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martes, 22 de junio de 2010

. Frustration .

No tenía pensando ningún post para esta noche. La verdad es que estuve concentrándome en ‘Love is the End’ (actualmente siendo posteada en http://keanefics.com.ar) y… bueno, sí, estuve perdiendo tiempo mirando fútbol, así que mis ideas para este blog fueron relegadas al fondo de mi cabeza.
Hasta hace cinco minutos cuando recibí un mail de Adrián, a partir de ahora, denominado el exnovioquenotienedignidadysiguearrastrandose.
Quizás muchas personas dirían que tengo que sentirme halagada de que haya un tipo por ahí que no se puede olvidar de mí, o que no puede vivir sin mí o… no sé, whatever crap you may say. No sé si las cosas serán de esa manera o no. Pero no quiero. No me importa. ¡Lalalala, no te escucho!

Voy a ser absolutamente sincera (iba a hacer un post bien desarrollado sobre esto, pero realmente tengo la necesidad de decir todo esto AHORA). De todas las cosas de las que me arrepiento (sin repetir y sin soplar, preparados, listos ¡YA!: no aguantar unos cinco meses insignificantes y dejar el colegio, no rendir las materias cuando dije que lo iba a hacer, no cumplir las promesas que me hice a mí misma, no preocuparme antes por las cosas que ahora me complican la vida, no haber sabido elegir a mis amistades, no haber sabido aprovechar trabajos como debí, haberme ido del Hotel Faena cuarenta y cinco minutos antes de que saliera Richard a firmar, derrochar y derrochar aún sabiendo lo difícil que se me iba a hacer después, haber cenado en el Hyatt mientras Tim estaba en la puerta con un grupo de cinco personas - lo que me lleva a decir que me arrepiento de no haber subido al bar donde estaba cinco minutos antes de darme cuenta que lo había perdido - , no haber ido a ver a Travis en el 2007, no haberle prestado atención a Pushing Daisies a tiempo para conocer a Lee Pace cuando vino a Buenos Aires, no haberme despedido mejor de algunas personas que ya no van a ser parte de mi vida, no haber pegado unas cuantas piñas cuando fue necesario, quedar en ridículo cuando lo que en realidad quería era mostrarme indiferente, haber comido animales durante veintiún años de mi vida, dejar el gimnasio, no haber abrazado a Tom para que otros tuvieran su chance con él, no haber ido al recital de los Backstreet Boys en Boca Juniors en 1998, no invertir en una computadora nueva cuando podía hacerlo, haber leído La Invención de Morel, dejar que la coreana del supermercado de acá a cinco cuadras me gritara cuando le pregunté donde estaba el edulcorante en polvo, no haberle hecho un cumpleaños decente a Tim este año, no haber donado plata a Greenpeace cuando tenía la posibilidad, acumular durante DECADAS bolsas de plástico que ahora dañan al medioambiente), de TODAS esas cosas, no hay una de la que me arrepiento más que de haber malgastado seis meses de mi vida con alguien que: a) no me gustaba; b) me aburría; c) me hinchaba las pelotas; d) me parecía menos interesante que contar las agujas en el alfiletero de mamá.

No quiero que me mande mails. No quiero que se arrastre. Quiero que me deje en paz. Quedé absolutamente traumada después de esa relación AL PEDO. Para lo único para lo que me sirvió es para darme cuenta que prefiero ser impar en los almuerzos del domingo.

L.-

martes, 13 de abril de 2010

. Hopes & Fears .


