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jueves, 13 de enero de 2011

. Empezando con retraso .

Quizás fue por vagancia, quizás fue un arranque de no querer ser convencional, pero no terminé de decidir mis propósitos de año nuevo hasta esta mañana. Como todos los años, los puse por escrito y me pareció una buena idea ponerlas en un blog donde podría verla todo el mundo (o las dos o tres personas que leen esto, en realidad), lo cual ejercería cierta presión y tal vez ayude a que cumpla varias.
Por eso, acá están. Veremos en diciembre qué tal me fue.

  1. Bajar de peso (unos 10 kilos estaría bien) y tratar de mantenerme.
  2. Participar del NaNoWriMo de este año (aunque sea con una historia para GS).
  3. Hacer todo el CBC.
  4. Tratar de ayudar a tantos perros/gatos abandonados como sea posible.
  5. Ir incorporando más comida vegana y descartando los derivados de animales.
  6. Unirme a alguna organización de defensa de los derechos de los animales y participar activamente; o al menos comprometerme con todas las causas que pueda, asistir a las marchas, firmar peticiones, difundir información, etc.
  7. Tener algo de plata ahorrada a fin de año.
  8. Ver Star Wars.
  9. Ampliar mi biblioteca todo lo que se pueda, con al menos un libro al mes.
  10. Escribir no menos de cinco historias.
  11. Ir de viaje, al menos un fin de semana.
  12. Sacar otro libro de GS.
Esperemos terminar mejor que el año pasado. Aunque definitivamente, las metas de este año son un poco mejor que las del que pasó.

L.-

miércoles, 8 de diciembre de 2010

. De desempleos (no tan indeseados) y bebés .

La vida se desliza en la monotonía habitual de no tener trabajo, pero ésta vez en lugar de enojarme, fastidiarme, ponerme de mal humor y buscar trabajo compulsivamente online… lo estoy disfrutando tanto que no sé si quiero que se termine.
La cosa es así: en los últimos meses, o más bien en el último año, empecé a tomarme más en serio las cosas que de verdad me importan/ me gustan/ me hacen bien. Y una de ellas es, sorpresa sorpresa, escribir. Empecé a ser consciente de que los trabajos que voy teniendo no me importan tanto, porque no son lo que quiero hacer, así sea un buen puesto, donde me paguen bien o que medianamente me guste. Trabajar en el aeropuerto me gustaba. Pero me amargó un ratito nada más el no trabajar más ahí, supongo que porque fue inesperado. Después de eso, me di cuenta que ni siquiera me afectó. Me dio lo mismo.
No es que sea una vaga que se quiere quedar tirada en la cama todo el día, porque tampoco es así. Pero quiero dejar de hacerme problema por cosas que, al fin y al c
abo, realmente espero que sean pasajeras. Porque yo no quiero pagarle la devolución de impuestos a los extranjeros toda mi vida, o atender un teléfono en la recepción de una empresa o, peor, en un call center. No quiero trabajar en un negocio de ropa, ni hacer los receptivos de los cruceros, ni nada de eso. Quiero sentarme en frente de mi computadora y ser lo que sé que soy bien en el fondo de mi alma: una escritora. Hoy será Green Stories o Keane Fics, mañana será un libro de verdad, pero es esto. Esto y nada más.
Sé que es difícil y sé que muchos escritores se mueren de hambre toda su vida o terminan trabajando de otra cosa, por falta de suerte, por falta de talento, por falta de algo. Pero… siento que no me importa. Está bien, ahora no tengo problemas para mantenerme, no tengo a nadie a mi cargo, no tengo verdaderas responsabilidades y quizás por eso no me interesa. Pero no logro sentirme tampoco guiada por la idea de que la plata es la razón para hacer algo. No lo veo así. Hace ya bastante que me di cuenta que la plata no hace la felicidad. Puedo tener los bolsillos llenos laburando en cualquier parte, ¿pero en qué me va a hacer bien eso? ¿Comprarme cosas? ¿De verdad voy a basar mi existencia en una razón meramente material? Sí, me encantaría tener una laptop, pero si tengo que seguir con mi computadora de quince años tampoco me voy a morir. Sí, me encantaría ir a Inglaterra, pero en cuanto a magnitudes de sueños y deseos, ser yo misma, ser feliz y no tomar decisiones sólo basándome en cuánto voy a ganar o cuánto voy a tener le kickea el ass por mucho.

Así que acá estoy, feliz a pesar del desempleo; tranquila a pesar de que sé que en un tiempo las deudas me van a tapar la cabeza si no hago algo. Hoy tuve una entrevista para un puesto que en otro momento me hubiese vuelto loca por tener, pero salí de ahí pensando que más adelante los horarios de ese trabajo se superpondrían con los de la facultad y no podría hacer las dos cosas. Y me di cuenta que no me muero si no me llaman. Al contrario, sinceramente no me va ni me viene.
Si mi viejo leyera esto, me miraría horrorizado.

