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miércoles, 8 de diciembre de 2010

. De desempleos (no tan indeseados) y bebés .

La vida se desliza en la monotonía habitual de no tener trabajo, pero ésta vez en lugar de enojarme, fastidiarme, ponerme de mal humor y buscar trabajo compulsivamente online… lo estoy disfrutando tanto que no sé si quiero que se termine.
La cosa es así: en los últimos meses, o más bien en el último año, empecé a tomarme más en serio las cosas que de verdad me importan/ me gustan/ me hacen bien. Y una de ellas es, sorpresa sorpresa, escribir. Empecé a ser consciente de que los trabajos que voy teniendo no me importan tanto, porque no son lo que quiero hacer, así sea un buen puesto, donde me paguen bien o que medianamente me guste. Trabajar en el aeropuerto me gustaba. Pero me amargó un ratito nada más el no trabajar más ahí, supongo que porque fue inesperado. Después de eso, me di cuenta que ni siquiera me afectó. Me dio lo mismo.
No es que sea una vaga que se quiere quedar tirada en la cama todo el día, porque tampoco es así. Pero quiero dejar de hacerme problema por cosas que, al fin y al c
abo, realmente espero que sean pasajeras. Porque yo no quiero pagarle la devolución de impuestos a los extranjeros toda mi vida, o atender un teléfono en la recepción de una empresa o, peor, en un call center. No quiero trabajar en un negocio de ropa, ni hacer los receptivos de los cruceros, ni nada de eso. Quiero sentarme en frente de mi computadora y ser lo que sé que soy bien en el fondo de mi alma: una escritora. Hoy será Green Stories o Keane Fics, mañana será un libro de verdad, pero es esto. Esto y nada más.
Sé que es difícil y sé que muchos escritores se mueren de hambre toda su vida o terminan trabajando de otra cosa, por falta de suerte, por falta de talento, por falta de algo. Pero… siento que no me importa. Está bien, ahora no tengo problemas para mantenerme, no tengo a nadie a mi cargo, no tengo verdaderas responsabilidades y quizás por eso no me interesa. Pero no logro sentirme tampoco guiada por la idea de que la plata es la razón para hacer algo. No lo veo así. Hace ya bastante que me di cuenta que la plata no hace la felicidad. Puedo tener los bolsillos llenos laburando en cualquier parte, ¿pero en qué me va a hacer bien eso? ¿Comprarme cosas? ¿De verdad voy a basar mi existencia en una razón meramente material? Sí, me encantaría tener una laptop, pero si tengo que seguir con mi computadora de quince años tampoco me voy a morir. Sí, me encantaría ir a Inglaterra, pero en cuanto a magnitudes de sueños y deseos, ser yo misma, ser feliz y no tomar decisiones sólo basándome en cuánto voy a ganar o cuánto voy a tener le kickea el ass por mucho.

Así que acá estoy, feliz a pesar del desempleo; tranquila a pesar de que sé que en un tiempo las deudas me van a tapar la cabeza si no hago algo. Hoy tuve una entrevista para un puesto que en otro momento me hubiese vuelto loca por tener, pero salí de ahí pensando que más adelante los horarios de ese trabajo se superpondrían con los de la facultad y no podría hacer las dos cosas. Y me di cuenta que no me muero si no me llaman. Al contrario, sinceramente no me va ni me viene.
Si mi viejo leyera esto, me miraría horrorizado.

En cuanto a otras noticias, acá les presento a mi hermoso sobrino, un varoncito que estará naciendo aparentemente los primeros días de mayo, que se chupa el dedo en las ecografías y que está cada día más grande:

Me voy a pasar el resto de ésta noche demasiado calurosa escribiendo. Obviamente. Green Stories estrena en nada y no puedo parar un segundo.

L.-

miércoles, 1 de diciembre de 2010

. Departure .

Probablemente lo que voy a escribir debería llamarse resumen, pero me parece un título poco atractivo. Vayamos con el del tema de Mt. Desolation entonces.

La última vez que posteé algo acá era porque necesitaba compartir la alegría de saber que voy a tener un primero sobrino o sobrina. A pesar de algunas complicaciones al principio del embarazo, mi cuñada está ahora en un perfecto estado de salud, la pancita cada día más grande, y si todo sale bien en la ecografía que va a hacerse mañana ya sabremos el sexo. Estoy ansiosa por saber si tengo que correr a comprar un pantaloncito azul o un vestidito rosa.


