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miércoles, 16 de junio de 2010

. As you begin rearranging .

¿Alguna vez tuvieron la sensación de tener la cabeza repleta de pensamientos, de ideas, de reflexiones y, al mismo tiempo, completamente vacía?
Eso es lo que me está pasando a mí últimamente. Por un lado, no dejo de pensar en que:
- Necesito conseguir entrevistas de trabajo enseguida;
- Necesito que esas entrevistas vayan GENIAL y tener trabajo lo más pronto posible;
- Tengo que pagar muchísimas deudas;
- ¿Por qué llegó otra factura de celular?
- Matemáticas, matemáticas, matemáticas;
- Contabilidad, contabilidad, contabilidad;
- Tengo que empezar a moverme antes de asentarme demasiado y terminar con un culo gigantesco que rebalsa de las sillas;
- ¿Cómo carajo se supone que voy a escribir esta historia de mierda?
- Uff, ¡asco, asco! ¿Por qué me siguen traumando los recuerdos de mi ex?
- Pará, ¿me estás diciendo que la tarjeta de crédito YA VENCIÓ?
- ¿Por qué mierda los putos de IBM no dan la cara y me pagan de una vez lo que me deben?
- ¡¿Cómo es eso de que suspendieron el recital de Green Day?!

Pero, por otro lado, nada. Un zumbido. Silencio. Ni la más mínima actividad cerebral. A pesar de todas las preocupaciones y los quilombos que se me están viniendo encima, parece que sigo funcionando en piloto automático. Estoy en ese momento en que yo tiro currículums a dos manos y trato de hacer que las cosas funcionen, pero dependen sólo un 50% de mí. Porque por más que haga lo que haga, lo que necesito es que alguien me llame. Se interese, se de cuenta que puedo hacer algo, por poco que sea. Necesito que me den una oportunidad.
Mientras tanto me estreso sobremanera pensando cómo voy a hacer para pagar las facturas que se acumulan sobre mi escritorio. Me quedo encerrada en casa por el mero hecho de no tener que pedirles a mis viejos que me den plata para salir. Me tiro en el sillón todo el día a mirar el mundial (¡sí, yo mirando fútbol!) o devoro libros uno tras otro sólo para matar el tiempo. Me doy cuenta que la vida que estoy llevando me va desgastando y trato de concentrarme en otras cosas y simplemente me termina ganando la preocupación, el stress y la montaña de problemas, que ya es demasiado alta para mi pobre metro sesenta (bueno, está bien… metro cincuenta y ocho).
Trato de relajarme y no desesperar. Todos los días me digo a mí misma que ya va a aparecer algo. Lo que pasa que cada vez me cuesta más convencerme, a medida que pasan los días y voy faltando a la promesa que me repito incansablemente.
Más que nunca estoy vagando entre live blogs y life doubts.

Lo único que me anima en éste momento es saber que estoy sola, no necesito estar fingiendo que me importa una relación que no me hace feliz. Me anima saber que soy yo misma y que no necesito de otra persona para sentirme completa.
Me anima que Tim haya dejado atrás la vergüenza y se haya decidido a cantar Your Love en vivo. Me anima todavía tener cosas como esas, que parecen insignificantes, pero me arrancan una sonrisa a pesar de todo.

L.-

sábado, 1 de mayo de 2010

. Time to wake up and look around .

