años:
- “¿Qué querés que haga? ¿Que la mate porque no salió como queríamos?”
- Mi hermano Gonzalo pregunta: “¿Y esa alianza, Laura?”. Mamá responde: “Pf, ni preguntes, es una pelotudez”.
- Fernando, mi hermano mayor, dice: “Nena, ¿vos para cuándo un novio? Si seguís así vas a tener cuarenta años y nada, eh”.
- “Mirá cómo te queda ese jean. Vas a tener que ir cerrando el buche”.
- “¿Qué tenés en el pelo? Estás horrible. ¿Vos te peinás o ni siquiera eso?”.

Y la frase de hoy, dicha entre risitas, nuevamente by my madre: “Y bueno… es una etapa, ya va a pasar”.
¿Ya va a pasar? ¿Qué soy? ¿Una pendeja de quince años con el capricho amoroso de cada semana? No, soy una persona ya adulta, por mucho que no lo parezca, que está empezando a adoptar ideologías y creencias propias, por muy difícil que les pueda parecer.
¿Por qué nunca entienden absolutamente nada de lo que yo hago? ¿Por qué todo ya va a pasar, o es molesto, o es estúpido, o les causa gracia? No estoy planteando mis planes para raptar a Tim Rice-Oxley y obligarlo a casarse conmigo. No estoy rumiando sobre estupideces al azar. Estoy hablando de cosas que para mí son importantes y todo lo que encuentro es una burla, una incomprensión, una mueca sarcástica.
No estoy pidiendo que compartan lo que pienso. Estoy pidiendo que por lo menos me tomen en serio. No creo que eso sea algo disparatado. Tengo veintiún años, soy totalmente capaz de hablar, fundamentar, debatir. ¿Pero qué caso tiene tratar de contarles mi punto de vista sobre un tema en particular si en menos de dos segundos me van a cambiar el curso de la conversación, como si estuviera hablando disparates? Hola, no soy mi prima la retardada, que tiene como treinta años y lo único que hace es hablar de sus dichosos dibujitos japoneses. Hasta a ella parecen prestarle más atención que a mí.

Me llevo bien con mis viejos, me llevo bien con mis hermanos. Nunca fueron malos padres, ni nunca hubo un ambiente familiar tenso. Pero siempre estuvo flotando en el aire esa sensación de que nunca llegué a alcanzar las expectativas que ellos tenían de mí. Soy bastante antisocial. A veces soy demasiado seria. Soy muy peculiar para mis gustos. Me aferro con convicción a las cosas en las que creo, a mis principios, a mi visión de lo correcto. ¿Está mal? ¿Se supone que tengo que ser un ente carcomido por la televisión, sin ideas propias para ser aceptada o, mínimamente, comprendida?
Quizás los padres en general no entienden a sus hijos. Quizás no aceptan el hecho de que crecemos, nos formamos, cambiamos, aprendemos, idealizamos. Quizás ellos nos siguen viendo como esas personitas chiquitas que sólo se preocupan por saber cómo sumar dos más dos y diferenciar las vocales de las consonantes.

No sé. Estoy indignada. No, decepcionada, más bien. No entiendo qué parte es la que les parece tan tonta. Soy una persona racional, me considero inteligente, me gusta reflexionar sobre las cosas antes de creerlas/abrazarlas. Nunca quemé mis neuronas en miles de noches de sábado alcoholizándome en boliches o cambiando de chicos con la misma frecuencia con la que me cambio una bombacha. Mis sábados a la noche pasaron mayormente entre libros, en tranquilidad. Si no estoy hueca por dentro… ¿por qué hacen parecer que sí?

L.-

viernes, 30 de julio de 2010

. Marcha contra la matanza de perros en Neuquén .

En la provincia de Neuquén se aprobó una ley que autoriza la matanza de perros callejeros, alegan que hay “superpoblación canina” y que los perros abandonados transmiten enfermedades. Hay muchísimas opciones para detener el flujo de perros abandonados en la calle, ya sea fundando refugios municipales, castrándolos y sobre todo, adoptando.
En el transcurso de ésta última semana doscientos veinte perros fueron asesinados gracias a esta ley. Para pedir que este horror pare y buscar nuevas soluciones, se va a realizar una marcha nacional éste domingo a las 15.30 en distintos puntos del país. Éste es el link de Facebook del evento para que todos puedan buscar la marcha más cercana a su localidad.
Yo voy a estar en el Obelisco y si alguien se me quiere unir, serán bienvenidos y seré feliz. Por favor, si no pueden asistir, sólo les pido que le pasen ésta información a todos los que conozcan. Cuántos más seamos, mejor.


¡Gracias!

“La pregunta no es si pueden razonar, tampoco si pueden hablar, si no, ¿pueden sufrir?” – Jeremy Bentham.


lunes, 19 de julio de 2010

. Día lluvioso, a.k.a. ¡buena suerte! .