Y sí, al igual que Claire, yo también me quedé sola. Pero a diferencia del personaje de Marian Keyes, fue una elección propia.
Si realmente hay alguien del otro lado leyendo (cosa que empiezo a dudar) deben pensar que estoy completamente loca. No hace ni dos semanas escribía sobre lo bien y feliz que me sentía. Sobre lo reales que me parecían las películas románticas. Sobre lo maravilloso de mi novio, y lo mucho que habían cambiado las cosas...
Bueno, precisamente. Cambiaron. Es decir, yo la estaba pasando bárbaro. Tenía esperanzas puestas en todo lo que hacíamos, en que iba a salir más que bien. Adrián era todo lo que podía soñar: alguien que me quiere y me pone al tope de su lista de prioridades y que dedica cada minuto a mi lado para que sea feliz y que me mira como si fuera lo más hermoso del mundo y me trata con delicadeza y...
Y nada. Porque así y todo, aunque toda yo lo aceptaba, mi corazón seguía rechazándolo con brusquedad, por mucho que yo quería ignorarlo. Por mucho que me hacía la boluda y no lo quería escuchar. Por mucho miedo que tuviera a quedarme sola de nuevo... no me quedó más remedio que aceptar que, cada vez que me besaba, en vez de sentir la emoción que provoca algo tan único y fantástico como un beso, sentía la misma emoción que siento cuando hago la cola en el supermercado.
Un bajón, lisa y llanamente, y no puedo explciar con fidelidad lo enojada que estuve conmigo misma. Pero por muy furiosa que me pusiera, sabía que no tenía más escapatoria que terminar con la relación. ¿Qué sentido tiene darle a él la ilusión de que todo está yendo como esperábamos cuando en realidad todo está tal y como estaba antes de volver a intentarlo?
Y ahí llegaron los miedos. Porque romperle el corazón a alguien por segunda vez (en tres semanas, ¡debe ser un record!) no es nada divertido. No dejé de pensar ni un minuto en cómo iban a ser las cosas, qué decir para consolarlo, cómo no arruinarle su cumpleaños que estaba bien en el medio, cómo evitar que se diera cuenta que algo no estaba bien hasta que fuera el momento adecuado de decírselo... ¡uff, tanta presión!
Y tanto miedo también por mí. ¿Y qué si estoy dejando ir a la única persona en el mundo que está dispuesto a armar su vida conmigo? Por ahí el que yo no lo ame es un detalle insignificante. La soledad eterna parece un problema mucho mayor...
Pero no. Una vez, hace no mucho tiempo, yo misma me propuse la soledad como destino y, a pesar de no ser lo más maravilloso que se me había ocurrido, lo acepté de buena manera y supe armarme cierta felicidad a partir de eso. Así que, si ése tuviese que ser mi futuro, sé que lo puedo manejar. Y si no lo fuera, entonces voy a saber que hice lo correcto. O no. Quién sabe.
Esa teoría de que hay una persona ideal para cada uno me alivia y me aterra al mismo tiempo. Alivia porque sabés que tarde o temprano debería aparecer y que, sin lugar a dudas, el amor va a ser mutuo, porque, carajo, ¡para eso es la persona ideal! Aterra porque, incluso siendo así, es muy posible que cuando te pase por al lado estés demasiado ciega para reconocerlo y lo dejes ir. Y no sé si esa teoría garantiza realmente que vayan a reencontrarse antes del final.

Sí, sé que debería relajarme y pensar menos. No es la primera vez que me lo dicen. Pero no puedo evitarlo, así soy yo. De todos modos, aunque no lo parezca, estoy bien. Nunca es lindo que una relación no funcione, sin importar cómo haya sido, pero tengo la tranquilidad de que hice lo que tenía que hacer.
A ver si de una vez dejo de enredarme tanto en mis propias reflexiones y respiro un poco más. No me vendría nada mal...

Sigo leyendo, a ver si a Claire le va un poco mejor...

Espero.

L.

domingo, 14 de marzo de 2010

. Untitled 1 .

