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miércoles, 1 de diciembre de 2010

. Departure .

Probablemente lo que voy a escribir debería llamarse resumen, pero me parece un título poco atractivo. Vayamos con el del tema de Mt. Desolation entonces.

La última vez que posteé algo acá era porque necesitaba compartir la alegría de saber que voy a tener un primero sobrino o sobrina. A pesar de algunas complicaciones al principio del embarazo, mi cuñada está ahora en un perfecto estado de salud, la pancita cada día más grande, y si todo sale bien en la ecografía que va a hacerse mañana ya sabremos el sexo. Estoy ansiosa por saber si tengo que correr a comprar un pantaloncito azul o un vestidito rosa.


En el pasado mes de octubre, como le he mencionado varias veces en éste mismo blog, estaba el tan esperado recital de Green Day, que terminó siendo esa ráfaga de aire fresco que a veces tanta falta me hace. Me hacía muchísima falta y tuve lo que esperaba y muchísimo más.
Al principio me preocupé varias semanas porque parecía que en el trabajo todo se me iba a ir al demonio por tomarme el día para ir al recital, pero al final quedaron en que me lo descontaban y nada más. Así que cuando salí de trabajar el jueves veintiuno de o
ctubre, cumpleaños de Camila, me fui directo a Caballito, a esperar que pasara el tiempo.
El viernes a las seis de la mañana estábamos arriba, entre preparativos y tráfico, llegamos al estadio poco antes de las nueve. Teníamos bastante cola adelante, pero nos sentíamos optimistas. Había sol, no hacía frío, no pintaba que fuera a llover.
¿Qué más podíamos pedir?
Había pasado el mediodía y parte del inicio de la tarde cuando s
e descontroló todo. De repente la fila delante de nosotras desapareció, se armó un nudo gigante de gente, perdimos los lugares, nos apretujamos, corrimos, nos cagamos de calor… y todo se fue a la mierda. Con una de las frustraciones más grandes que sentí en mi vida, salimos del enjambre y nos pusimos a pensar qué mierda íbamos a hacer.
Después de pensarlo un rato, decidimos ir al hotel. Dos de nuestras amigas estaban ahí, Tré había salido la noche anterior y la esperanza de ver a alguno siempre estaba. En un viaje en taxi que resultó interminable, fuimos al Four Seasons.
Ahí todo se puso un poco mejor. Descansamos, tomamos un café del Havanna de enfrente y logramos distendernos de las chicas. Vimos a Jason White dos vece
s (convencida de que lo estaban usando de carnada para que los otros pudieran salir más de incógnito no me quise mover, pero fue un poco en vano), Tré se asomó por la ventana con una Quilmes y Billie Joe saludó desde detrás del vidrio mientras hablaba por teléfono. También pudimos verlos cuando salieron del hotel y se subieron a la camioneta para ir al estadio (aunque yo sólo logré ver a Mike) y nos dimos cuenta que era hora de hacer lo mismo.
Nuestro objetivo era estar en la valla, pero a esa hora (como las ocho de la noche, más o menos) nos parecía imposible. Terminamos en el medio del VIP, que por suerte era un sect
or muy chiquito, pero veíamos bastante bien. y, de todos modos, cuando empezó el recital, nos dejó de importar todo. Camila y Carla se habían quedado perdidas al separarnos para ir al baño, así que pasé todo el show sólo con Paula, agarradas para que no nos apartaran, ni nos pegaran.
Todavía, a poco más de un mes, no tengo forma alguna de describirlo. Fue el
mejor recital al que fui en mi vida, la emoción fue gigantesca porque fueron muchísimos años ansiando que se acordaran de venir. Saltamos, cantamos, gritamos, nos abrazamos y hasta nos miramos con intención de meternos en el pogo. Simplemente increíble. Simplemente un sueño.