Esto de que mi conexión a Internet esté en coma me está aniquilando. Me di cuenta de que me volví una completa blog-dependiente. No le veo nada malo, sin embargo. Un buen canal para descargarse no le hace daño a nadie: escribir (sea lo que sea que se escriba) le hace bien al alma.
Hoy (cuando escribo esto, al final del día 29 de abril) estuve desanimada. Un poquitín rota. Un poquitín triste. Un poquitín desilusionada. Un poquitín yo. Porque, al fin y al cabo, siempre me decepciono a mí misma. Y necesito empezar a cambiar eso.
Una fanática de Keane que sueña con ir a Inglaterra ya roza los límites del cliché, pero, aún así, mi deseo de huir a tierras más lluviosas nació hace tanto tiempo que ya no me puedo acordar cuándo fue. Quizás cuando de chiquitas con Paula nos sentábamos en el piso de mi habitación y planeábamos nuestras vidas en una hoja de papel: dónde tendríamos nuestro departamento, qué mascotas tendríamos, a quién le tocaría limpiar el baño, a dónde nos íbamos a ir de vacaciones, de qué color serían nuestras paredes. Ingenuas, por supuesto, porque todo eso no cae del cielo. Pero así y todo estaba muy bueno pasar las páginas de enciclopedias de Geografía y detenernos en los lugares a los que teníamos pensado ir. Y Londres siempre fue una posibilidad.
Desde el primer día de mi primer trabajo mi meta fue juntar lo necesario para un pasaje a El País de Las Maravillas: nunca nada salió como quería. O me iba mal en el trabajo, o el sueldo no alcanzaba, o mis ganas y mis fantasías se pinchaban o surgían problemas que hacían que mis reservas de dinero desaparecieran (¿no es increíble cómo nuestras mascotas tienen accidentes justo cuando la familia pasa por un mal momento económico y hay que salir corriendo al veterinario con los pobres vestigios de tu cuenta bancaria?). De a poco, mi London Dreaming se fue desvaneciendo, haciéndose gris, borroso a la distancia.
Pero nunca desaparece del todo. Cada tanto siento ese pinchazo en el pecho que me lo recuerda. Esa emoción mal disimulada que no puedo contener. Esos planes que no puedo evitar hacer aunque de acá a muchos años puedan variar.
Por eso hoy la depresión me hincó los dientes: porque no hay nada que quiera más en éste mundo que llegar a ese lugar tan hermoso, tan mágico, tan deseado y dejarme tentar por mis sueños. Establecerme. Armar lo que el país que debiera ser mi hogar me tira abajo como un precario castillo de naipes olvidado en la mesa del patio una tarde de viento huracanado. Ver que puedo. Entender que puedo. Aprender que puedo.
Nadie dice que las cosas sean fáciles. De hecho, si las cosas fueran tan fáciles como nos gustaría, a esta altura yo ya estaría casada con Tim Rice-Oxley, escribiendo mi décima novela de éxito mientras espero nuestro segundo hijo, felizmente asentada en una casa estilo Tudor en Sussex, manejando un híbrido y pasando fines de semana románticos con mi marido en Francia.
Decidí armarme de paciencia. Pero esta decisión se basa en sólo un argumento: no me queda otra. Si no me armo de paciencia voy a terminar mandando todo a la mierda en dos horas y media y resignándome a vivir en Monte Grande, partido de Esteban Echeverría, zona Sur del Conurbano Bonaerense, suburbio de porquería, quinto círculo del infierno, por el resto de mis días. Condenada a soportar a mi vecino de enfrente escuchando cumbia los fines de semana a un volumen insalubre, a los pendejos de mierda de la esquina tirando cohetes ruidosos aún en épocas no muy festivas (y a veces a los pobres perros callejeros), a encontrarme gente indeseada cada vez que me aventuro a ir un poco más al centro, a no poder tener una conexión de Internet NUNCA porque acá nadie tiene computadora.
Mi paciencia, por ahora, se traduce en un simple plan de cinco pasos.
1- Rendir las materias.
2- Conseguir trabajo.
3- Estudiar algo feliz.
4- Ahorrar, ahorrar, ahorrar.
5- Irme a la reverenda mierda que me parió.

Ojalá pudiera ponerme un plazo de… no sé, dos años. Y estar totalmente segura de que lo voy a cumplir, obvio. Pero eso no me funcionó anteriormente.
Lo único de lo que estoy segura es que pienso llegar a Inglaterra un once de abril.
El año depende de cuánto tarde en espabilarme.

L.-

domingo, 14 de marzo de 2010

. Untitled 1 .