En cuanto a otras noticias, acá les presento a mi hermoso sobrino, un varoncito que estará naciendo aparentemente los primeros días de mayo, que se chupa el dedo en las ecografías y que está cada día más grande:

Me voy a pasar el resto de ésta noche demasiado calurosa escribiendo. Obviamente. Green Stories estrena en nada y no puedo parar un segundo.

L.-

miércoles, 1 de diciembre de 2010

. Departure .

Probablemente lo que voy a escribir debería llamarse resumen, pero me parece un título poco atractivo. Vayamos con el del tema de Mt. Desolation entonces.

La última vez que posteé algo acá era porque necesitaba compartir la alegría de saber que voy a tener un primero sobrino o sobrina. A pesar de algunas complicaciones al principio del embarazo, mi cuñada está ahora en un perfecto estado de salud, la pancita cada día más grande, y si todo sale bien en la ecografía que va a hacerse mañana ya sabremos el sexo. Estoy ansiosa por saber si tengo que correr a comprar un pantaloncito azul o un vestidito rosa.


En el pasado mes de octubre, como le he mencionado varias veces en éste mismo blog, estaba el tan esperado recital de Green Day, que terminó siendo esa ráfaga de aire fresco que a veces tanta falta me hace. Me hacía muchísima falta y tuve lo que esperaba y muchísimo más.
Al principio me preocupé varias semanas porque parecía que en el trabajo todo se me iba a ir al demonio por tomarme el día para ir al recital, pero al final quedaron en que me lo descontaban y nada más. Así que cuando salí de trabajar el jueves veintiuno de o
ctubre, cumpleaños de Camila, me fui directo a Caballito, a esperar que pasara el tiempo.
El viernes a las seis de la mañana estábamos arriba, entre preparativos y tráfico, llegamos al estadio poco antes de las nueve. Teníamos bastante cola adelante, pero nos sentíamos optimistas. Había sol, no hacía frío, no pintaba que fuera a llover.
¿Qué más podíamos pedir?
Había pasado el mediodía y parte del inicio de la tarde cuando s
e descontroló todo. De repente la fila delante de nosotras desapareció, se armó un nudo gigante de gente, perdimos los lugares, nos apretujamos, corrimos, nos cagamos de calor… y todo se fue a la mierda. Con una de las frustraciones más grandes que sentí en mi vida, salimos del enjambre y nos pusimos a pensar qué mierda íbamos a hacer.
Después de pensarlo un rato, decidimos ir al hotel. Dos de nuestras amigas estaban ahí, Tré había salido la noche anterior y la esperanza de ver a alguno siempre estaba. En un viaje en taxi que resultó interminable, fuimos al Four Seasons.
Ahí todo se puso un poco mejor. Descansamos, tomamos un café del Havanna de enfrente y logramos distendernos de las chicas. Vimos a Jason White dos vece
s (convencida de que lo estaban usando de carnada para que los otros pudieran salir más de incógnito no me quise mover, pero fue un poco en vano), Tré se asomó por la ventana con una Quilmes y Billie Joe saludó desde detrás del vidrio mientras hablaba por teléfono. También pudimos verlos cuando salieron del hotel y se subieron a la camioneta para ir al estadio (aunque yo sólo logré ver a Mike) y nos dimos cuenta que era hora de hacer lo mismo.
Nuestro objetivo era estar en la valla, pero a esa hora (como las ocho de la noche, más o menos) nos parecía imposible. Terminamos en el medio del VIP, que por suerte era un sect
or muy chiquito, pero veíamos bastante bien. y, de todos modos, cuando empezó el recital, nos dejó de importar todo. Camila y Carla se habían quedado perdidas al separarnos para ir al baño, así que pasé todo el show sólo con Paula, agarradas para que no nos apartaran, ni nos pegaran.
Todavía, a poco más de un mes, no tengo forma alguna de describirlo. Fue el
mejor recital al que fui en mi vida, la emoción fue gigantesca porque fueron muchísimos años ansiando que se acordaran de venir. Saltamos, cantamos, gritamos, nos abrazamos y hasta nos miramos con intención de meternos en el pogo. Simplemente increíble. Simplemente un sueño.


Tanto fue así que, dos días más tarde, Paula creaba en facebook un grupo llamado Yo También Quiero que Vuelva Green Stories. Una semana después, había cien personas unidas. ¿Tenía opción? Terminé de escribir “Love is the End” para Keane Fics y me metí de lleno en “Homecoming” una historia de Billie Joe que empezaremos a postear en enero, cuando tengamos la página nueva de Green Stories al fin creada del todo. Hoy, la última vez que chequeé el grupo, había ciento ochenta y un personas. Creo que ni siquiera en las buenas viejas épocas de GS logramos algo así.
El Staff, como nos gusta llamarnos, se puso a trabajar con todo y tenemos tantos planes que no puedo evitar sentirme entusiasmadísima con esto, hacer que de pronto mi vida entera gire en torno a esto.