Tanto fue así que, dos días más tarde, Paula creaba en facebook un grupo llamado Yo También Quiero que Vuelva Green Stories. Una semana después, había cien personas unidas. ¿Tenía opción? Terminé de escribir “Love is the End” para Keane Fics y me metí de lleno en “Homecoming” una historia de Billie Joe que empezaremos a postear en enero, cuando tengamos la página nueva de Green Stories al fin creada del todo. Hoy, la última vez que chequeé el grupo, había ciento ochenta y un personas. Creo que ni siquiera en las buenas viejas épocas de GS logramos algo así.
El Staff, como nos gusta llamarnos, se puso a trabajar con todo y tenemos tantos planes que no puedo evitar sentirme entusiasmadísima con esto, hacer que de pronto mi vida entera gire en torno a esto.

Lo que me recuerda… también en octubre, antes del recital, me inscribí a la facultad. Durante meses estuve dando vueltas la idea de anotarme en Turismo, por la salida laboral… pero no. Decidí que lo mejor que puedo hacer es probar suerte en lo que me gusta. Si no lo intento, nunca me lo voy a perdonar. No voy a saber qué hubiese pasado. Y así, fui con Emanuel hasta la sede de Puán de la UBA y me anoté en Letras, prometiéndome a mí misma que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ser lo que quiero ser: escritora. Y si no lo logro, al menos sé que no fue porque no le puse ganas.

Después de todos éstos acontecimientos no pasó nada demasiado emocionante, al menos no algo que no esté relacionado con esos ítems en particular.
Hasta éste domingo que pasó.
Estaba en el trabajo, esperando que me fueran a reemplazar para poder ir al baño y cambiarme: me iba a tomar el 8 hasta Caballito para ir a ver la última película de Harry Potter con las chicas. Veo venir a mi supervisora, guardo mis cosas y espero que entre. Le digo que me voy a cambiar mientras cuenta la caja y ella me dice que tiene que hablar conmigo.
Y en menos de dos segundos me había quedado sin trabajo otra vez.
No termino de entender bien del todo qué fue lo que pasó: si me rescindieron el contrato porque ya pasaron tres meses, o porque me mandé alguna cagada, o por qué otra razón.
Así que me cambié, agarré mis cosas, dije au revoir y me fui a tomar el colectivo. Durante un rato estuve bastante enojada, más que nada supongo que porque fue de golpe, no me dieron explicaciones y yo creía que podía estar tranquila por lo menos hasta enero.
Pero se me pasó. Lo analicé. Lo pensé. Me di cuenta que ni siquiera me molesta. Era sabido de antemano que había un cronómetro en todo esto. Ya lo tenía asimilado. Y no es como si hubiera perdido un contrato con una editorial. Es simplemente otro de los tantos trabajos pasajeros que tuve/tendré hasta poder hacer lo que realmente quiero hacer (y créanme cuando digo que lo voy a hacer).
Así que hoy fue mi primer día de regreso al desempleo. Eso explica por qué volví al blog (sinceramente, entre el trabajo, Green Stories, Keane Fics, la lectura y demás, no tenía tiempo para esto y lo fui dejando de lado). De manera que ahora es posible que vaya contando las peripecias varias de lo que se viene. Aunque advierto que me lo estoy tomando con calma y puede terminar siendo aburrido.

L.-

jueves, 1 de julio de 2010

. Hiding in my tree .

Cuando estoy desempleada tengo un patrón de conducta. Al no tener nada que hacer voy anidando en una rutina cada vez más monótona. Y cualquier cosa que altere esa rutina, por pequeña que sea, me va sacando de quicio.

Un ejemplo sería que me desacostumbro a interactuar socialmente. Esto funciona de la siguiente manera: no trabajo, por lo tanto dejo de conocer personas nuevas; como a su vez me quedo sin sueldo y tengo que recortar gastos cada vez salgo menos; al no poder pagar ni siquiera el boleto del tren, casi no veo a mis amigos – ¡hace meses que no veo a nadie! -; ergo, la única persona que veo regularmente y con la que interactúo es mi mamá, o día por medio con mi papá.
Esta tarde vino mi hermano a buscar unas cosas que necesitaba para trabajar. Como siempre que llega alguien, mis cuatro perros hacen un escándalo de aquellos y, por lo tanto, mi hermosa siesta se vio interrumpida (sí, duermo la siesta, ¿qué se supone que haga durante TODO el día?). Me levanté, me serví algo para merendar y me senté en el comedor. Y entonces lo empecé a notar.