En el pasado mes de octubre, como le he mencionado varias veces en éste mismo blog, estaba el tan esperado recital de Green Day, que terminó siendo esa ráfaga de aire fresco que a veces tanta falta me hace. Me hacía muchísima falta y tuve lo que esperaba y muchísimo más.
Al principio me preocupé varias semanas porque parecía que en el trabajo todo se me iba a ir al demonio por tomarme el día para ir al recital, pero al final quedaron en que me lo descontaban y nada más. Así que cuando salí de trabajar el jueves veintiuno de o
ctubre, cumpleaños de Camila, me fui directo a Caballito, a esperar que pasara el tiempo.
El viernes a las seis de la mañana estábamos arriba, entre preparativos y tráfico, llegamos al estadio poco antes de las nueve. Teníamos bastante cola adelante, pero nos sentíamos optimistas. Había sol, no hacía frío, no pintaba que fuera a llover.
¿Qué más podíamos pedir?
Había pasado el mediodía y parte del inicio de la tarde cuando s
e descontroló todo. De repente la fila delante de nosotras desapareció, se armó un nudo gigante de gente, perdimos los lugares, nos apretujamos, corrimos, nos cagamos de calor… y todo se fue a la mierda. Con una de las frustraciones más grandes que sentí en mi vida, salimos del enjambre y nos pusimos a pensar qué mierda íbamos a hacer.
Después de pensarlo un rato, decidimos ir al hotel. Dos de nuestras amigas estaban ahí, Tré había salido la noche anterior y la esperanza de ver a alguno siempre estaba. En un viaje en taxi que resultó interminable, fuimos al Four Seasons.
Ahí todo se puso un poco mejor. Descansamos, tomamos un café del Havanna de enfrente y logramos distendernos de las chicas. Vimos a Jason White dos vece
s (convencida de que lo estaban usando de carnada para que los otros pudieran salir más de incógnito no me quise mover, pero fue un poco en vano), Tré se asomó por la ventana con una Quilmes y Billie Joe saludó desde detrás del vidrio mientras hablaba por teléfono. También pudimos verlos cuando salieron del hotel y se subieron a la camioneta para ir al estadio (aunque yo sólo logré ver a Mike) y nos dimos cuenta que era hora de hacer lo mismo.
Nuestro objetivo era estar en la valla, pero a esa hora (como las ocho de la noche, más o menos) nos parecía imposible. Terminamos en el medio del VIP, que por suerte era un sect
or muy chiquito, pero veíamos bastante bien. y, de todos modos, cuando empezó el recital, nos dejó de importar todo. Camila y Carla se habían quedado perdidas al separarnos para ir al baño, así que pasé todo el show sólo con Paula, agarradas para que no nos apartaran, ni nos pegaran.
Todavía, a poco más de un mes, no tengo forma alguna de describirlo. Fue el
mejor recital al que fui en mi vida, la emoción fue gigantesca porque fueron muchísimos años ansiando que se acordaran de venir. Saltamos, cantamos, gritamos, nos abrazamos y hasta nos miramos con intención de meternos en el pogo. Simplemente increíble. Simplemente un sueño.


Tanto fue así que, dos días más tarde, Paula creaba en facebook un grupo llamado Yo También Quiero que Vuelva Green Stories. Una semana después, había cien personas unidas. ¿Tenía opción? Terminé de escribir “Love is the End” para Keane Fics y me metí de lleno en “Homecoming” una historia de Billie Joe que empezaremos a postear en enero, cuando tengamos la página nueva de Green Stories al fin creada del todo. Hoy, la última vez que chequeé el grupo, había ciento ochenta y un personas. Creo que ni siquiera en las buenas viejas épocas de GS logramos algo así.
El Staff, como nos gusta llamarnos, se puso a trabajar con todo y tenemos tantos planes que no puedo evitar sentirme entusiasmadísima con esto, hacer que de pronto mi vida entera gire en torno a esto.

Lo que me recuerda… también en octubre, antes del recital, me inscribí a la facultad. Durante meses estuve dando vueltas la idea de anotarme en Turismo, por la salida laboral… pero no. Decidí que lo mejor que puedo hacer es probar suerte en lo que me gusta. Si no lo intento, nunca me lo voy a perdonar. No voy a saber qué hubiese pasado. Y así, fui con Emanuel hasta la sede de Puán de la UBA y me anoté en Letras, prometiéndome a mí misma que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ser lo que quiero ser: escritora. Y si no lo logro, al menos sé que no fue porque no le puse ganas.