Lo que me recuerda… también en octubre, antes del recital, me inscribí a la facultad. Durante meses estuve dando vueltas la idea de anotarme en Turismo, por la salida laboral… pero no. Decidí que lo mejor que puedo hacer es probar suerte en lo que me gusta. Si no lo intento, nunca me lo voy a perdonar. No voy a saber qué hubiese pasado. Y así, fui con Emanuel hasta la sede de Puán de la UBA y me anoté en Letras, prometiéndome a mí misma que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ser lo que quiero ser: escritora. Y si no lo logro, al menos sé que no fue porque no le puse ganas.

Después de todos éstos acontecimientos no pasó nada demasiado emocionante, al menos no algo que no esté relacionado con esos ítems en particular.
Hasta éste domingo que pasó.
Estaba en el trabajo, esperando que me fueran a reemplazar para poder ir al baño y cambiarme: me iba a tomar el 8 hasta Caballito para ir a ver la última película de Harry Potter con las chicas. Veo venir a mi supervisora, guardo mis cosas y espero que entre. Le digo que me voy a cambiar mientras cuenta la caja y ella me dice que tiene que hablar conmigo.
Y en menos de dos segundos me había quedado sin trabajo otra vez.
No termino de entender bien del todo qué fue lo que pasó: si me rescindieron el contrato porque ya pasaron tres meses, o porque me mandé alguna cagada, o por qué otra razón.
Así que me cambié, agarré mis cosas, dije au revoir y me fui a tomar el colectivo. Durante un rato estuve bastante enojada, más que nada supongo que porque fue de golpe, no me dieron explicaciones y yo creía que podía estar tranquila por lo menos hasta enero.
Pero se me pasó. Lo analicé. Lo pensé. Me di cuenta que ni siquiera me molesta. Era sabido de antemano que había un cronómetro en todo esto. Ya lo tenía asimilado. Y no es como si hubiera perdido un contrato con una editorial. Es simplemente otro de los tantos trabajos pasajeros que tuve/tendré hasta poder hacer lo que realmente quiero hacer (y créanme cuando digo que lo voy a hacer).
Así que hoy fue mi primer día de regreso al desempleo. Eso explica por qué volví al blog (sinceramente, entre el trabajo, Green Stories, Keane Fics, la lectura y demás, no tenía tiempo para esto y lo fui dejando de lado). De manera que ahora es posible que vaya contando las peripecias varias de lo que se viene. Aunque advierto que me lo estoy tomando con calma y puede terminar siendo aburrido.

L.-

lunes, 23 de agosto de 2010

. De aeropuertos y ladridos .

No hay nada como ir a trabajar y que te reciban un montón de aviones hermosamente alineados, listos para volar. Creo que ésa es una de las cosas que siempre me gustaron de trabajar en el aeropuerto: que sentís que estás en un lugar en el que no hay fronteras. Es como si no estuviera en Argentina. Estoy en la parte del mundo a la que pertenece la persona con la cual voy interactuando a lo largo del día.
Cuando me voy, me pregunto cuándo será mi turno de volver a entrar al
aeropuerto, pero no para trabajar, si no para poder volar yo también.
El sábado llegué cinco minutos antes. No estaba nerviosa. Estaba donde quería estar. Las dos chicas del stand son sumamente agradables y pegamos onda enseguida. El trabajo es bastante simple: se trata de retribuir los impuestos por la compra de productos nacionales a turistas extranjeros. Sólo eso. Requiere muchísima atención para no cometer errores, pero fuera de eso es bastante relajado.
Éstos dos últimos días estuve llegando media hora antes (tengo muy mal cálculo de los horarios de los colectivos) y hoy necesité de toda mi fuerza de voluntad para vestirme y salir camino al aeropuerto. No porque no me guste el laburo, porque hasta ahora tengo que decir que me encanta. Simplemente tengo una gripe demasiado insoportable para poder ser feliz.
Pero fuera de lo mucho que me dolía la garganta y lo frustrante que me resultaba repetirles TODO a los brasileros que exigían que levantara la voz mientras mis ganglios se hinchaban en concordancia, admito que lo disfruto. Me gusta. No hay nada como hablar con alguien de otro país. Abrir un pasaporte, tener un boarding pass en la mano. El tránsito de valijas, la variedad de acentos. La Coca-Cola de diez pesos, los chocolates importados que jamás compré. Gente que recibe amigos. Gente que despide familiares. Aviones que despegan.
Otra cosa que me hace excepcionalmente feliz de éste trabajo es el horario. Tengo tiempo para todo. Ésta mañana, por ejemplo, tuve todo el tiempo del mundo de levantarme, lamentarme por mi gripe, terminar de leer un libro (ver crítica del libro aquí), darme una ducha, terminar de escribir un capítulo para KeaneFics, almorzar con mamá, jugar una partida de solitario, jugar con Alaska, besar a Frodo, cambiarme y salir.
Y ayer domingo, además, tuve tiempo de pasar la mañana en el Refugio San Nicolás, donde hice mi primer día como voluntaria. Tengo que decir que por ser el primer día no hice la gran cosa. Mi gran tarea fue impartir mimos a cuanto perrito se me acercara y dejar que me fueran conociendo. Hay perritos de tres patitas. Hay algunos que están parcialmente ciegos o parcialmente paralíticos. Hay otros que tuvieron accidentes horribles y se recuperaron. Hay algunos que salieron de zoonosis de Lomas de Zamora en un estado deplorable y ahora están terriblemente felices. Y todos, todos ellos buscan un hogar.