Fastidio. Pero un fastidio profundo. Ruidos a los que me desacostumbré, idas y venidas, cosas que se mueven de lugar. Y una vez que mi hermano se fue, mi papá se sentó a ver la televisión a un volumen insano, algún programa deportivo de esos que son conducidos por personas con menos cerebro que una ameba.
Me encerré en mi pequeño mundo privado, como termino haciendo siempre que algo me molesta. Abrazada a mi BlackBerry como si fuera un salvavidas me puse a chatear (Ema y Cami, no sé qué haría sin ellos), en un mínimo intento de socialización, al menos digital. Pero cuenta. Creo.

Es agotador. No hacer nada conlleva un esfuerzo mental insoportable. Quizás el cuerpo está descansado, pero la cabeza zumba como loca. Por eso cuando tengo una entrevista de trabajo o una salida inesperada me pongo un poco histérica. No sé cómo arrancar. No sé cómo manejarme.
Otro ejemplo. Hace semanas que sé que a las once de la mañana hay un partido y a las tres y media de la tarde hay otro. Ayer y hoy el Mundial tuvo una pausa. Y enloquecí. No sabía que hacer. Di vueltas todo el tiempo. Para colmo esto fue acompañado con el hecho de que TODAS las series que veo ya llegaron a su final de temporada, así que por ese lado tampoco hay con qué tapar los agujeros.
Lo único nuevo que estoy haciendo es ir a clases particulares dos veces por semana. Quizás eso me ayude a despertarme de a poquito. O quizás se haga un milagro en mi vida y sufra algún cambio radical, o encuentre algún camino por el que deambular menos recto, con más zigzag, más impredecible, más divertido.

Lo peor de todo es que si no fuera por el bajón económico, quizás no me molestaría estar escondida en mi propio universo. Saldría más seguido, sí, pero no me agobiaría pensando en que no tengo trabajo, todo me importaría un comino y me quedaría en casa, menos estrangulada, pero en el mismo pequeño pozo en el que estoy ahora.
Supongo que en cierta manera no puedo evitar sentirme cómoda entre mis cosas, segura, mediocremente feliz. Tengo (casi) todo lo que necesito: un estante lleno de libros, una computadora en la que puedo escribir, comida en la cocina y alguien con quien hablar.
Pero, ¿hasta cuando puede un ser humano sobrevivir así, privándose de la vida? ¿Cuánto te podes esconder hasta que los ruidos te alcancen?
O tal vez sea otra irrefutable indirecta de que soy una persona que sirve para estar sola.

Y por ahora no me quejo.

L.-

sábado, 17 de abril de 2010

. Just a hopeless dreamer .