Faltan muy pocos minutos para la medianoche. En sólo un ratito voy a cumplir veintiún años y tengo la sensación de que, a pesar de ser la mayoría de edad y bla, bla, bla... no tiene importancia.
Hace un mes atrás planeaba una salida con mis amigos y Adrián hoy estuve todo el día arrastrándome por los rincones, hablando con mi mamá de lo que va a hacer de cenar mañana cuando venga mi familia, y la verdad es que tengo tantas ganas de festejar como de que Keane se separe.
No siento que tenga algo que festejar. Estoy deprimida, un poco vencida y todavía con los pensamientos demasiado revolucionados como para tener algo de paz.
Y, cómo si todo esto fuera poco, hoy me llamó Adrián.
Hablamos bastante (en realidad, él habló bastante) de lo que está pasando. Si bien le damos la vuelta al mismo asunto una y otra vez, al menos hoy sirvió para darnos cuenta de que el primer error que cometimos en nuestra relación fue el haber acelerado tanto las cosas. Le dije que estaba casi segura de que la razón por la que no me había enamorado de él era que no habíamos tenido tiempo de esa electricidad, esa ánsia inicial, en que pasas todo el tiempo preguntándote si te habrá rozado la mano intencionalmente, si de verdad te estaba mirando fijo como te pareció y todas esas pequeñas cosas que contribuyen al enamoramiento. Porque sí, le dije que no me había enamorado de él. Que sabía lo que era el amor, porque lo sentí antes. Y aunque tengo la teoría de que amás de un modo distinto a cada persona, estaba casi segura de que lo que había llegado a sentir con él no era más que el mero embobamiento que la atrapa a una cuando siente por una vez en la vida que alguien la ama.
Sí, sé que un "no estoy enamorada de vos" puede sonar hiper cruel. Sé que no es lo que un tipo que está loco por vos quiere oír... pero él me pidió sinceridad y yo se la di. Ya le oculté esta clase de cosas durante tres meses. Creo que lo mínimo que puedo hacer por él es darle la verdad.
Quedamos en que íbamos a volver a hablar durante la semana, pero cara a cara. Como corresponde. A buscarle la vuelta a todo esto de una vez por todas y dejar de sufrir cada uno por su lado con una incertidumbre que te quita el sueño.
Así que nadie me puede culpar por no estar entusiasmada respecto a mi mayoría de edad que se cumple en cinco minutos. Otra cena familiar de cumpleaños que paso, a pesar de que la mesa esté abarrotada de gente, sola. Otro año que empieza igual. Pero con la excepción de que una de las primeras cosas que voy a tener que hacer con estos años nuevos recién cumplidos es curar mi vida amorosa o desenchufarla definitivamente.

Y la verdad nunca estuve del todo segura de mi opinión sobre la eutanasia...

L.

sábado, 13 de marzo de 2010

. With or without you .