Faltan muy pocos minutos para la medianoche. En sólo un ratito voy a cumplir veintiún años y tengo la sensación de que, a pesar de ser la mayoría de edad y bla, bla, bla... no tiene importancia.
Hace un mes atrás planeaba una salida con mis amigos y Adrián hoy estuve todo el día arrastrándome por los rincones, hablando con mi mamá de lo que va a hacer de cenar mañana cuando venga mi familia, y la verdad es que tengo tantas ganas de festejar como de que Keane se separe.
No siento que tenga algo que festejar. Estoy deprimida, un poco vencida y todavía con los pensamientos demasiado revolucionados como para tener algo de paz.
Y, cómo si todo esto fuera poco, hoy me llamó Adrián.
Hablamos bastante (en realidad, él habló bastante) de lo que está pasando. Si bien le damos la vuelta al mismo asunto una y otra vez, al menos hoy sirvió para darnos cuenta de que el primer error que cometimos en nuestra relación fue el haber acelerado tanto las cosas. Le dije que estaba casi segura de que la razón por la que no me había enamorado de él era que no habíamos tenido tiempo de esa electricidad, esa ánsia inicial, en que pasas todo el tiempo preguntándote si te habrá rozado la mano intencionalmente, si de verdad te estaba mirando fijo como te pareció y todas esas pequeñas cosas que contribuyen al enamoramiento. Porque sí, le dije que no me había enamorado de él. Que sabía lo que era el amor, porque lo sentí antes. Y aunque tengo la teoría de que amás de un modo distinto a cada persona, estaba casi segura de que lo que había llegado a sentir con él no era más que el mero embobamiento que la atrapa a una cuando siente por una vez en la vida que alguien la ama.
Sí, sé que un "no estoy enamorada de vos" puede sonar hiper cruel. Sé que no es lo que un tipo que está loco por vos quiere oír... pero él me pidió sinceridad y yo se la di. Ya le oculté esta clase de cosas durante tres meses. Creo que lo mínimo que puedo hacer por él es darle la verdad.
Quedamos en que íbamos a volver a hablar durante la semana, pero cara a cara. Como corresponde. A buscarle la vuelta a todo esto de una vez por todas y dejar de sufrir cada uno por su lado con una incertidumbre que te quita el sueño.
Así que nadie me puede culpar por no estar entusiasmada respecto a mi mayoría de edad que se cumple en cinco minutos. Otra cena familiar de cumpleaños que paso, a pesar de que la mesa esté abarrotada de gente, sola. Otro año que empieza igual. Pero con la excepción de que una de las primeras cosas que voy a tener que hacer con estos años nuevos recién cumplidos es curar mi vida amorosa o desenchufarla definitivamente.

Y la verdad nunca estuve del todo segura de mi opinión sobre la eutanasia...

L.

sábado, 13 de marzo de 2010

. With or without you .

Sábado a la noche. La gente se prepara para salir, para divertirse, para bailar, ir a tomar algo, pasarla bien. La gente se prepara para vivir.
¿Soy yo una de esas personas? ¿Me estoy perfumando, maquillando, vistiendo para ir por ahí y darle vueltas a la noche hasta que asome el sol del domingo? ¿Estoy mandándoles mensajes de texto a todos mis amigos para hacer planes, encontrarnos, hacer algo?
No. Estoy en pijama y pantuflas, escuchando la edición deluxe de Hopes and Fears, tratando de no cortarme las venas al ritmo de Sunshine, pensando en éste y todos mis sábados.
Últimamente me cuesta ver las cosas desde una perspectiva clara y objetiva. Todo me parece un bajón. Puras pálidas. Pura mala suerte. Me acuerdo de que los pasados fines de semana de los últimos tres meses, bien o mal, siempre tuve algo que hacer. Si no me hacía tiempo para ver a mis amigos, tenía algo planeado con mi novio o tenía que trabajar. Hoy, no tengo nada de eso.
Mis únicos planes para hoy comprenden seguir escuchando música, vagar por Internet un rato (la búsqueda laboral es primordial), hojear un buen libro y, si me agarra hambre, cenar una de esas sopas japonesas medio artificiales, las que vienen los fideos todos deshidratados y el caldo en un paquetito de aluminio. ¿A que todos me envidian? ¿Eh?
No es que me muera de ganas de salir por ahí y bailar hasta que no soporte más los zapatos de turno. Nada que ver. Nunca fui esa clase de persona. Es sólo que, después de un par de meses de acostumbrarme a otra cosa, de pronto me encuentro sola. Bueno… técnicamente sola. Mis viejos están en el living, mirando una película de Kevin Costner. Pero creo que así y todo se entiende mi punto, ¿o no?
Sí, seré estúpida, no sé. Pero me siento sola. Siempre me siento sola. Quizás por eso (o culpa, o curiosidad, o sadomasoquismo) ayer le mandé un mensaje a Adrián, para saber cómo estaba.
Me contestó que mal, pero que le alegraba saber de mí, que le escribiera cada vez que quisiera hacerlo, que me extrañaba. Le conté la mala suerte que estuve teniendo estos días y me dijo que me tome un tiempo para pensar las cosas con claridad, en vez de dejarme llevar por las crisis de nervios y depresión. Suena fácil decirlo. Hacerlo es otra cosa.
Supongo que me puse paranoica o algo de eso, pero no dejo de pensar en arreglar las cosas con él. No paro de imaginarme pasando otro cumpleaños el lunes rodeada de números pares, y yo siempre un siete, sola, solísima. Pienso que es mejor tener a alguien que me quiere al lado que dormirme mirando los ojos inanimados en papel de Rice-Oxley.
Pero después miro películas, leo libros, descubro el amor a través de los ojos de los demás, lo revivo como lo descubrí yo aquella vez bajo la lluvia, y me doy cuenta de que por mucho que me quiera esforzar, por mucho que lo quiera recuperar, por muy equivocada que quiera estar, las sensaciones que me causa (causó) Adrián no se le parecen mucho. Lo extraño, sí. ¿Pero lo extraño de la misma manera que podría extrañar a un amigo? No me duermo llorando, pensando en él, lamentándome. Si bien mi estado de ánimo no es fantástico, es comprensible. Con todas las metidas de pata y todos los desengaños amorosos, ¿de qué otra manera puedo estar?
Todas estas cavilaciones de sábado a la noche y soltería son terribles, pero son casi una tradición. Tuve veinte años de sábados solitarios, de libros repetidos, de películas deprimentes. De irme a dormir temprano. Estoy acostumbrada a que la bebida más fuerte y perjudicial para la salud que puedo llegar a ingerir sea una Coca-Cola Light.
Me pregunto cuánto tardaré en encontrar la solución esta vez. Me pregunto si el sábado que viene mi perspectiva habrá cambiado. Me pregunto si estaré con alguien, quien sea, un poco menos sola, o si me desparramaré en el sillón con mis pantuflas y mi perro a mirar series.
Todo depende en qué tan fuerte sea, como para enfrentar la verdad y buscarlo. Porque es eso, ¿no? Lo que necesito es un poco de fuerza para llamar a Adrián y solucionar todo.
¿O eso sería más bien debilidad?