Tengo algunas particularidades que me hacen ser exactame
nte como soy y que, malas o buenas, no cambiaría por nada del mundo. (¡No otra vez, al menos!)
1- Si me engancho con un libro, puedo devorarlo en un solo día, sin importar la cantidad de páginas que tenga.
2- Siempre que viajo (tren, colectivo, combi, micro, auto, ¡lo que sea!) dentro de mi cabeza se van formando frases que forman párrafos que forman parte de alguna historia que estoy escribiendo.
3- Siempre me olvido las frases y párrafos que se forman en mi cabeza mientras viajo.
4- Los sonidos que más disfruto son la lluvia y el silencio.
5- Me gusta ir a Paseo La Plaza los días de semana, al mediodía, cuando todos están en sus respectivos trabajos, y sentarme en un banco de madera debajo de un árbol, escuchando música tranquila de fondo y escribirle cartas a Tim que nunca envío.
6- Cada vez que voy a algún lado con mi mamá, no puedo evitar comprarle todo lo que quiere a pesar de que mi billetera y mi cuenta bancaria se vayan vaciando alarmantemente.
7- Me gusta mucho el ciboulette. La hierba y la palabra.
8- Me declaro como una semi-vegetariana: no como carnes rojas, pero sí como pollo y fiambres. Ni yo me lo termino de explicar todavía.
9- Me gusta hacer girls night completamente sola: me pongo música que me guste o alguna serie, como con palitos chinos, me hago un facial y termino en la cama con un buen libro.
10- Detesto los celulares con pantalla táctil.
11- Amo mi Blackberry.
12- Colecciono peluches de orugas.
13- Soy adicta a los bizcochitos de grasa de la panadería.
14- Me gusta el mate dulce y lavado.
15- No le tengo paciencia a mi pelo, por eso prefiero tenerlo corto.
16- Me gusta más lo salado que lo dulce, pero nunca le digo que no a un chocolate o a una caja de Sugus Confitados (perdición total, ¡más los de color rosa!).
17- He llegado a ver Notting Hill tres veces en el mismo día. Y lloré como una marrana cada una de esas veces.
18- A pesar de que Hugh Jackman, Gerard Butler y Josh Holloway están para ser comidos con cuchara, mis actores preferidos son Ian McKellen y Colin Firth.
19- Uno de mis trabajos soñados sería entrar en British Airways.
20- La realidad es que mi aspiración profesional sería ser Beth, la asistente personal de Keane.
21- Tengo una afición a los moños, y si son rosas mucho mejor.
22- Nunca me gustó mostrar las piernas pero ahora muero por los vestiditos.
23- Bajé doce kilos en dos meses y todavía no me explico cómo lo hice.
24- Siempre me engancho con más series de las que puedo ver.25- Estoy enamoradísima de Ned, el pastelero de Pushing Daisies (uno de los dos hombres en esta tierra con el que me casaría sin dudarlo).
26- Elijo los nombres de mis futuros hijos según personajes de libros que me marcaron.
27- Compro vinilos de Keane por el mero hecho de tenerlos, aunque no tengo manera alguna de reproducirlos.
28-
No volví a lavar (ni a usar, vale aclarar) las zapatillas que usé el 7 de marzo de 2009 en el recital de Keane del Club Ciudad.
29- Si no me levanto con Tim cantándome These Days desde el celular, mi día empieza muy mal.30- Lloro prácticamente por todo.
31- Amo a mis mascotas, pero mi debilidad absoluta es mi perrito Frodo.
32- Odio cuando la gente le pone nombres comunes y repetidos a sus mascotas (y ni hablar de cuando le ponen nombres ridículos a sus hijos).
33- El lugar donde más cómoda me siento es en una reunión de Fan’s Club.34- Tengo MUY mala memoria.
35- Me hace feliz retozar en mi cama los domingos a la mañana.
36- No sirvo para dormir hasta tarde, excepto que esté en la casa de mis primas.
37- Me encanta la Navidad, pero Año Nuevo me deprime.
38- Me gusta cocinar, pero sólo cosas dulces.
39- Odio a una parte de mi familia.
40- Me gusta hacer manualidades y organizar fiestas.
41- Siempre quiero estudiar algo, pero nunca me decido a empezar.
42- Soy un poco inconstante en prácticamente todos los aspectos de mi vida.
43- Mi risa cambia con el paso del tiempo.