Sábado a la noche. La gente se prepara para salir, para divertirse, para bailar, ir a tomar algo, pasarla bien. La gente se prepara para vivir.
¿Soy yo una de esas personas? ¿Me estoy perfumando, maquillando, vistiendo para ir por ahí y darle vueltas a la noche hasta que asome el sol del domingo? ¿Estoy mandándoles mensajes de texto a todos mis amigos para hacer planes, encontrarnos, hacer algo?
No. Estoy en pijama y pantuflas, escuchando la edición deluxe de Hopes and Fears, tratando de no cortarme las venas al ritmo de Sunshine, pensando en éste y todos mis sábados.
Últimamente me cuesta ver las cosas desde una perspectiva clara y objetiva. Todo me parece un bajón. Puras pálidas. Pura mala suerte. Me acuerdo de que los pasados fines de semana de los últimos tres meses, bien o mal, siempre tuve algo que hacer. Si no me hacía tiempo para ver a mis amigos, tenía algo planeado con mi novio o tenía que trabajar. Hoy, no tengo nada de eso.
Mis únicos planes para hoy comprenden seguir escuchando música, vagar por Internet un rato (la búsqueda laboral es primordial), hojear un buen libro y, si me agarra hambre, cenar una de esas sopas japonesas medio artificiales, las que vienen los fideos todos deshidratados y el caldo en un paquetito de aluminio. ¿A que todos me envidian? ¿Eh?
No es que me muera de ganas de salir por ahí y bailar hasta que no soporte más los zapatos de turno. Nada que ver. Nunca fui esa clase de persona. Es sólo que, después de un par de meses de acostumbrarme a otra cosa, de pronto me encuentro sola. Bueno… técnicamente sola. Mis viejos están en el living, mirando una película de Kevin Costner. Pero creo que así y todo se entiende mi punto, ¿o no?
Sí, seré estúpida, no sé. Pero me siento sola. Siempre me siento sola. Quizás por eso (o culpa, o curiosidad, o sadomasoquismo) ayer le mandé un mensaje a Adrián, para saber cómo estaba.
Me contestó que mal, pero que le alegraba saber de mí, que le escribiera cada vez que quisiera hacerlo, que me extrañaba. Le conté la mala suerte que estuve teniendo estos días y me dijo que me tome un tiempo para pensar las cosas con claridad, en vez de dejarme llevar por las crisis de nervios y depresión. Suena fácil decirlo. Hacerlo es otra cosa.
Supongo que me puse paranoica o algo de eso, pero no dejo de pensar en arreglar las cosas con él. No paro de imaginarme pasando otro cumpleaños el lunes rodeada de números pares, y yo siempre un siete, sola, solísima. Pienso que es mejor tener a alguien que me quiere al lado que dormirme mirando los ojos inanimados en papel de Rice-Oxley.
Pero después miro películas, leo libros, descubro el amor a través de los ojos de los demás, lo revivo como lo descubrí yo aquella vez bajo la lluvia, y me doy cuenta de que por mucho que me quiera esforzar, por mucho que lo quiera recuperar, por muy equivocada que quiera estar, las sensaciones que me causa (causó) Adrián no se le parecen mucho. Lo extraño, sí. ¿Pero lo extraño de la misma manera que podría extrañar a un amigo? No me duermo llorando, pensando en él, lamentándome. Si bien mi estado de ánimo no es fantástico, es comprensible. Con todas las metidas de pata y todos los desengaños amorosos, ¿de qué otra manera puedo estar?
Todas estas cavilaciones de sábado a la noche y soltería son terribles, pero son casi una tradición. Tuve veinte años de sábados solitarios, de libros repetidos, de películas deprimentes. De irme a dormir temprano. Estoy acostumbrada a que la bebida más fuerte y perjudicial para la salud que puedo llegar a ingerir sea una Coca-Cola Light.
Me pregunto cuánto tardaré en encontrar la solución esta vez. Me pregunto si el sábado que viene mi perspectiva habrá cambiado. Me pregunto si estaré con alguien, quien sea, un poco menos sola, o si me desparramaré en el sillón con mis pantuflas y mi perro a mirar series.
Todo depende en qué tan fuerte sea, como para enfrentar la verdad y buscarlo. Porque es eso, ¿no? Lo que necesito es un poco de fuerza para llamar a Adrián y solucionar todo.
¿O eso sería más bien debilidad?

jueves, 11 de marzo de 2010

. These days .

These days I seem to think a lot
about the things that I forgot to do
and all the times I had the chance to.

Mi cabeza cansada pide paz. Pide resolución. Pide que de una vez por todas encamine mi vida y me deje de joder.
Hay ocasiones en mi vida en que no pasa absolutamente nada. Y otras, como ahora, que pasa todo junto, me abruma, me tira, me quiebra, me debilita. Me desorienta, me pone en camino y me vuelve a perder.
Quizás tendría que haber pensado antes. Los arrepentimientos no sirven de nada. La cuestión es hacer bien las cosas en el momento en que debe ser.

I had a lover,
I don't think I'll risk another
These days, these days.

Ayer me crucé con Adrián cuando fui al centro. (¿Había mencionado que el nombre de mi novio - ¿o debería decir ex novio? - es Adrián?).
Jamás en mi vida vi algo que me partiera de esa manera el corazón como haberlo visto a él. Tenía unas ojeras gigantescas, pronunciadas, casi verdosas; los ojos hinchados, estaba pálido y desanimado. Volvió a abrazarme con tanta fuerza que su dolor se volvió casi mío. Casi viví yo misma el sufrimiento que le causé.
Me pidió que habláramos y no le pude negar su petición. Sentía que se lo debía, así que salimos del edificio y nos sentamos en unas escaleras, justo al final de Lavalle, cuando llega a la desembocadura con la avenida Alem. En medio de ruidos de ciudad, idas y venidas de colectivos y taxis, me pidió una segunda oportunidad.
Me dijo cosas que ningún hombre me dijo antes, me agarró de la mano y derramamos algunas lágrimas los dos. Me sentí terrible y vacía al contestar preguntas que a él le habían quedado pendientes y, al mismo tiempo, buscaba la manera de no seguir lastimándolo.
Cuando llegué a mi casa más tarde esa noche, después de varias corridas que tuve que hacer por Capital, y pude sentarme, quedarme tranquila y pensar… sentí que mi cerebro zumbaba como un nido de abejas. Todo está tan desordenado, tan fuera de lugar, tan raro… que incluso me estoy preguntando si habré tomado la decisión que tomé basándome en las razones correctas, o si me dejé llevar por una angustia y una amargura generalizada que arrastraron con las personas que estaban en el camino, llevándose victimas inocentes, y entre esas victimas el único hombre que me amó alguna vez.