Acá hay algunos de los tantos perritos de los cuales ayer me enamoré:

Negrita, una viejita llena de canas súper pancha que le encanta que le rasquen la cabecita.

Rabonita, una saltarina de aquellas. Algunos hijos de puta la tajearon con algo filoso y tiene uno de sus lados lleno de cicatrices.

Trapito, le encanta sentarse a mirar la nada y es HERMOSO.

Trompita tuvo moquillo y quedó con problemas en sus patas, camina bastante chueco, pero es muy alegre, juguetona y cariñosa.

A Manitos no lo pude conocer de cerca, pero es hermoso. Es muy desconfiado de la gente porque tuvo una vida difícil y tiende a morderle las manos a los que considera una amenaza. De ahí el nombre.

El Impecable es un perro precioso, que ahora está súper sano. ¡Tengo que averiguar bien de dónde proviene ese nombre tan particular!

Y ésta es Maite, la gorda hermosa de la que me colgué casi toda la mañana. Es amorosísima y muy mimosa. Amor a primera vista.

Estando ahí en el refugio, uno ve en primer plano la vida difícil de muchísimos animales. Es ahí cuando realmente te golpea el hecho de que hay muchos buenos perros o gatos buscando un hogar donde le puedan dar amor. Por eso es tan importante adoptar mascotas en lugar de comprarlas. Hay muchos esperando una segunda oportunidad, pero no hay gente suficiente con las ganas de otorgarla.

¡Si fuera por mí me los traigo a todos!

L.-

miércoles, 16 de junio de 2010

. As you begin rearranging .

¿Alguna vez tuvieron la sensación de tener la cabeza repleta de pensamientos, de ideas, de reflexiones y, al mismo tiempo, completamente vacía?
Eso es lo que me está pasando a mí últimamente. Por un lado, no dejo de pensar en que:
- Necesito conseguir entrevistas de trabajo enseguida;
- Necesito que esas entrevistas vayan GENIAL y tener trabajo lo más pronto posible;
- Tengo que pagar muchísimas deudas;
- ¿Por qué llegó otra factura de celular?
- Matemáticas, matemáticas, matemáticas;
- Contabilidad, contabilidad, contabilidad;
- Tengo que empezar a moverme antes de asentarme demasiado y terminar con un culo gigantesco que rebalsa de las sillas;
- ¿Cómo carajo se supone que voy a escribir esta historia de mierda?
- Uff, ¡asco, asco! ¿Por qué me siguen traumando los recuerdos de mi ex?
- Pará, ¿me estás diciendo que la tarjeta de crédito YA VENCIÓ?
- ¿Por qué mierda los putos de IBM no dan la cara y me pagan de una vez lo que me deben?
- ¡¿Cómo es eso de que suspendieron el recital de Green Day?!

Pero, por otro lado, nada. Un zumbido. Silencio. Ni la más mínima actividad cerebral. A pesar de todas las preocupaciones y los quilombos que se me están viniendo encima, parece que sigo funcionando en piloto automático. Estoy en ese momento en que yo tiro currículums a dos manos y trato de hacer que las cosas funcionen, pero dependen sólo un 50% de mí. Porque por más que haga lo que haga, lo que necesito es que alguien me llame. Se interese, se de cuenta que puedo hacer algo, por poco que sea. Necesito que me den una oportunidad.
Mientras tanto me estreso sobremanera pensando cómo voy a hacer para pagar las facturas que se acumulan sobre mi escritorio. Me quedo encerrada en casa por el mero hecho de no tener que pedirles a mis viejos que me den plata para salir. Me tiro en el sillón todo el día a mirar el mundial (¡sí, yo mirando fútbol!) o devoro libros uno tras otro sólo para matar el tiempo. Me doy cuenta que la vida que estoy llevando me va desgastando y trato de concentrarme en otras cosas y simplemente me termina ganando la preocupación, el stress y la montaña de problemas, que ya es demasiado alta para mi pobre metro sesenta (bueno, está bien… metro cincuenta y ocho).
Trato de relajarme y no desesperar. Todos los días me digo a mí misma que ya va a aparecer algo. Lo que pasa que cada vez me cuesta más convencerme, a medida que pasan los días y voy faltando a la promesa que me repito incansablemente.
Más que nunca estoy vagando entre live blogs y life doubts.