Después de todos éstos acontecimientos no pasó nada demasiado emocionante, al menos no algo que no esté relacionado con esos ítems en particular.
Hasta éste domingo que pasó.
Estaba en el trabajo, esperando que me fueran a reemplazar para poder ir al baño y cambiarme: me iba a tomar el 8 hasta Caballito para ir a ver la última película de Harry Potter con las chicas. Veo venir a mi supervisora, guardo mis cosas y espero que entre. Le digo que me voy a cambiar mientras cuenta la caja y ella me dice que tiene que hablar conmigo.
Y en menos de dos segundos me había quedado sin trabajo otra vez.
No termino de entender bien del todo qué fue lo que pasó: si me rescindieron el contrato porque ya pasaron tres meses, o porque me mandé alguna cagada, o por qué otra razón.
Así que me cambié, agarré mis cosas, dije au revoir y me fui a tomar el colectivo. Durante un rato estuve bastante enojada, más que nada supongo que porque fue de golpe, no me dieron explicaciones y yo creía que podía estar tranquila por lo menos hasta enero.
Pero se me pasó. Lo analicé. Lo pensé. Me di cuenta que ni siquiera me molesta. Era sabido de antemano que había un cronómetro en todo esto. Ya lo tenía asimilado. Y no es como si hubiera perdido un contrato con una editorial. Es simplemente otro de los tantos trabajos pasajeros que tuve/tendré hasta poder hacer lo que realmente quiero hacer (y créanme cuando digo que lo voy a hacer).
Así que hoy fue mi primer día de regreso al desempleo. Eso explica por qué volví al blog (sinceramente, entre el trabajo, Green Stories, Keane Fics, la lectura y demás, no tenía tiempo para esto y lo fui dejando de lado). De manera que ahora es posible que vaya contando las peripecias varias de lo que se viene. Aunque advierto que me lo estoy tomando con calma y puede terminar siendo aburrido.

L.-

lunes, 23 de agosto de 2010

. De aeropuertos y ladridos .

No hay nada como ir a trabajar y que te reciban un montón de aviones hermosamente alineados, listos para volar. Creo que ésa es una de las cosas que siempre me gustaron de trabajar en el aeropuerto: que sentís que estás en un lugar en el que no hay fronteras. Es como si no estuviera en Argentina. Estoy en la parte del mundo a la que pertenece la persona con la cual voy interactuando a lo largo del día.
Cuando me voy, me pregunto cuándo será mi turno de volver a entrar al
aeropuerto, pero no para trabajar, si no para poder volar yo también.
El sábado llegué cinco minutos antes. No estaba nerviosa. Estaba donde quería estar. Las dos chicas del stand son sumamente agradables y pegamos onda enseguida. El trabajo es bastante simple: se trata de retribuir los impuestos por la compra de productos nacionales a turistas extranjeros. Sólo eso. Requiere muchísima atención para no cometer errores, pero fuera de eso es bastante relajado.
Éstos dos últimos días estuve llegando media hora antes (tengo muy mal cálculo de los horarios de los colectivos) y hoy necesité de toda mi fuerza de voluntad para vestirme y salir camino al aeropuerto. No porque no me guste el laburo, porque hasta ahora tengo que decir que me encanta. Simplemente tengo una gripe demasiado insoportable para poder ser feliz.
Pero fuera de lo mucho que me dolía la garganta y lo frustrante que me resultaba repetirles TODO a los brasileros que exigían que levantara la voz mientras mis ganglios se hinchaban en concordancia, admito que lo disfruto. Me gusta. No hay nada como hablar con alguien de otro país. Abrir un pasaporte, tener un boarding pass en la mano. El tránsito de valijas, la variedad de acentos. La Coca-Cola de diez pesos, los chocolates importados que jamás compré. Gente que recibe amigos. Gente que despide familiares. Aviones que despegan.
Otra cosa que me hace excepcionalmente feliz de éste trabajo es el horario. Tengo tiempo para todo. Ésta mañana, por ejemplo, tuve todo el tiempo del mundo de levantarme, lamentarme por mi gripe, terminar de leer un libro (ver crítica del libro aquí), darme una ducha, terminar de escribir un capítulo para KeaneFics, almorzar con mamá, jugar una partida de solitario, jugar con Alaska, besar a Frodo, cambiarme y salir.
Y ayer domingo, además, tuve tiempo de pasar la mañana en el Refugio San Nicolás, donde hice mi primer día como voluntaria. Tengo que decir que por ser el primer día no hice la gran cosa. Mi gran tarea fue impartir mimos a cuanto perrito se me acercara y dejar que me fueran conociendo. Hay perritos de tres patitas. Hay algunos que están parcialmente ciegos o parcialmente paralíticos. Hay otros que tuvieron accidentes horribles y se recuperaron. Hay algunos que salieron de zoonosis de Lomas de Zamora en un estado deplorable y ahora están terriblemente felices. Y todos, todos ellos buscan un hogar.