I've stopped my dreaming,
I won't do too much scheming
These days, these days.

Y por mucho que lo intento nada sale como tiene que ser. Hoy fui al aeropuerto, porque al fin tenía la entrevista para el lugar que estuve esperando durante semanas. El problema fue darme cuenta que esperé en vano.
Las condiciones de trabajo que me propusieron son todavía más insalubres que las de IBM. Si acepto el trabajo (que ya es mío, sólo tengo que presentarme mañana al mediodía para hacer una pequeña práctica antes de arrancar sola el sábado a la noche), estoy condenada a doce horas laborales nocturnas, retribuidas como una jornada de ocho en un horario normal. Estoy condenada a un salario bajísimo, en negro, sin obra social ni cargas sociales en lo más mínimo, a depender de comisiones que, según lo que pude chequear en las planillas de la otra chica, son más que escasas. Estoy condenada a trabajar un domingo que se retribuye como un lunes y a olvidarme de ver a mis amigos porque ya no tendría fines de semana y, mucho menos, plata para ir a verlos.
Así que estoy de nuevo con las esperanzas destrozadas, con la única luz que tenía prendida, como un faro salvador, apaleada y apagada con brutalidad. Sin saber para donde ir, sin saber qué hacer, sin saber a qué someterme. Sin poder planear nada, ni soñar con nada, porque a estas alturas, todo parece imposible de concretar.

These days I seem to think about
how all the changes came about my ways
and I wonder if I'll see another highway.

¿Habrá sido una buena idea? ¿Rendirme al trabajo que tenía seguro, a pesar de que era esclavista y penoso? ¿Debería volver, arrepentida, arrastrándome hacia los teléfonos otra vez? ¿Me mandarán en castigo a algo todavía peor que DBC Service, que a esta altura ya debe haber cerrado sus puertas para mí?
¿Habrá sido una buena idea? ¿Romperle el corazón a alguien que me ama, decirle que no sentía lo mismo y que era mejor que todo se terminara? ¿Me habré dejado llevar porque tengo miedo al ver que todo se me está derrumbando y que quizás lo único que se mantenía en pie lo tiré abajo yo solita?
¿Abriré los ojos mañana y veré una solución que hoy me parece inalcanzable?

And if I seem to be afraid
to live the life that I have made in song
it’s just that I've been losing so long.

Y sí. Quizás dejé a mi novio porque tenía miedo de seguir adentrándome en ese terreno tan desconocido. Quizás me entró pánico, no supe para donde rumbear y, con la influencia además de todas las demás cosas que estaban pasando, hice cualquiera. Por ahí me daba miedo perder esa semi-soledad ficticia que tuve siempre. Por ahí me dejé llevar otra vez por ese amor imposible que subí a un pedestal y catalogué de ideal, por el mero hecho de que jamás voy a poder probar lo contrario.
Y sí. Dedicarse a algo que a uno le gusta es difícil. A veces hay que cerrar los ojos y trabajar en algo que es una porquería sólo para poder tener algo en la cuenta bancaria. Yo, que siempre digo que prefiero hacer algo que me haga feliz en lugar de hacer algo que no me guste pero que me deje muchísima plata, constantemente encuentro que ninguna de las dos opciones están disponibles. Ni encuentro algo que me gusta, ni encuentro algo donde al menos me paguen bien. ¿Y en esos caso qué hacés? ¿Te resignás a ganar una miseria y, además, hacer un trabajo que odiás? En la suma de las cosas, ¿cómo conseguís levantarte a la mañana?