jueves, 11 de marzo de 2010

. These days .

These days I seem to think a lot
about the things that I forgot to do
and all the times I had the chance to.

Mi cabeza cansada pide paz. Pide resolución. Pide que de una vez por todas encamine mi vida y me deje de joder.
Hay ocasiones en mi vida en que no pasa absolutamente nada. Y otras, como ahora, que pasa todo junto, me abruma, me tira, me quiebra, me debilita. Me desorienta, me pone en camino y me vuelve a perder.
Quizás tendría que haber pensado antes. Los arrepentimientos no sirven de nada. La cuestión es hacer bien las cosas en el momento en que debe ser.

I had a lover,
I don't think I'll risk another
These days, these days.

Ayer me crucé con Adrián cuando fui al centro. (¿Había mencionado que el nombre de mi novio - ¿o debería decir ex novio? - es Adrián?).
Jamás en mi vida vi algo que me partiera de esa manera el corazón como haberlo visto a él. Tenía unas ojeras gigantescas, pronunciadas, casi verdosas; los ojos hinchados, estaba pálido y desanimado. Volvió a abrazarme con tanta fuerza que su dolor se volvió casi mío. Casi viví yo misma el sufrimiento que le causé.
Me pidió que habláramos y no le pude negar su petición. Sentía que se lo debía, así que salimos del edificio y nos sentamos en unas escaleras, justo al final de Lavalle, cuando llega a la desembocadura con la avenida Alem. En medio de ruidos de ciudad, idas y venidas de colectivos y taxis, me pidió una segunda oportunidad.
Me dijo cosas que ningún hombre me dijo antes, me agarró de la mano y derramamos algunas lágrimas los dos. Me sentí terrible y vacía al contestar preguntas que a él le habían quedado pendientes y, al mismo tiempo, buscaba la manera de no seguir lastimándolo.
Cuando llegué a mi casa más tarde esa noche, después de varias corridas que tuve que hacer por Capital, y pude sentarme, quedarme tranquila y pensar… sentí que mi cerebro zumbaba como un nido de abejas. Todo está tan desordenado, tan fuera de lugar, tan raro… que incluso me estoy preguntando si habré tomado la decisión que tomé basándome en las razones correctas, o si me dejé llevar por una angustia y una amargura generalizada que arrastraron con las personas que estaban en el camino, llevándose victimas inocentes, y entre esas victimas el único hombre que me amó alguna vez.