Acá hay algunos de los tantos perritos de los cuales ayer me enamoré:

Negrita, una viejita llena de canas súper pancha que le encanta que le rasquen la cabecita.

Rabonita, una saltarina de aquellas. Algunos hijos de puta la tajearon con algo filoso y tiene uno de sus lados lleno de cicatrices.

Trapito, le encanta sentarse a mirar la nada y es HERMOSO.

Trompita tuvo moquillo y quedó con problemas en sus patas, camina bastante chueco, pero es muy alegre, juguetona y cariñosa.

A Manitos no lo pude conocer de cerca, pero es hermoso. Es muy desconfiado de la gente porque tuvo una vida difícil y tiende a morderle las manos a los que considera una amenaza. De ahí el nombre.

El Impecable es un perro precioso, que ahora está súper sano. ¡Tengo que averiguar bien de dónde proviene ese nombre tan particular!

Y ésta es Maite, la gorda hermosa de la que me colgué casi toda la mañana. Es amorosísima y muy mimosa. Amor a primera vista.

Estando ahí en el refugio, uno ve en primer plano la vida difícil de muchísimos animales. Es ahí cuando realmente te golpea el hecho de que hay muchos buenos perros o gatos buscando un hogar donde le puedan dar amor. Por eso es tan importante adoptar mascotas en lugar de comprarlas. Hay muchos esperando una segunda oportunidad, pero no hay gente suficiente con las ganas de otorgarla.

¡Si fuera por mí me los traigo a todos!

L.-

viernes, 21 de mayo de 2010

. Post despelotado .

¡Dios, como extraño mi blog!
Como odio mi computadora y su conexión pedorra que no me deja hacer lo que quiero y usar las páginas que me resultan indispensables.

Pero fuera de este descargo racional (sí, racional), es entes momento estoy fantásticamente bien. No se debe a que conseguí trabajo (de hecho, por ese lado, viene todo BASTANTE fallido). No se debe a que me gané el telekino (cosa que me hace acordar que mi mamá me pidió que comprara uno y no lo hice). Tampoco llegó esa propuesta matrimonial de Tim Rice-Oxley que vengo esperando largamente (¿pueden creer que ni una puta carta me responde?). Lo que me hace feliz es que tengo, justo en mis manos el nuevo EP de Keane, Night Train, después de taaanto exigírselo a la maldita discográfica que cada vez nos da menos pelota.


Lo estoy escuchando a un volumen aceptable, sentada en la compu de Paula en su habitación de su departamento en Caballito, con Camila sentada al lado mío, después de una linda caminata por Avenida Rivadavia en busca no sólo del disco sino de un par de cosas más (alimentos varios para mi traspaso de semi-vegetariana a vegetariana casi completa) y un pequeño stop para almorzar con Cami. Uno de esos maravillosos rituales de día de semana que tanto nos gustan.

Breve lapso de no-inspiración mientras suena la canción Ishin Denshin que grabaron con Tigarah y para la cual no encuentro explicación alguna.

Y ahora con Your Love renacen las ganas. Lo cual me recuerda que en estas últimas semanas en que estuve desconectada de mi blog, lo único que hice fue darle vueltas y vueltas a historias que quiero escribir para mi recién estrenado Keane Fics. Claro que no fue tarea fácil, teniendo en cuenta que no hago otra cosa que lamentarme por mi mala suerte, por lo mucho que necesito encontrar trabajo y la más que triste cantidad de horas que termino sentada frente a la televisión sólo para no mirar más el techo y darle cuerda a mis pensamientos poco favorables.