These days I sit on corner stones
and count the time in quarter tones to ten.
Please don't confront me with my failures,
I had not forgotten them.

miércoles, 10 de marzo de 2010

. We behind closed doors .

El día que tuve ayer no tiene precedentes en mi vida.
Estaba cambiándome para ir al aeropuerto cuando de repente viene mi papá y me avisa que había alguien en la puerta esperándome. Preguntándome si me estaba cargando o qué, me asomo y veo que se trata de nada más ni nada menos que mi novio.
Tengo que admitir que se me paró el corazón. El día anterior, por estar demasiado nerviosa debido a muchísimas cuestiones, lo había esquivado un poco, tratando de posponer lo inevitable. Y cuando le abrí la puerta, por más que sabía que las cosas no estaban bien, no pude más que sorprenderme al ver la cara que tenía y supe, sin lugar a dudas, que estaba asustado y destruido.
No quiero embarcarme en un relato largo y penoso que describa una ruptura. Estoy bastante segura de que casi todo el mundo tiene una idea general de qué se trata. Pero sí tengo que destacar un par de detalles, que me dejaron un poquito helada, o hicieron que yo también me quebrara un tanto:

1- Cuando alguien con quien vas a cortar te trae un chocolate y una carta, sin siquiera imaginarse lo que está a punto de pasar, es devastador.

2- Cuando la tristeza inunda los ojos de alguien que te ama, es totalmente visible. Y sí, también es devastador.

3- La forma en que un hombre que estás removiendo de tu vida, sea con delicadeza o no, te abraza o te agarra de la mano, como si no te fuera a soltar, como si no fuera capaz de hacerlo… duele. Todavía más devastador.

4- La frase “te prometo que te voy a amar siempre” no ayuda para nada. De hecho es (sí, adivinaron) devastadora.

5- Que te aseguren, sin dudarlo ni un segundo, que sos la única alegría que experimentó en su vida la persona que estás dejando es muchísimo más devastador que los ítems anteriores.

No soy de hielo. No soy una hija de puta por dejar a alguien que me ama. Aunque releyendo lo que estoy tipeando, sueno como Cruela de Vil haciendo abrigos de perritos. Pero, ¿no es peor alargar un final inevitable nada más que para retrasar el sufrimiento? Si hubiese dejado que esta relación alcanzara más antigüedad, ¿no me hubiese hecho eso una persona peor? Si sé que no siento lo mismo, si sé que no lo voy a sentir… ¿por qué lo voy a dejar hacer planes para un futuro que no vamos a tener?
Yo sé que ahora, con lo que pasó todavía fresco, él quizás no lo entienda. Quizás mire para atrás y vea momentos felices. Yo también los veo. Me acuerdo de un montón de cosas que hicimos juntos y pienso que es algo que voy a atesorar por siempre, porque él me regaló un amor que muchas veces ansié conocer… y que hubiese deseado corresponder con las mismas fuerzas.

En fin. Quiero que este tema quede acá. Quiero dejar que cicatrice todo lo que todavía pueda llegar a doler. Quiero que él sea feliz porque lo merece y quiero ser feliz yo también sin tener que lastimar a nadie por ello. Y sí, sé que la frase “no te quiero lastimar” suena a cliché, pero en mi caso es totalmente cierta.
Y me pregunto ahora, aunque quizás dejándome llevar por las emociones amargas del momento, si será cierto que algunas personas están hechas para estar solas. Es mucho más fácil entenderse a sí mismo que tratar de entender a otros.
Aunque conmigo parece no funcionar ninguna lógica.

L.

lunes, 8 de marzo de 2010

. Nothing in my way .

Hace varios días que no actualizo mi humilde blog de idas y venidas. Hace varios días que siento que me dieron un giro de 180° con el solo propósito de descalibrarme y ver si puedo volver a mi posición normal sin alteración alguna. Hace varios días que estoy con estas “life doubts” de las que habla el título del blog.
En primer lugar, el trabajo. El siempre necesitado, ansiado, malparido trabajo. ¿Saben a qué me refiero? A eso que las empresas llaman “relación de dependencia” pero a mí me suena a esclavitud. A eso que debería ayudarte a pagar las cuentas a fin de mes, pero que siempre llegás contando las moneditas para el bondi. Eso que te da “posibilidades de crecimiento”, pero que hace que cada día me sienta más y más insignificante.
Resulta que mi maravillosa empresa (IBM, mandémoslos al frente) decidió, de un día para el otro, que había over-staff en mi departamento y que por lo tanto sería mejor que me movieran a uno distinto: he aquí que entra en escena DBC Service.