Lo único que me anima en éste momento es saber que estoy sola, no necesito estar fingiendo que me importa una relación que no me hace feliz. Me anima saber que soy yo misma y que no necesito de otra persona para sentirme completa.
Me anima que Tim haya dejado atrás la vergüenza y se haya decidido a cantar Your Love en vivo. Me anima todavía tener cosas como esas, que parecen insignificantes, pero me arrancan una sonrisa a pesar de todo.

L.-

viernes, 21 de mayo de 2010

. Post despelotado .

¡Dios, como extraño mi blog!
Como odio mi computadora y su conexión pedorra que no me deja hacer lo que quiero y usar las páginas que me resultan indispensables.

Pero fuera de este descargo racional (sí, racional), es entes momento estoy fantásticamente bien. No se debe a que conseguí trabajo (de hecho, por ese lado, viene todo BASTANTE fallido). No se debe a que me gané el telekino (cosa que me hace acordar que mi mamá me pidió que comprara uno y no lo hice). Tampoco llegó esa propuesta matrimonial de Tim Rice-Oxley que vengo esperando largamente (¿pueden creer que ni una puta carta me responde?). Lo que me hace feliz es que tengo, justo en mis manos el nuevo EP de Keane, Night Train, después de taaanto exigírselo a la maldita discográfica que cada vez nos da menos pelota.


Lo estoy escuchando a un volumen aceptable, sentada en la compu de Paula en su habitación de su departamento en Caballito, con Camila sentada al lado mío, después de una linda caminata por Avenida Rivadavia en busca no sólo del disco sino de un par de cosas más (alimentos varios para mi traspaso de semi-vegetariana a vegetariana casi completa) y un pequeño stop para almorzar con Cami. Uno de esos maravillosos rituales de día de semana que tanto nos gustan.

Breve lapso de no-inspiración mientras suena la canción Ishin Denshin que grabaron con Tigarah y para la cual no encuentro explicación alguna.

Y ahora con Your Love renacen las ganas. Lo cual me recuerda que en estas últimas semanas en que estuve desconectada de mi blog, lo único que hice fue darle vueltas y vueltas a historias que quiero escribir para mi recién estrenado Keane Fics. Claro que no fue tarea fácil, teniendo en cuenta que no hago otra cosa que lamentarme por mi mala suerte, por lo mucho que necesito encontrar trabajo y la más que triste cantidad de horas que termino sentada frente a la televisión sólo para no mirar más el techo y darle cuerda a mis pensamientos poco favorables.

Otra de las tantas noticias felices que recibí en estos días es que en Octubre viene Green Day. Por supuesto, esto inició un pequeño lapso de depresión de ¿¡CÓMO SE SUPONE QUE VOY A PAGAR LA ENTRADA!?, que terminé limando escuchando bien fuerte sus discos más gritones. Eso sí que descarga tensiones.

Y anoche fui al recital de Yann Tiersen (otra deuda) en Samsung Studio. Tengo que decir que estuvo muy bueno, pero no superó mis expectativas. Como siempre la gente que se para adelante de uno termina siendo más alta. Así que no pude ver perfecto, pero sí escuché perfecto (aunque la acústica no era nada del otro mundo) algunos temas, a pesar de que los que yo realmente tenía ganas de escuchar faltaron en su mayoría.



Tengo la sensación de que le estoy perdiendo el hilo a este blog. Necesito retormarlo cuando antes. Pero tener a Tom y a K'naan cantándome Looking Back en éste momento no me ayuda demasiado.
Simplemente no quería dejar demasiados espacios en blanco en este, mi humilde diario online. Para espacios en blanco ya tengo mi vida cotidiana, que sin importar cuántos discos increíbles tenga en el camino, se sigue cayendo a pedazos.



L.-

sábado, 17 de abril de 2010

. Just a hopeless dreamer .