I've stopped my dreaming,
I won't do too much scheming
These days, these days.

Y por mucho que lo intento nada sale como tiene que ser. Hoy fui al aeropuerto, porque al fin tenía la entrevista para el lugar que estuve esperando durante semanas. El problema fue darme cuenta que esperé en vano.
Las condiciones de trabajo que me propusieron son todavía más insalubres que las de IBM. Si acepto el trabajo (que ya es mío, sólo tengo que presentarme mañana al mediodía para hacer una pequeña práctica antes de arrancar sola el sábado a la noche), estoy condenada a doce horas laborales nocturnas, retribuidas como una jornada de ocho en un horario normal. Estoy condenada a un salario bajísimo, en negro, sin obra social ni cargas sociales en lo más mínimo, a depender de comisiones que, según lo que pude chequear en las planillas de la otra chica, son más que escasas. Estoy condenada a trabajar un domingo que se retribuye como un lunes y a olvidarme de ver a mis amigos porque ya no tendría fines de semana y, mucho menos, plata para ir a verlos.
Así que estoy de nuevo con las esperanzas destrozadas, con la única luz que tenía prendida, como un faro salvador, apaleada y apagada con brutalidad. Sin saber para donde ir, sin saber qué hacer, sin saber a qué someterme. Sin poder planear nada, ni soñar con nada, porque a estas alturas, todo parece imposible de concretar.

These days I seem to think about
how all the changes came about my ways
and I wonder if I'll see another highway.

¿Habrá sido una buena idea? ¿Rendirme al trabajo que tenía seguro, a pesar de que era esclavista y penoso? ¿Debería volver, arrepentida, arrastrándome hacia los teléfonos otra vez? ¿Me mandarán en castigo a algo todavía peor que DBC Service, que a esta altura ya debe haber cerrado sus puertas para mí?
¿Habrá sido una buena idea? ¿Romperle el corazón a alguien que me ama, decirle que no sentía lo mismo y que era mejor que todo se terminara? ¿Me habré dejado llevar porque tengo miedo al ver que todo se me está derrumbando y que quizás lo único que se mantenía en pie lo tiré abajo yo solita?
¿Abriré los ojos mañana y veré una solución que hoy me parece inalcanzable?

And if I seem to be afraid
to live the life that I have made in song
it’s just that I've been losing so long.

Y sí. Quizás dejé a mi novio porque tenía miedo de seguir adentrándome en ese terreno tan desconocido. Quizás me entró pánico, no supe para donde rumbear y, con la influencia además de todas las demás cosas que estaban pasando, hice cualquiera. Por ahí me daba miedo perder esa semi-soledad ficticia que tuve siempre. Por ahí me dejé llevar otra vez por ese amor imposible que subí a un pedestal y catalogué de ideal, por el mero hecho de que jamás voy a poder probar lo contrario.
Y sí. Dedicarse a algo que a uno le gusta es difícil. A veces hay que cerrar los ojos y trabajar en algo que es una porquería sólo para poder tener algo en la cuenta bancaria. Yo, que siempre digo que prefiero hacer algo que me haga feliz en lugar de hacer algo que no me guste pero que me deje muchísima plata, constantemente encuentro que ninguna de las dos opciones están disponibles. Ni encuentro algo que me gusta, ni encuentro algo donde al menos me paguen bien. ¿Y en esos caso qué hacés? ¿Te resignás a ganar una miseria y, además, hacer un trabajo que odiás? En la suma de las cosas, ¿cómo conseguís levantarte a la mañana?

These days I sit on corner stones
and count the time in quarter tones to ten.
Please don't confront me with my failures,
I had not forgotten them.

lunes, 8 de marzo de 2010

. Nothing in my way .