Otra de las tantas noticias felices que recibí en estos días es que en Octubre viene Green Day. Por supuesto, esto inició un pequeño lapso de depresión de ¿¡CÓMO SE SUPONE QUE VOY A PAGAR LA ENTRADA!?, que terminé limando escuchando bien fuerte sus discos más gritones. Eso sí que descarga tensiones.

Y anoche fui al recital de Yann Tiersen (otra deuda) en Samsung Studio. Tengo que decir que estuvo muy bueno, pero no superó mis expectativas. Como siempre la gente que se para adelante de uno termina siendo más alta. Así que no pude ver perfecto, pero sí escuché perfecto (aunque la acústica no era nada del otro mundo) algunos temas, a pesar de que los que yo realmente tenía ganas de escuchar faltaron en su mayoría.



Tengo la sensación de que le estoy perdiendo el hilo a este blog. Necesito retormarlo cuando antes. Pero tener a Tom y a K'naan cantándome Looking Back en éste momento no me ayuda demasiado.
Simplemente no quería dejar demasiados espacios en blanco en este, mi humilde diario online. Para espacios en blanco ya tengo mi vida cotidiana, que sin importar cuántos discos increíbles tenga en el camino, se sigue cayendo a pedazos.



L.-

jueves, 15 de abril de 2010

. Y Tim Rice-Oxley me arrastra a su antojo .

Ésta mañana cuando me levanté sentía (además de una pelota en el estómago por toda la chatarra que estoy ingiriendo últimamente) la misma motivación que me dejó ayer la tarde de escritura. Por lo tanto, después de tomarme un té con la esperanza de que eso me aliviara un poco el malestar, me senté en la cama rodeada de todos los cuadernitos que normalmente utilizo para anotar las ideas para futuras/presentes historias y me puse a revolverlos en busca de mi próxima actividad literaria.
Tras varios minutos de ir y venir entre distintos fics (uno lacrimógeno de Tom, uno más electrizante de Tim, uno que estaba completamente indefinido, etc.) me dije a mí misma que quizás era hora de centrar mi cabeza en escribir algo non-fic related. Nunca antes me animé a hacerlo, porque muchas veces las ideas que me surgen vienen attacheadas de una con: a) un tipo que toca el piano y tiene el pecho peludo; b) un tipo en sus treintas, con mejillas rosadas y actitud infantil; c) un tipo con mucha barba, algo escuálido y muchas ideas políticas. Sin embargo, ésta vez (la primera vez), me dije que no puede ser tan difícil. Un personaje es un personaje, ¿o no? Que tenga ojos azules y sepa tocar la batería no quiere decir que sí o sí tenga que ser Richard Hughes.
Así que me puse a pensar, incansable, mil conceptos distintos para lo que alguna vez podría llegar a ser un prospecto de un libro de verdad. Desenterré ideas que habían quedado de la época de Green Stories, traté de ver si las que no hice para Keane Fics podían adaptarse, rebusqué en el fondo de mi mente a ver si había una leve lucecita que me marcara el camino... y encontré algunas cosas. Cosas que no me convencieron demasiado, pero cosas al fin.

Hace un par de horas, chateando por MSN con mi mejor amigo, Emanuel, me dice que había previews de algunos temas nuevos de The Night Train (aquellos no muy duchos en cuestiones de Keane: el EP que la banda lanza en el próximo mes de mayo), incluída la canción Your Love, que lleva al frente la voz de Rice-Oxley. Con la desesperación digna de una freak como yo, le rogué que me pasara los temas. Lo soborné, le prometí tortas de chocolate y le puse caritas llorosas para que se conmoviera. Todo innecesariamente, porque Ema es lo más dulce del mundo y no hace falta que te pongas de rodillas: si puede hacer algo para que seas feliz, lo hace.
De modo que mi maravilloso amigo me manda por mail un archivo titulado "back in time and your love", que me apuro en descargar en mi Blackberry. Desesperadísima, espero hasta que la descarga llega al cien por ciento y pongo play.
Eran sólo treinta segundos de cada una. Back in Time me pareció bastante agradable, pero seguía siendo la voz de Tom, así que mi ansiedad estaba enfocada hacia otro lado y no llegué a dedicarle la atención que merecía (prometo hacerlo en un rato). Después de los treinta segundos más eternos de mi vida... lo escuché. Es su voz. La voz que me despierta todas las mañanas, la que causa lágrimas inexplicables apenas abre la boca.
Absolutamente emocionada, balbuceo un par de cosas inteligibles por MSN y salgo corriendo a hacer que mi mamá (que siempre tiene que sufrir mi locura por Keane) escuche esa cosa hermosa.