Tengo algunas particularidades que me hacen ser exactame
nte como soy y que, malas o buenas, no cambiaría por nada del mundo. (¡No otra vez, al menos!)
1- Si me engancho con un libro, puedo devorarlo en un solo día, sin importar la cantidad de páginas que tenga.
2- Siempre que viajo (tren, colectivo, combi, micro, auto, ¡lo que sea!) dentro de mi cabeza se van formando frases que forman párrafos que forman parte de alguna historia que estoy escribiendo.
3- Siempre me olvido las frases y párrafos que se forman en mi cabeza mientras viajo.
4- Los sonidos que más disfruto son la lluvia y el silencio.
5- Me gusta ir a Paseo La Plaza los días de semana, al mediodía, cuando todos están en sus respectivos trabajos, y sentarme en un banco de madera debajo de un árbol, escuchando música tranquila de fondo y escribirle cartas a Tim que nunca envío.
6- Cada vez que voy a algún lado con mi mamá, no puedo evitar comprarle todo lo que quiere a pesar de que mi billetera y mi cuenta bancaria se vayan vaciando alarmantemente.
7- Me gusta mucho el ciboulette. La hierba y la palabra.
8- Me declaro como una semi-vegetariana: no como carnes rojas, pero sí como pollo y fiambres. Ni yo me lo termino de explicar todavía.
9- Me gusta hacer girls night completamente sola: me pongo música que me guste o alguna serie, como con palitos chinos, me hago un facial y termino en la cama con un buen libro.
10- Detesto los celulares con pantalla táctil.
11- Amo mi Blackberry.
12- Colecciono peluches de orugas.
13- Soy adicta a los bizcochitos de grasa de la panadería.
14- Me gusta el mate dulce y lavado.
15- No le tengo paciencia a mi pelo, por eso prefiero tenerlo corto.
16- Me gusta más lo salado que lo dulce, pero nunca le digo que no a un chocolate o a una caja de Sugus Confitados (perdición total, ¡más los de color rosa!).
17- He llegado a ver Notting Hill tres veces en el mismo día. Y lloré como una marrana cada una de esas veces.
18- A pesar de que Hugh Jackman, Gerard Butler y Josh Holloway están para ser comidos con cuchara, mis actores preferidos son Ian McKellen y Colin Firth.
19- Uno de mis trabajos soñados sería entrar en British Airways.
20- La realidad es que mi aspiración profesional sería ser Beth, la asistente personal de Keane.
21- Tengo una afición a los moños, y si son rosas mucho mejor.
22- Nunca me gustó mostrar las piernas pero ahora muero por los vestiditos.
23- Bajé doce kilos en dos meses y todavía no me explico cómo lo hice.
24- Siempre me engancho con más series de las que puedo ver.25- Estoy enamoradísima de Ned, el pastelero de Pushing Daisies (uno de los dos hombres en esta tierra con el que me casaría sin dudarlo).
26- Elijo los nombres de mis futuros hijos según personajes de libros que me marcaron.
27- Compro vinilos de Keane por el mero hecho de tenerlos, aunque no tengo manera alguna de reproducirlos.
28-
No volví a lavar (ni a usar, vale aclarar) las zapatillas que usé el 7 de marzo de 2009 en el recital de Keane del Club Ciudad.
29- Si no me levanto con Tim cantándome These Days desde el celular, mi día empieza muy mal.30- Lloro prácticamente por todo.
31- Amo a mis mascotas, pero mi debilidad absoluta es mi perrito Frodo.
32- Odio cuando la gente le pone nombres comunes y repetidos a sus mascotas (y ni hablar de cuando le ponen nombres ridículos a sus hijos).
33- El lugar donde más cómoda me siento es en una reunión de Fan’s Club.34- Tengo MUY mala memoria.
35- Me hace feliz retozar en mi cama los domingos a la mañana.
36- No sirvo para dormir hasta tarde, excepto que esté en la casa de mis primas.
37- Me encanta la Navidad, pero Año Nuevo me deprime.
38- Me gusta cocinar, pero sólo cosas dulces.
39- Odio a una parte de mi familia.
40- Me gusta hacer manualidades y organizar fiestas.
41- Siempre quiero estudiar algo, pero nunca me decido a empezar.
42- Soy un poco inconstante en prácticamente todos los aspectos de mi vida.
43- Mi risa cambia con el paso del tiempo.
44- Mi grupo de amigos es una de las mejores cosas que me pasó en la vida.
45- Siempre empiezo a ahorrar para irme de viaje a UK, pero nunca me dura la plata.
46- Lo más que duré en un trabajo fueron seis meses.
47- Nunca entendí por qué gente como Shakira o Enrique Iglesias canta (y por qué ganan tanta plata) o por qué gente como Marcela Morelo y Diego Torres no se jubilan de una vez.
48- Detesto la televisión abierta.
49- No tengo paciencia para sacar fotos.
50-
Prefiero irme de vacaciones en invierno y caminar por al lado del mar bien abrigada.
51- Me gustan los fideos más que cualquier otra comida.
52- Invento recetas que no siempre salen bien.
53- A veces voy caminando hasta el hotel Faena nada más que para recordar mis días más felices, cerrar los ojos e imaginar que sigo ahí.
54- Necesito tener siempre a mano algo para escribir.
55- Con algunos libros me emociono tanto que hasta pego grititos, me río sola o lloro más que con cualquier otra situación de la vida real.
56- Me encanta la ropa y tengo buen gusto para vestirme, pero nunca gasto plata ni tiempo en hacerlo.
57- Sueño todo el tiempo, no importa si estoy despierta o dormida.
58- A veces hablo sola en inglés sin darme cuenta.
59- No entiendo ABSOLUTAMENTE NADA de autos.
60- Siempre quise aprender francés.
61- Mi beatle preferido es Ringo.
62- Quiero una laptop rosa, pero le tengo mucho amor a mi viejo cacharro aparatoso que se hace llamar computadora.
63- Colecciono los tags de las aerolíneas que se caen de las valijas en el aeropuerto.
64- Me gusta pintarme los labios de rojo.
65- Se me pegan frases que detesto, como: “te re cabió”.
66- Puedo leer el Señor de los Anillos un millón de veces sin cansarme jamás.
67- Amo andar descalza en verano.
68- Me gusta bañarme con agua caliente y dejar que me caiga en la parte de atrás del cuello durante un buen rato.
69- Tengo un montón de proyectos que no sé cómo realizar y a veces hasta me da fiaca averiguarlo.
70- Los análisis de sangre son, para mí, un sinónimo fiel de “tortura”.
71- El Lemon Pie me puede.
72- Mi trago preferido es el daikiri de frutilla.
73- Abrazo gente todo el tiempo.
74- Hay canciones que me ponen la piel de gallina.
75- Me divierte tener blogs.
76- Uno de mis tantos sueños es tener una librería como la que tiene Meg Ryan en Tienes un E-mail.
77- Tuve tres granitos en un cachete durante meses. Use mil cremas y no logré sacarlos. Dejé de ir a IBM y desaparecieron.
78- El olor del desodorante Nivea Double Effect me hace acordar a la última visita de Keane.
79- Siempre trato de llevar diarios, pero me aburro rápido porque nunca tengo mucho que contar.
80- En mi habitación tengo la hora de Buenos Aires en la computadora… y la de Londres en el reloj del escritorio.
81- Me encantan los juegos de mesa (y los juegos en general) y me enoja que mis amigos no quieran seguir jugando xD.82- Adoro a las boy bands noventosas, en especial a los Backstreet Boys y Westlife.
83- Por alguna razón, los niños tienden a adorarme.
84- Extraño la casa de Banfield.
85- Últimamente caí en la tentación de descargar libros de Internet. Siempre preferí tener el libro de verdad en la mano, ¡pero algunos no se consiguen y aparte no tengo mucho capital, que digamos!
86- Podría leer Corazones Salvajes, de Jayne Ann Krentz TODOS LOS DÍAS.87- A pesar de lo fastidioso que resulta, siempre se me termina pegando algún que otro tema de alguna banda poco gloriosa (por ejemplo, los Jonas Brothers u.u)
88- Muchas veces desearía que escribir fics fuera un trabajo redituable.
89- Me irrito si, de tanto en tanto, no me dejan un buen rato sola.
90- Sigo pensando, más que nunca, que los hombres inalcanzables son mil veces más maravillosos que cualquier otro que puedas cruzarte en la calle.
91- Amo las tardes de Starbucks/McDonald’s con Kmi y Ema hablando de libros.
92- Me gusta quedarme dormida después de horas y horas charlando con Pau en la oscuridad.