44- Mi grupo de amigos es una de las mejores cosas que me pasó en la vida.
45- Siempre empiezo a ahorrar para irme de viaje a UK, pero nunca me dura la plata.
46- Lo más que duré en un trabajo fueron seis meses.
47- Nunca entendí por qué gente como Shakira o Enrique Iglesias canta (y por qué ganan tanta plata) o por qué gente como Marcela Morelo y Diego Torres no se jubilan de una vez.
48- Detesto la televisión abierta.
49- No tengo paciencia para sacar fotos.
50-
Prefiero irme de vacaciones en invierno y caminar por al lado del mar bien abrigada.
51- Me gustan los fideos más que cualquier otra comida.
52- Invento recetas que no siempre salen bien.
53- A veces voy caminando hasta el hotel Faena nada más que para recordar mis días más felices, cerrar los ojos e imaginar que sigo ahí.
54- Necesito tener siempre a mano algo para escribir.
55- Con algunos libros me emociono tanto que hasta pego grititos, me río sola o lloro más que con cualquier otra situación de la vida real.
56- Me encanta la ropa y tengo buen gusto para vestirme, pero nunca gasto plata ni tiempo en hacerlo.
57- Sueño todo el tiempo, no importa si estoy despierta o dormida.
58- A veces hablo sola en inglés sin darme cuenta.
59- No entiendo ABSOLUTAMENTE NADA de autos.
60- Siempre quise aprender francés.
61- Mi beatle preferido es Ringo.
62- Quiero una laptop rosa, pero le tengo mucho amor a mi viejo cacharro aparatoso que se hace llamar computadora.
63- Colecciono los tags de las aerolíneas que se caen de las valijas en el aeropuerto.
64- Me gusta pintarme los labios de rojo.
65- Se me pegan frases que detesto, como: “te re cabió”.
66- Puedo leer el Señor de los Anillos un millón de veces sin cansarme jamás.
67- Amo andar descalza en verano.
68- Me gusta bañarme con agua caliente y dejar que me caiga en la parte de atrás del cuello durante un buen rato.
69- Tengo un montón de proyectos que no sé cómo realizar y a veces hasta me da fiaca averiguarlo.
70- Los análisis de sangre son, para mí, un sinónimo fiel de “tortura”.
71- El Lemon Pie me puede.
72- Mi trago preferido es el daikiri de frutilla.
73- Abrazo gente todo el tiempo.
74- Hay canciones que me ponen la piel de gallina.
75- Me divierte tener blogs.
76- Uno de mis tantos sueños es tener una librería como la que tiene Meg Ryan en Tienes un E-mail.
77- Tuve tres granitos en un cachete durante meses. Use mil cremas y no logré sacarlos. Dejé de ir a IBM y desaparecieron.
78- El olor del desodorante Nivea Double Effect me hace acordar a la última visita de Keane.
79- Siempre trato de llevar diarios, pero me aburro rápido porque nunca tengo mucho que contar.
80- En mi habitación tengo la hora de Buenos Aires en la computadora… y la de Londres en el reloj del escritorio.
81- Me encantan los juegos de mesa (y los juegos en general) y me enoja que mis amigos no quieran seguir jugando xD.82- Adoro a las boy bands noventosas, en especial a los Backstreet Boys y Westlife.
83- Por alguna razón, los niños tienden a adorarme.
84- Extraño la casa de Banfield.
85- Últimamente caí en la tentación de descargar libros de Internet. Siempre preferí tener el libro de verdad en la mano, ¡pero algunos no se consiguen y aparte no tengo mucho capital, que digamos!
86- Podría leer Corazones Salvajes, de Jayne Ann Krentz TODOS LOS DÍAS.87- A pesar de lo fastidioso que resulta, siempre se me termina pegando algún que otro tema de alguna banda poco gloriosa (por ejemplo, los Jonas Brothers u.u)
88- Muchas veces desearía que escribir fics fuera un trabajo redituable.
89- Me irrito si, de tanto en tanto, no me dejan un buen rato sola.
90- Sigo pensando, más que nunca, que los hombres inalcanzables son mil veces más maravillosos que cualquier otro que puedas cruzarte en la calle.
91- Amo las tardes de Starbucks/McDonald’s con Kmi y Ema hablando de libros.
92- Me gusta quedarme dormida después de horas y horas charlando con Pau en la oscuridad.