Hoy tuve que ir a IBM. ¡Chan, chan, chaaaaaan!
Sí, señores, tuve que regresar muy a mi pesar a ese edificio donde tenía mucho miedo de quedarme encerrada y que no me dejaran salir y me obligaran a atender el teléfono.
La cuestión es que el viernes pasado me llamaron para decirme que, de una vez por todas, me iban a pagar lo que me debían. Salté de alegría cuando corté el teléfono y después de que se me pasara la euforia de “¡voy a poder pagar alguna deuda!” me di cuenta de que podía llegar a darse la posibilidad de toparme con Adrián, a.k.a El Indeseable, y empecé a rogarle a las fuerzas cósmicas que ya haya renunciado y no tener que cruzármelo en lo que sería un encuentro terriblemente incómodo y muy, muy, muy poco feliz (para no decir NO FELIZ).
Así que ésta mañana me levanté, después de un sueño en que me decían que mi liquidación contaba de treinta y nueve pesos con noventa y yo empezaba a cagar a puteadas al tipo de recursos humanos, me tomé el café sin el que no puedo vivir en estos días y partí cruzando los dedos a favor de dos pequeñas ilusiones: a) que la liquidación alcanzara al menos trescientos pesos y, b) pasar inadvertida ante los ojos de cualquier empleado conocido de IBM, en especial Adrián, a.k.a. El Pesado.
Tras un lluvioso recorrido por la ciudad, llego a la empresa. Subo al primer piso, tratando de no llamar mucho la atención ni de mirar a alguien que pudiera reconocerme y colgarse a hablarme (o, en otras palabras, joderme) y le digo a la recepcionista que había ido a cobrar. Como la entrada estaba llena a morir de almas a ser próximamente consumidas por el infierno de la compañía, a.k.a. Empleados Nuevos Esperando a Empezar el Training, me pidieron que esperara en el break room. De más está decir que creí que nunca, nunca, nunca, never iba a volver a tener que sentarme en esas mesitas, de ese lugar en particular, que no iba a volver a ver trainers conocidos yendo y viniendo y, todavía PEOR, ver al tarado de Mark, a.k.a. El Accent Trainer, pavoneándose como si fuera de California, cuando es más de Berazategui que otra cosa.
Habré estado ahí unos diez minutos (que se me hicieron diez horas) y después, cuando se desocupó la recepción, me mudé ahí donde no me parecía tan terrible, aunque miraba con cierto pavor la puerta cada vez que se abría. Después de otros diez o quince minutos, viene el gerente de recursos humanos, a.k.a. El Boludo Que No Quería Pagarme, con una pilita de papeles y me hace pasar a uno de los salones desocupados. Pone sobre la mesa los papeles y me indica que me siente; y mientras lo hacía le echo un vistazo al Señor Cheque, ése que estuve esperando con tantas ansias. Segurísima de que miré mal, o de que ése cheque no podía ser mío, o de que mi humilde cheque de treinta y nueve con noventa estaba más abajo, lo miro a él, esperando que me explique.
Y me da ese Señor Cheque, a la suma de mil novecientos un pesos con cuarenta centavos.
Estuve así, así de cerquita de subirme arriba de la mesa y ponerme a bailar la Macarena, principalmente por el hecho de que ésa es casi la suma a la que ascendían mis deudas.
Después del papeleo (firmé todo con la mano temblorosa, lo único que quería era cazar el cheque y salir corriendo a cambiarlo) y algunas formalidades varias, salgo a la calle, agarrando la cartera como si adentro llevara lo más preciado del mundo, a.k.a. Una Entrada a Un Recital de Keane, llamando a mi vieja a toda velocidad que el BlackBerry me permitía, con unas ganas de llorar tremendas porque de repente sentía como si hubiera perdido quince kilos de preocupaciones.
Corrí las seis cuadras hasta el Standard Bank de 9 de Julio como si me hubiesen dicho que estaba Tim Rice-Oxley usando el cajero. Estaba casi sin aire, mirando el numerito que tenía en la mano (B23), intercalado con la pantalla que anunciaba la caja. Vi cómo la chica del otro lado del vidrio me contaba uno por uno los billetes. Me puse impaciente porque quería meterlos en mi billetera. Aproveché para dejar ir en un sobre de un cajero novecientos pesos en concepto de tarjeta de crédito. Salí de ahí, caminando feliz bajo la lluvia y crucé hasta Sarmiento para tomar la combi de vuelta.
Cuando llegué a casa, mamá me esperaba con una pizza casera y panqueques de postre. Dormí una siesta tardía. Dormí libre de preocupaciones, como no había dormido en los últimos dos meses o más.
Me desperté feliz a jugar con Alaska.

Llevo años diciéndolo, pero cada vez lo creo más y más fervientemente. Los días de lluvia tengo muy buena suerte.
Quizás por eso empiece a necesitar que llueva más seguido. Y no pienso usar paraguas.

L.-

viernes, 16 de julio de 2010

. Looking for Alaska .