93- No hay nada como levantarse todos los días con una sonrisa porque sabes quién sos, qué querés y qué te hace feliz.

Entre muchas, muchas otras cosas.

L.

miércoles, 14 de abril de 2010

. Volviendo a la normalidad .

Hoy fui feliz.
No porque haya pasado algo extraordinario, o algo inesperado, o algo que afecte mi vida o la de alguien que quiero de alguna manera. No me visitó nadie, no me llamó nadie, ni me gané un viaje a UK. Tim Rice-Oxley no me respondió ninguna de las cartas que le envío hace casi tres años. No le pegué al Loto, ni me reencontré con alguien que hace mucho que no veo.
Solamente me reencontré conmigo misma.
Esta tarde, en medio de lluvias intermitentes, tazas humeantes de té y varias capas de abrigo gracias a que al fin el verano ha decidido abandonarnos, volví a escribir. Casi con facilidad. No hice más que poner los dedos sobre el teclado y todo lo que vengo acumulando hace MESES, empezó a fluir. Pasaron horas, horas enteras sin más compañía que la de mi monitor viejo y las ideas que salían solas, sin esfuerzo alguno, sin molestia alguna. El capítulo que tenía planeado hace muchísimo tiempo (el capítulo final, by the way) al fin logró dejar de ser un mero bosquejo mental para convertirse en palabras, frases, oraciones y párrafos plasmados en hojas y más hojas de word. De una vez por todas pude poner la palabra FIN en el fondo del documento y sentirme satisfecha porque no tengo eso pendiente.
Escribir es como el oxígeno: si me falta el aire sé que puedo aguantar la respiración un rato, pero tarde o temprano me voy a empezar a asfixiar y voy a tener que buscar más. En éste caso, pueden pasar días o semanas sin que suelte una sola página, pero en algún momento me va a empezar a abrumar la necesidad de soltarlo.
¡Me hacía tanta falta! Al no terminar ese capítulo era como que una parte mía estaba incompleta. Todavía me acuerdo cuando me sentaba a escribir un poco todos los días (con un poco me refiero a vaaarias horas, no menos de tres horas diarias, mayormente en la época de Green Stories, cuando dejé de ir al colegio, cosa que ahora no nos compete en lo absoluto en el tema que estamos tratando) y ¡eso se me hacía tan ideal! Creo que si pudiese realmente escribir algo cada día, no me frustraría tanto como suelo hacerlo.
Así que basta de tanta cháchara y, en especial, espero poder decirle basta a tanto bloqueo (otro tema quizás a tratar otro día, ¡el muy hijo de puta se merece un post largo y cargado de odio!). Orgullosamente, hoy terminé Leaving So Soon y no puedo dejar de sonreír. Todos invitados a pegarle una miradita y dar sus opiniones en Keane Fics.