Hace varios días que no actualizo mi humilde blog de idas y venidas. Hace varios días que siento que me dieron un giro de 180° con el solo propósito de descalibrarme y ver si puedo volver a mi posición normal sin alteración alguna. Hace varios días que estoy con estas “life doubts” de las que habla el título del blog.
En primer lugar, el trabajo. El siempre necesitado, ansiado, malparido trabajo. ¿Saben a qué me refiero? A eso que las empresas llaman “relación de dependencia” pero a mí me suena a esclavitud. A eso que debería ayudarte a pagar las cuentas a fin de mes, pero que siempre llegás contando las moneditas para el bondi. Eso que te da “posibilidades de crecimiento”, pero que hace que cada día me sienta más y más insignificante.
Resulta que mi maravillosa empresa (IBM, mandémoslos al frente) decidió, de un día para el otro, que había over-staff en mi departamento y que por lo tanto sería mejor que me movieran a uno distinto: he aquí que entra en escena DBC Service.

DBC Service es el departamento de General Motors donde los viejos boludos de las concesionarias que le tienen que hacer arreglos a los flamantes vehículos de sus clientes, llaman para reclamar el dinero del arreglo que GM debe retribuirles siempre que así corresponda. Es un departamento lleno de términos como engine, transmission, craft, brakes, refrigerant, trim y demás partes de los autos que no conozco en castellano y mucho menos en inglés. Es decir que paso GRAN parte de mi día escuchando palabras que podrían decírmelas en chino y no haría diferencia alguna. Es decir que me pasaron de un departamento básicamente cómodo (en comparación, se entiende, ¿no?) a esto que no tiene otro adjetivo para ser calificado que no sea MIERDA.
Todo esto, por supuesto, aceleró mi búsqueda laboral. Ahora vivo conectada a páginas de empleos online, hojeo los clasificados cada vez que tengo la oportunidad, me camino el aeropuerto (el siempre cuasi-soñado empleo cerca de casa) de punta a punta repartiendo currículums a dos manos, casi corriendo, como si persiguiera a Tom que está a punto de embarcar en el próximo vuelo de British Airways.
Por ahora, felizmente (nótese el sarcasmo impregnando cada sílaba), no ha salido nada, por lo que sigo ligada a esta empresa, que no sólo me mueve como quiere y me mancilla el cerebro con cosas que jamás voy a comprender, sino que también me paga una miseria. Pero a veces hay que conformarse con eso antes que con nada. Y por eso por más que quiera renunciar con todas mis fuerzas, me obligo a tratar de cumplir, dentro de mis frágiles posibilidades, con la asistencia, como mínimo. Todos los días me levanto entre mi revoltijo de sábanas coloridas y almohadas con letras de Bedshaped y A Bad Dream, retorciéndome en el más mórbido deseo de morir antes de tener que pisar el edificio y subir a mi para nada agradable training.
Y bueno. I don’t wanna go, I don’t wanna stay…

Y, como si eso fuera poco, acá viene el problema número dos: pareja. ¿Qué hacés cuando, después de tres meses de estar con alguien, que está completamente loco por vos, te das cuenta que no lo amás? ¿Qué hacés cuando no te queda más opción que dejar de engañarte a vos misma, porque por mucho que te obligues no vas a lograr enamorarte de él? ¿Qué hacés cuando seguís pensando en la única persona que realmente amaste en tu vida y que es posible que el infierno se congele antes de que se fije en vos?
Pero mi problema actual no se trata de otro tipo. No se trata de que sigo atrás de él. Se trata de la persona que tenés al lado y que no tenés más remedio que lastimar, porque no vas a continuar una relación que sabés con total e inamovible certeza que no va a llegar a ningún lado. Porque ya no se trata de si querés o no a esa persona que fue la única que te erizó la piel y te hizo suspirar en sueños. No se trata de si alguien es mejor que el otro. Se trata de buscar la mejor manera de explicar que hay caminos que nunca se cruzan, y que si se cruzan, son por un atajo inesperado. Y así y todo, sigue siendo un atajo, pero no el destino. El destino sigue siendo otro, aunque a veces camines sin saber exactamente a dónde carajo vas.
La cuestión es que ahora tengo que enfrentarme a mi primera ruptura. Y en cierto modo hubiese preferido que él se hubiese cansado de mí antes de tener que ser yo la que tipee el punto final. Siento que él no lo merece. La culpa me mata cuando me doy cuenta que yo me voy a encargar de dejar otra cicatriz en su corazón. Sin embargo, la vida es así. Se ríe, se llora, se vive, se ama. O no.

So there’s nothing left to say…

Y yo que pensaba que iba a poder ponerme a tararear Clear Skies en paz…


L.