93- No hay nada como levantarse todos los días con una sonrisa porque sabes quién sos, qué querés y qué te hace feliz.

Entre muchas, muchas otras cosas.

L.

jueves, 15 de abril de 2010

. Y Tim Rice-Oxley me arrastra a su antojo .

Ésta mañana cuando me levanté sentía (además de una pelota en el estómago por toda la chatarra que estoy ingiriendo últimamente) la misma motivación que me dejó ayer la tarde de escritura. Por lo tanto, después de tomarme un té con la esperanza de que eso me aliviara un poco el malestar, me senté en la cama rodeada de todos los cuadernitos que normalmente utilizo para anotar las ideas para futuras/presentes historias y me puse a revolverlos en busca de mi próxima actividad literaria.
Tras varios minutos de ir y venir entre distintos fics (uno lacrimógeno de Tom, uno más electrizante de Tim, uno que estaba completamente indefinido, etc.) me dije a mí misma que quizás era hora de centrar mi cabeza en escribir algo non-fic related. Nunca antes me animé a hacerlo, porque muchas veces las ideas que me surgen vienen attacheadas de una con: a) un tipo que toca el piano y tiene el pecho peludo; b) un tipo en sus treintas, con mejillas rosadas y actitud infantil; c) un tipo con mucha barba, algo escuálido y muchas ideas políticas. Sin embargo, ésta vez (la primera vez), me dije que no puede ser tan difícil. Un personaje es un personaje, ¿o no? Que tenga ojos azules y sepa tocar la batería no quiere decir que sí o sí tenga que ser Richard Hughes.
Así que me puse a pensar, incansable, mil conceptos distintos para lo que alguna vez podría llegar a ser un prospecto de un libro de verdad. Desenterré ideas que habían quedado de la época de Green Stories, traté de ver si las que no hice para Keane Fics podían adaptarse, rebusqué en el fondo de mi mente a ver si había una leve lucecita que me marcara el camino... y encontré algunas cosas. Cosas que no me convencieron demasiado, pero cosas al fin.

Hace un par de horas, chateando por MSN con mi mejor amigo, Emanuel, me dice que había previews de algunos temas nuevos de The Night Train (aquellos no muy duchos en cuestiones de Keane: el EP que la banda lanza en el próximo mes de mayo), incluída la canción Your Love, que lleva al frente la voz de Rice-Oxley. Con la desesperación digna de una freak como yo, le rogué que me pasara los temas. Lo soborné, le prometí tortas de chocolate y le puse caritas llorosas para que se conmoviera. Todo innecesariamente, porque Ema es lo más dulce del mundo y no hace falta que te pongas de rodillas: si puede hacer algo para que seas feliz, lo hace.
De modo que mi maravilloso amigo me manda por mail un archivo titulado "back in time and your love", que me apuro en descargar en mi Blackberry. Desesperadísima, espero hasta que la descarga llega al cien por ciento y pongo play.
Eran sólo treinta segundos de cada una. Back in Time me pareció bastante agradable, pero seguía siendo la voz de Tom, así que mi ansiedad estaba enfocada hacia otro lado y no llegué a dedicarle la atención que merecía (prometo hacerlo en un rato). Después de los treinta segundos más eternos de mi vida... lo escuché. Es su voz. La voz que me despierta todas las mañanas, la que causa lágrimas inexplicables apenas abre la boca.
Absolutamente emocionada, balbuceo un par de cosas inteligibles por MSN y salgo corriendo a hacer que mi mamá (que siempre tiene que sufrir mi locura por Keane) escuche esa cosa hermosa.

Y mientras la repetía, una y otra vez, esos últimos treinta segundos, esos únicos treinta segundos... lo supe. Se viene otro fic. Me lo arranca aunque no quiera. No me da otra opción. Me suplica una muestra más de amor, me pide que lo plasme en una hoja virtual, como tantas otras veces. Me convence. Con esa voz dulce que me resulta irresistible (aunque a otros les resulte "inoible" xD). Me atrapa. Otra vez. Como siempre. Sin remedio. Sin escapatoria. Sin deseos de escapar.
Y le digo que sí. Porque soy débil, porque quiero, porque me puede, porque soy suya. Así que mi nueva misión se trata de encontrar una idea a la altura de ese hombre.
Va a ser difícil, pero por él, lo imposible.

L.

PS: Lo genial es que, cada vez que uno de estos asuntos taaan míos me regalan esta alegría extrema, Adrián me viene con tragedias, en forma de e-mail. La última: está tan mal, tan deprimido, tan perdido, que tiene que tomar ansiolíticos. ¡Quién me manda a mí!