El título no quiere decir que me vaya a poner a hablar sobre el libro de John Green (salvo para una muy breve explicación, pero realmente va a ser breve). Éste posteo se trata de algo muy diferente.

En el día de ayer, una de las mañanas más frías de lo que va de este invierno, mi mamá llega de hacer las compras y me dice que en la puerta del almacén habían abandonado tres perritos. Uno había desaparecido, otro lo había agarrado una señora de un negocio y la última estaba sentada en el sol, temblando, mirando para todos lados, muertísima de frío. Mamá me mira con pena. Sin dudarlo un segundo, le digo: ¿La vas a buscar vos o la voy a buscar yo?
Y un ratito después, llegó Alaska. Bautizada así mitad por el libro de John Green, mitad por haber aparecido en un clima más que helado, con los ojitos al principio tristes y ahora mucho mas felices, se instaló sin oposición alguna en una cajita en nuestro garage. Con mamá notamos que le escaseaba bastante pelo en distintas partes de su cuerpito falto de alimento, y con el temor de que pudiera ser una sarna en sus etapas tempranas, ésta mañana la llevamos a la veterinaria, con la intención de ayudarla a ella y de prevenir, a su vez, que nuestros otros cuatro perros se pesquen alguna enfermedad gratuitamente.
Pero Alaska está perfecta. La falta de pelo se debe, como era de esperarse, al abandono, a la necesidad de poner comida en su pancita. Con una vacuna, bastante amor y algunos platos repletos de balanceado y leche, va a estar como nueva en unos pocos días. Y entonces Alaska va a necesitar una casita nueva.
Lamentablemente y por mucho que me pese, no estamos en condiciones de tener cinco perros más una gata, por lo que Alaska está en adopción RESPONSABLE. Quién tenga un corazón lo suficientemente grande para brindarle todo el cariño que necesita (y merece), me lo hace saber en los comentarios así nos ponemos en contacto. Si no es posible que alguno de ustedes (si es que queda alguien por ahí) la adopte, pido por favor que me ayuden a difundir. Acá la tienen siendo absolutamente adorable:


Todos los días cuando salgo a la calle veo más y más perros abandonados. Todos los días en internet, en la televisión, escucho sobre nuevos casos de maltrato animal. Se me estruja el corazón de dolor por no poder apaciguar el sufrimiento de esos pobres bichitos que no tienen la culpa de que los seres humanos sean unos verdaderos (y el calificativo es adecuado así que no voy a pedir disculpas) hijos de puta. ¿Quién puede abandonar tres cachorros a su suerte con éste frío, en un barrio donde los perros son simples cosas que la gente tiene en sus casas y no les dedica cuidado? ¿Quién puede apalear a un gatito bebé hasta que no queda más que un pobre estropajo peludo bajo la lluvia? ¿Quién puede sobrecargar a un caballo con más y más peso, hasta que el pobre animal no pueda más ni con su alma y encima tenga que soportar que le peguen para que vaya más rápido?
Todos los días veo estas cosas y me muero de rabia e indignación. Y protesto, miro mal a los responsables y espero que se den cuenta de sus errores. ¿Pero cómo les van a importar sus mascotas cuando ni siquiera tratan bien a sus propios hijos?

Me siento impotente por no ayudar como quisiera. Y aunque mi viejo se queje, se ponga de mal humor y bufe cada vez que con mamá traemos un animalito, no me interesa. Yo los voy a seguir trayendo, los voy a seguir curando y les voy a seguir buscando un lugar donde los quieran si yo no me los puedo quedar. Porque cuanto más conozco a las personas, más quiero a los animales. Porque como ellos no tienen voces, alguien tiene que hablar en su lugar.
Un animal no es un juguete, un accesorio, un adorno para el jardín de la casa. No es una herramienta de trabajo ni un guardia de seguridad. Si vamos al caso, tampoco son comida, abrigos y zapatos. Son seres vivos. Respiran. Aman. Sufren. Como nosotros, pero muchas veces peor. La sociedad tiene que empezar a darse cuenta de que no podemos disponer de todo lo que existe en el mundo como si fuera de nuestra propiedad. La sociedad tiene que empezar a concientizarse y abrir los ojos a la realidad de que cada mañana cuando nos levantamos, estamos equivocados.

Y si algún día, alguno de ustedes (¿hola?) quiere tener una mascota, tengan en cuenta todo eso. No quieran un perro porque es lindo. No gasten ochocientos pesos en un negocio cuando hay refugios superpoblados de perros que necesitan un hogar, o centros de zoonosis (el mismísimo infierno en vida para cualquier animal) repletos de pobres bichitos que de a poco se van muriendo, si no es por desnutrición, por maltrato o alguna enfermedad, por pura tristeza. Si querés una mascota, no compres. Adoptá. Vas a ver que nadie te va a querer tanto, ni te va a agradecer tanto todos los días, como ese perrito, o ese gatito al que le diste una segunda oportunidad.

L.-