L.

PS: Estaba acordándome de algo que dijo Tim en Strangers en cierta ocasión y con lo que, en éste momento, me siento bastante identificada: "If I were happy and contented and normal, the I wouldn't be ale to work". ¿Será que para poder escribir (aunque sea un humilde fic) nunca voy a poder sentirme conforme con una vida normal y feliz? Tendremos que averiguarlo en próximos capítulos de Between Live Blogs and Life Doubts.

jueves, 8 de abril de 2010

. Stop for a minute .

Llevo días sin tocar una sola tecla, sin llenar poco a poco las hojas en blanco del Word, sin dejarme envolver por la maravillosa sensación que me invade cuando escribo. No puedo. No me sale.
No sólo dejé vacío ésta especie de diario donde voy posteando experiencias diarias de mi vida, sino que tampoco pude volver a tocar la historia en la que estoy trabajando hace meses. Lástima que justo me fui a bloquear en el capítulo final. Sé de dos o tres personas que tienen ganas de matarme.
Estas últimas semanas, si bien no se vieron agitadas por actividad alguna, volaron. Se fueron. No me dieron tiempo a nada. Parece que alguien le hubiese puesto un motor v8 a los relojes. No tengo tiempo suficiente para asimilar nada, aunque la verdad no me pasó nada interesante.
Haber dejado el trabajo que me agobiaba mental y emocionalmente me trajo muchísima paz. Cierta felicidad incluso. Una gran cantidad de momentos de puro ocio. Tuve la ocasión de devorar un par de libros (unos mejores que otros); criticar a piacere las nuevas canciones de Keane; limpiar mi habitación, reacomodarla, revivirla; saltar con ideas irrealizables; plantearme una y mil veces mi vida.
Esto último me hizo sentir como si hubiese dos versiones de mí, como si me estuviera mirando en un espejo, pero mi reflejo se negara a hacer lo mismo que mi verdadero yo. Mientras seguía precipitándome a decisiones, tratando de convencerme antes de considerar las cosas siquiera, detrás del espejo me digo a mí misma esperá un minuto, pensalo mejor, no te obligues a algo que nunca va a poder ser, hay otras opciones, encontrá el camino de verdad.
Cada vez que me miro en ese espejo me pregunto quién soy y adónde voy y muchas veces no encuentro la respuesta o me contesto incorrectamente. Sigo empeñada en las mismas ideas de cuando tenía diecisiete años y estaba convencida de que iba a superar a cualquiera que se me pusiera en el camino, pero hasta ahora no hice mucho más que caerme y levantarme cada vez con más confusión.
No es que extrañe mi trabajo. Puedo asegurar que NO. Es más bien que extraño lo que era tener una noción general de lo que quería hacer. Ahora las ideas, las auto-propuestas, las fantasías se mezclan, se enredan, hacen un nudo… y por más que tiro de los hilos no puedo ponerlas en orden para decidir. En menos de una semana traté de: entrar a trabajar en el aeropuerto, dedicarme exclusivamente a estudiar (lo que supuso la larga y tediosa cuestión de ¿qué estudio?), poner una librería, poner una cafetería, poner una casa de té, poner una rockería, ponerme a escribir un libro serio y buscar a alguien lo publique (¿?), ir al curso de Corte y Confección con mi mamá, empezar a criar Golden Retrievers, hacer manualidades (que incluye de hecho una caja hecha de cajas de Sugus), dedicarme a la pastelería…
Y hoy es jueves (ni siquiera es viernes, ni siquiera terminó la semana y ya pasé por toda esta tormenta de ideas) y estoy en cero. No sé qué quiero. No sé qué hacer. No sé quién quiero ser.
Tampoco está bueno tratar de pensar en las cosas para las que soy buena y que resulten útiles y no poder encontrar ninguna. Eso tiene que ser un golpe a la autoestima.

Y ojalá fueran sólo temas del trabajo. Pero otra vez me empiezo a sentir incómoda, restringida, a veces incluso cansada y sobre todo imposibilitada en otros aspectos de mi vida. Y eso es todavía más difícil de solucionar.

L.