Y mientras la repetía, una y otra vez, esos últimos treinta segundos, esos únicos treinta segundos... lo supe. Se viene otro fic. Me lo arranca aunque no quiera. No me da otra opción. Me suplica una muestra más de amor, me pide que lo plasme en una hoja virtual, como tantas otras veces. Me convence. Con esa voz dulce que me resulta irresistible (aunque a otros les resulte "inoible" xD). Me atrapa. Otra vez. Como siempre. Sin remedio. Sin escapatoria. Sin deseos de escapar.
Y le digo que sí. Porque soy débil, porque quiero, porque me puede, porque soy suya. Así que mi nueva misión se trata de encontrar una idea a la altura de ese hombre.
Va a ser difícil, pero por él, lo imposible.

L.

PS: Lo genial es que, cada vez que uno de estos asuntos taaan míos me regalan esta alegría extrema, Adrián me viene con tragedias, en forma de e-mail. La última: está tan mal, tan deprimido, tan perdido, que tiene que tomar ansiolíticos. ¡Quién me manda a mí!

miércoles, 14 de abril de 2010

. Volviendo a la normalidad .

Hoy fui feliz.
No porque haya pasado algo extraordinario, o algo inesperado, o algo que afecte mi vida o la de alguien que quiero de alguna manera. No me visitó nadie, no me llamó nadie, ni me gané un viaje a UK. Tim Rice-Oxley no me respondió ninguna de las cartas que le envío hace casi tres años. No le pegué al Loto, ni me reencontré con alguien que hace mucho que no veo.
Solamente me reencontré conmigo misma.
Esta tarde, en medio de lluvias intermitentes, tazas humeantes de té y varias capas de abrigo gracias a que al fin el verano ha decidido abandonarnos, volví a escribir. Casi con facilidad. No hice más que poner los dedos sobre el teclado y todo lo que vengo acumulando hace MESES, empezó a fluir. Pasaron horas, horas enteras sin más compañía que la de mi monitor viejo y las ideas que salían solas, sin esfuerzo alguno, sin molestia alguna. El capítulo que tenía planeado hace muchísimo tiempo (el capítulo final, by the way) al fin logró dejar de ser un mero bosquejo mental para convertirse en palabras, frases, oraciones y párrafos plasmados en hojas y más hojas de word. De una vez por todas pude poner la palabra FIN en el fondo del documento y sentirme satisfecha porque no tengo eso pendiente.
Escribir es como el oxígeno: si me falta el aire sé que puedo aguantar la respiración un rato, pero tarde o temprano me voy a empezar a asfixiar y voy a tener que buscar más. En éste caso, pueden pasar días o semanas sin que suelte una sola página, pero en algún momento me va a empezar a abrumar la necesidad de soltarlo.
¡Me hacía tanta falta! Al no terminar ese capítulo era como que una parte mía estaba incompleta. Todavía me acuerdo cuando me sentaba a escribir un poco todos los días (con un poco me refiero a vaaarias horas, no menos de tres horas diarias, mayormente en la época de Green Stories, cuando dejé de ir al colegio, cosa que ahora no nos compete en lo absoluto en el tema que estamos tratando) y ¡eso se me hacía tan ideal! Creo que si pudiese realmente escribir algo cada día, no me frustraría tanto como suelo hacerlo.
Así que basta de tanta cháchara y, en especial, espero poder decirle basta a tanto bloqueo (otro tema quizás a tratar otro día, ¡el muy hijo de puta se merece un post largo y cargado de odio!). Orgullosamente, hoy terminé Leaving So Soon y no puedo dejar de sonreír. Todos invitados a pegarle una miradita y dar sus opiniones en Keane Fics.


L.

PS: Estaba acordándome de algo que dijo Tim en Strangers en cierta ocasión y con lo que, en éste momento, me siento bastante identificada: "If I were happy and contented and normal, the I wouldn't be ale to work". ¿Será que para poder escribir (aunque sea un humilde fic) nunca voy a poder sentirme conforme con una vida normal y feliz? Tendremos que averiguarlo en próximos capítulos de Between Live Blogs and Life Doubts.