DBC Service es el departamento de General Motors donde los viejos boludos de las concesionarias que le tienen que hacer arreglos a los flamantes vehículos de sus clientes, llaman para reclamar el dinero del arreglo que GM debe retribuirles siempre que así corresponda. Es un departamento lleno de términos como engine, transmission, craft, brakes, refrigerant, trim y demás partes de los autos que no conozco en castellano y mucho menos en inglés. Es decir que paso GRAN parte de mi día escuchando palabras que podrían decírmelas en chino y no haría diferencia alguna. Es decir que me pasaron de un departamento básicamente cómodo (en comparación, se entiende, ¿no?) a esto que no tiene otro adjetivo para ser calificado que no sea MIERDA.
Todo esto, por supuesto, aceleró mi búsqueda laboral. Ahora vivo conectada a páginas de empleos online, hojeo los clasificados cada vez que tengo la oportunidad, me camino el aeropuerto (el siempre cuasi-soñado empleo cerca de casa) de punta a punta repartiendo currículums a dos manos, casi corriendo, como si persiguiera a Tom que está a punto de embarcar en el próximo vuelo de British Airways.
Por ahora, felizmente (nótese el sarcasmo impregnando cada sílaba), no ha salido nada, por lo que sigo ligada a esta empresa, que no sólo me mueve como quiere y me mancilla el cerebro con cosas que jamás voy a comprender, sino que también me paga una miseria. Pero a veces hay que conformarse con eso antes que con nada. Y por eso por más que quiera renunciar con todas mis fuerzas, me obligo a tratar de cumplir, dentro de mis frágiles posibilidades, con la asistencia, como mínimo. Todos los días me levanto entre mi revoltijo de sábanas coloridas y almohadas con letras de Bedshaped y A Bad Dream, retorciéndome en el más mórbido deseo de morir antes de tener que pisar el edificio y subir a mi para nada agradable training.
Y bueno. I don’t wanna go, I don’t wanna stay…

Y, como si eso fuera poco, acá viene el problema número dos: pareja. ¿Qué hacés cuando, después de tres meses de estar con alguien, que está completamente loco por vos, te das cuenta que no lo amás? ¿Qué hacés cuando no te queda más opción que dejar de engañarte a vos misma, porque por mucho que te obligues no vas a lograr enamorarte de él? ¿Qué hacés cuando seguís pensando en la única persona que realmente amaste en tu vida y que es posible que el infierno se congele antes de que se fije en vos?
Pero mi problema actual no se trata de otro tipo. No se trata de que sigo atrás de él. Se trata de la persona que tenés al lado y que no tenés más remedio que lastimar, porque no vas a continuar una relación que sabés con total e inamovible certeza que no va a llegar a ningún lado. Porque ya no se trata de si querés o no a esa persona que fue la única que te erizó la piel y te hizo suspirar en sueños. No se trata de si alguien es mejor que el otro. Se trata de buscar la mejor manera de explicar que hay caminos que nunca se cruzan, y que si se cruzan, son por un atajo inesperado. Y así y todo, sigue siendo un atajo, pero no el destino. El destino sigue siendo otro, aunque a veces camines sin saber exactamente a dónde carajo vas.
La cuestión es que ahora tengo que enfrentarme a mi primera ruptura. Y en cierto modo hubiese preferido que él se hubiese cansado de mí antes de tener que ser yo la que tipee el punto final. Siento que él no lo merece. La culpa me mata cuando me doy cuenta que yo me voy a encargar de dejar otra cicatriz en su corazón. Sin embargo, la vida es así. Se ríe, se llora, se vive, se ama. O no.

So there’s nothing left to say…

Y yo que pensaba que iba a poder ponerme a tararear Clear Skies en paz…


L.